«El proyecto de las tecnocasas destrozó el
barrio de Lagunillas y nunca se realizó»

Si un barrio está dando que hablar en los últimos tiempos es Lagunillas. En los bordes de la almendra histórica, Lagunillas ha sufrido una brutal degradación debido a la incompetencia de las Administraciones, algo de lo que dan prueba sus numerosos solares. Sin embargo, desde hace unos años el barrio se está revitalizando a marchas forzadas gracias a su vecindario, que ha recibido la aportación de nuevas y nuevos inquilinos cargados con iniciativas y creatividad, hasta el punto de que ya se habla del #RealSoho. No obstante, su ubicación estratégica lo coloca al filo de la amenaza especulativa. ¿Qué está pasando en Lagunillas? ¿Resistirá al empuje gentrificador? Hablamos de ello con dos vecinos muy activos del barrio, Raúl y Ventura, que forman parte de la asociación Lagunillas Porvenir, creada el año pasado.

Gente Corriente: Lagunillas es un barrio del centro de la ciudad, justo a las espaldas del Teatro Cervantes y a unos pocos metros de la plaza de La Merced, ¿podéis contarnos algo de su historia?

Raúl: Lagunillas es un barrio histórico de finales del XIX, un enclave muy interesante porque estamos en la periferia de la ciudad, fuera de las murallas, y las zonas que lo rodean son muy antiguas. Por ejemplo, calle Negros se remonta al siglo XVI, y en ella el obispo liberaba a los esclavos que había comprado previamente en el puerto. Poco después llega a la Cruz Verde (que como el Altozano, es anterior a Lagunillas) una comunidad zingara que se mezcló con la población de origen africano. Su nombre deriva de que allí hubo una Casa de la Inquisición que ponía cruces verdes en las puertas de los herejes.

 

El barrio de Lagunillas en sí es un pequeño triángulo que se encuentra entre la calle Frailes, el Jardín de los Monos, la calle Victoria por un lado y Cruz Verde por el otro. Debe su nombre a unas pequeñas lagunas formadas por la filtración de las que entonces había en El Ejido. El agua siempre ha sido muy importante en Lagunillas de hecho, en torno a 1820 existió una fuente que traía el agua del acueducto de San Telmo y proporcionaba trabajo a los aguadores que rellenaban allí sus vasijas para repartirlas por las casas. Esa fuente con el tiempo se sustituyó por otra, de la que no hay rastro, lamentablemente. Cuando finalmente se construye, la calle Lagunillas se convierte en la zona comercial y de mercado de todo el entorno.

En el siglo XX tiene dos momentos álgidos, uno antes de la Guerra Civil y otro entre los años cincuenta y setenta. En Lagunillas se daban todas las tipología del comercio tradicional que vendía en la calle, como cenacheros, lateros, traperos, aguadores, aceiteros. Era una calle que además tenía un mercado situado en lo que hoy día es la Federación de Sordos. Llegó a haber hasta 17 comercios de comestibles. Después de la guerra muchos comercios se dedicaron al estraperlo, al tiempo que abundaban las carbonerías.

GC: En toda esta larga historia hay dos grandes puntos de inflexión. El primero de ellos es la etapa de abandono y despoblamiento masivo, con la excusa de las tecnocasas como hito. ¿Podéis contarnos qué ocurrió exactamente?

Raúl: El punto de arranque de este proceso de despoblamiento está conectado con el plan que se desarrolla en la Cruz Verde. Allí había unos asentamientos de población gitana totalmente arraigada. Eran casitas bajas, una zona muy agradable y placentera para pasear. Había una taberna que se llamaba Las Tarantas. Cuentan que cuando Lola Flores venía a actuar al Teatro Cervantes luego se perdía por la zona.

Ventura: Era una zona en la que había varias de las bodegas más importantes de Málaga, que funcionaban como locales de reunión y sociabilidad de la comunidad. Sin embargo, con el nuevo plan la zona cambió completamente. En lo que es Altozano y Cruz Verde todas las casas fueron derruidas y en su lugar construyeron grandes bloques de Viviendas de Protección Oficial, en lo que fue la típica política de la época de generar guetos con población desarraigada, en situación de exclusión social, y sin planificación ni recursos institucionales para la construcción de comunidad. Trajeron una nueva y numerosa población procedente de zonas de exclusión, toda hacinada en grandes bloques, la mayoría de etnia gitana pero, a diferencia de la población anterior, sin arraigo en la zona.

Con ello el contexto social de Lagunillas cambió. Un barrio donde todo el mundo se conocía, donde la gente dejaba la puerta de su casa abierta como en un pequeño pueblo. Con la llegada de la nueva población empezaron a surgir problemas de convivencia, que trastocaban el cotidiano del barrio, la confianza, la libertad, la vecindad. Empezó a irse población del barrio y a cerrar negocios.

Y claro, llegó también, algo que lo daba la época y el contexto, la heroína, la venta y consumo que generó inseguridad. Empieza el declive del barrio y las autoridades no hacen nada para evitarlo, más bien al contrario.

Raúl: Este contexto sirvió para que las administraciones empezaran a decir que el barrio estaba en decadencia, con casas con poco valor patrimonial, según ellas, de mala calidad y en deterioro. Y así entramos en el «gran proyecto» del siglo XXI: las Tecnocasas.

Fue presentado como un proyecto estrella del arquitecto Salvador Moreno Peralta. Consistía en que en zonas de solares y casas expropiadas se construyeran nuevas edificaciones pensadas para gente joven que pudiese tener su lugar de trabajo y vivienda, de manera que se introducía población joven y se revitalizaba el barrio.

¿Qué ocurrió? pues que empezó la batalla de las Administraciones, que no se ponían de acuerdo, el tiempo pasaba, el Ayuntamiento expropiaba y la Junta se encargaba de la construcción de tecnocasas. Y efectivamente se expropiaron y demolieron, con la correspondiente expulsión de la población. Pero el proyecto, las casas, nunca se llegó a realizar. Tenemos casos, como por ejemplo la calle Agustín Moreto, que prácticamente desapareció entera.

Paralelamente se aprovechó para cambiar la trama urbana surgiendo nuevas calles como la prolongación de Coto Doñana que rompió la manzana de Vital Aza en dos, actuaciones innecesarias desde el punto de vista de la vecindad. La idea era que de ese modo se saneaban los barrios. Hoy día, sin embargo, está visto como un error urbanístico alterar la trama urbana irregular sin alineaciones, y de alguna manera bella en sí misma gracias a la espontaneidad con que fue construida y creada: la magia de la arquitectura del XIX.

Este proyecto nunca realizado terminó de destrozar el barrio. Aún hoy día quedan expropiaciones pendientes de pago.

Ventura: Provocó un barrio muerto, vacío, la gente no pasaba por este triángulo, no había nada bueno, mucha basura, mucho escombro, muchos solares, un barrio abandonado…

GC: Pero de repente, y es el segundo punto de inflexión, «Lagunillas mola». ¿Qué ha pasado para que se dé este cambio?

Ventura: En este proceso ha sido clave la figura de Miguel Chamorro, un artista madrileño que vive aquí en el barrio y que viendo la situación quería hacer algo. Para ello creó la Asociación Fantasías Lagunillas, que trabajaba con los niños y niñas del barrio a través del arte, impartían talleres, empezaron a pintar murales. Con el tiempo y la dinámica, otros artistas y colectivos se fueron afincando, era un barrio muy barato para vivir. Y así se fue generando el movimiento actual.

Raúl: En paralelo se produce una recuperación del centro, de la llamada almendra histórica, se trabaja para potenciarlo turísticamente, sobre todo abriendo museos. Y ahí aparece Lagunillas, un barrio en su día periférico, un barrio aledaño, pero que hoy se ubica en la centralidad, con lugares como la Fundación Picasso a escasos 50 metros. Un barrio céntrico, degradado, barato, y con muros en los que poder pintar, suponía un atractivo para la comunidad artística.

GC: ¿Es oro todo lo que reluce en Lagunillas?

Ventura: El barrio ha cambiado mucho. Al atraer a gente, al haber más vida en el barrio, hace que problemas como el abandono o la droga se hayan desplazado algo. Ha venido gente con iniciativa, gente artesana con talleres de imaginería o bordado, centros culturales, talleres creativos, todo ello a su vez atrae un «público» al barrio. El peligro es convertirse en un parque de ocio, como está pasando con muchas partes del centro de la ciudad.

GC: ¿Cómo están cambiando las condiciones de habitabilidad en Lagunillas en estos últimos años?

Raúl: Se está echado a vecinos y vecinas de toda la vida. Ya no estamos hablando de expropiaciones como antaño, ahora no se renuevan los contratos de alquiler. Es el caso por ejemplo del único bar de siempre que queda en calle Lagunillas, el Columbia, que está en proceso de desahucio después de 35 años en el barrio. Apenas a unos años de que se jubile su propietario, intentan echarle para vender ese inmueble, derribarlo y construir seguramente apartamentos turísticos, que es el negocio del momento.

También, al ser un barrio pequeño, la mayoría de las casas ya están vendidas o son propiedad de banco o inversores con ánimo especulativo. Creo que nuestro verdadero enemigo es el apartamento turístico y diría que incluso una hostelería que no esté regulada.

GC: Es recurrente hablar de Lagunillas como del #RealSoho. ¿Qué valoración os merece?, ¿es una valoración compartida en el barrio?

Raúl: Un barrio de creadores no se puede diseñar desde arriba, como ocurrió con el Ensanche (El Soho): es algo que surge espontáneamente, y eso es lo que ha ocurrido en Lagunillas. En realidad tenemos muchas bazas para convertir el barrio en un lugar donde puedan trabajar personas artistas y artesanas, pero lo ideal sería que no tengamos ninguna etiqueta o marca, que no tengamos logotipo, que podamos de alguna manera autogestionarnos las personas creativas, junto la vecindad, que creemos un barrio vivo y dinámico, creativo y artístico, pero fuera de lo que se entiende como «barrio de las artes».

Teniendo una Facultad de Bellas Artes aquí cerca, teniendo la Escuela de Arte de San Telmo, teniendo una serie de viviendas con bajos que se van a construir, se podría organizar un modelo de barrio que tenga conexión con el mundo del arte pero de una manera natural.

GC: Hay prevista una inversión en el barrio de dinero procedente de Europa, ¿qué sabéis de este plan?

Raúl: El proyecto tiene varias fases, en la primera han ido recogiendo a través de una agencia información de agentes del barrio. Lo que parece claro es que este año comienzan con el entorno de calle Carreterías, y al año que viene le tocaría a Lagunillas. El proyecto tiene una fecha límite marcada por Europa para su ejecución, que hay que cumplir, o el dinero se retira. Por otro lado Europa exige que en estos procesos se escuche la voz de la vecindad y asociaciones, y es ahí donde queremos aportar nuestras ideas, que esperamos sean tenidas en cuenta.

Por un lado lo vivimos como una gran amenaza porque tenemos miedo de que el barrio se convierta en lo mismo que es el centro histórico, y por eso nos estamos organizando. Por otro lado es un espacio de oportunidad para este barrio que ha sufrido tantísimo en los últimos años, y creo que ha llegado la hora de que se hagan las cosas bien aprendiendo de los errores del pasado.

GC: ¿Qué Lagunillas le gustaría al vecindario?

Ventura: Un barrio vivo donde toda la vecindad, asociaciones, comercios, todos, tengamos nuestra voz, estemos representados, un barrio donde se respete la arquitectura, la poca que queda, un barrio que no dé la impresión de abandono. Un barrio donde las administraciones se impliquen, con servicios como en cualquier otro barrio, con recursos institucionales.

Raúl: De entrada es un barrio que necesita más gente, y en eso coinciden vecindad y comerciantes. Necesita ser repoblado, aunque no queremos que se llenen todos los espacios, queremos que se conserven plazas y espacios comunes. Que las edificaciones que se creen, se integren y no sean grandes macrobloques.

GC: ¿Se están dando pasos para ello?

Raúl: En noviembre de 2016 formamos una asociación, Lagunillas Porvenir. Queremos ser una asociación que recupere el pasado pero que mire hacia el futuro. Para ello sería muy importante que consigamos que todas las comunidades nuevas que llegan tengan conciencia de lo que ha sido el barrio, de las problemáticas, de lo que es ahora y de lo que queremos. Que los procesos de repoblación del barrio se vayan haciendo paulatinamente, para que se adapten al modo de vivir de Lagunillas, y no se borre y se suplante.

Tenemos la asociación y una Plataforma fuerte de gente comprometida que se va consolidando.

Hay mucha gente escéptica porque son muchísimos años de abandono, pero creo que lo que va a venir va a ser mejor que lo que hay. Creo que se van a originar muchas conexiones y amistades porque existe una tierra de cultivo y un contexto ambiental, un espacio particular, un ambiente, y creo que ha llegado el momento de Lagunillas.