Del esplendor a la ruina

1929. José Pérez Murillas. Fondo Murillas, Archivo CTI-UMA

Los Baños del Carmen son sin duda uno de esos lugares emblemáticos de Málaga, un punto tan singular de nuestro litoral urbano que cuesta mucho entender cómo han sobrevivido al furor destructivo del gobierno local del PP. Los Balnearios de los Baños del Carmen, en el distrito Este, fueron inaugurados oficialmente en verano de 1918, herederos de los gustos por el Romanticismo que, desde la industrialización de Málaga en el siglo anterior, prevalecían entre la burguesía, y de los que quizás es el Jardín de La Concepción el máximo exponente.
Los Baños, que llegaron a contar con un embarcadero y pantalla para la proyección de películas, fueron pioneros en eliminar la separación de zonas de baño para hombres y mujeres, entre las que incluso se alzaban unas esteras opacas. Igualmente, según las costumbres burguesas de la época, contó con campo de fútbol, pista de tenis (la reina Victoria llegó a asistir a algún campeonato celebrado en los Baños), 2.000 m² de pista de baile, etc. Como decía la publicidad de la época: «Parque Balneario Nuestra Señora del Carmen SA. Abierto todo el año. Conciertos. Varietès. Pistas de Baile. Concursos. Regatas, verbenas, campo de tenis. Gran Restaurante».
Su decadencia, o su adaptación a los nuevos tiempos, era evidente ya en los años setenta, época de la que muchas y muchos malagueños recuerdan el camping que se extendía sobre el eucaliptal que aún sobrevive, y que cerró a mediados de los noventa, una década después de que las nuevas legislaciones sobre Costas entraran en vigor. Esa era la legislación, de hecho, que provocó que a partir de los ochenta el restaurante y la playa privada fueran por fin de libre acceso. Desde entonces, todas las malagueñas podemos disfrutar de los mejores atardeceres de la ciudad, bien es cierto que la dejadez de las distintas administraciones hacen que el enclave esté lleno de escombros, suciedad o tramos descubiertos de tubería, por no hablar de muros a punto del desmoronamiento.
En 1995, cuando se clausuró el camping, dos constructoras adquirieron la sociedad concesionaria. Aunque cueste creerlo, no realizaron ninguna tarea de mantenimiento, ni siquiera por motivos de seguridad. Incluso, no hace tanto la limpieza y el tapiado de las dependencias, tras el desalojo de un campamento espontáneo de unos años antes, corrió por cuenta del Ayuntamiento, que también se encargó, por esperpéntico que resulte, de instalar la chapa metálica de la caseta de las taquillas, que cuentan con protección especial.

«el rescate no se inició hasta septiembre de 2016, pero el último día de ese mes se vendieron las acciones a un grupo de cuatros socios liderados por los ex concejales Damián Caneda y José Luis Ramos»

Conviene recordar que en el año 2010 Costas declaró de utilidad pública el rescate de la concesión de los Baños del Carmen, y en 2014 lo ratificaba la Audiencia Nacional mediante sentencia firme. Pese a ello, el rescate no se inició hasta septiembre de 2016, pero el último día de ese mes se vendieron las acciones a un grupo de cuatros socios liderados por los ex concejales Damián Caneda y José Luis Ramos. El rescate entonces pasó un segundo plano, pues de golpe esta operación abrió una nueva batalla judicial para determinar si, al no haberse comunicado a la Junta la venta de estas acciones, se tenían motivos para la extinción de la concesión. Seguramente esta batalla no se haya resuelto todavía cuando en 2018
finalice la concesión.

Pagar favores

1920. Terraza y quioscco de música en los Baños del Carmen. Colección particular. Tarjeta postal

Ya sabemos que cuando las administraciones abandonan el interés general se debe a que existen beneficiarios particulares a los que priorizar. Para que esa relación se produzca, nada mejor que la incompetencia, claro, pero hay otro elemento que exige un poco más de intención política: la opacidad. Quizás, en este caso concreto, lo entendamos mejor si hacemos un poco de memoria.
En 2003 José Luis Ramos, bien conocido hoy por sus cargos en la asociaciones locales de hosteleros, abandonó su puesto como concejal de Empleo. Se había descubierto que tres de las siete personas contratadas en una oferta de plazas para el Instituto Municipal de Empleo eran parientes (su propia cuñada) o tenían una relación directa con dirigentes del PP, como la novia de Juan Manuel Moreno Bonilla (que por entonces era miembro de la dirección nacional, antes de convertirse en presidente de la andaluza). Por su parte, cuando en 2011 Damián Caneda tomó posesión de su acta como concejal de Cultura, Turismo y Deportes declaró un patrimonio de más de tres millones de euros (lo que le convertía en el concejal más rico de Andalucía), gracias a un entramado societario en torno a la empresa matriz Inversiones Empresariales Malagueñas, lo que seguramente le tendría que haber invalidado para su cargo. Tres años después se produjo su sorprendente dimisión. No era el único miembro de ese gobierno que no repetiría en la siguiente legislatura.
Tampoco iba a estar Miguel Briones, el actual subdelegado del gobierno. Briones fue delegado no electo de Cultura, Educación y Fiestas entre 2007 y 2011 y de Educación y del distrito Teatinos-Universidad entre 2011 y 2013, cargos que tuvo que abandonar tras una sentencia del Tribunal Constitucional que reafirmaba que solo los concejales elegidos en las urnas podían formar parte de las juntas de gobierno. El premio por los servicios prestados, no obstante, fue notable. Como hemos dicho, desde septiembre de 2015 ocupa el cargo de subdelegado del gobierno, en el que relevó a Jorge Hernández Mollar, quien en el momento de su jubilación no dudó en declarar que uno de sus mayores quebraderos de cabeza venía, precisamente, de la situación de los Baños del Carmen. No olvidemos que Costas, como dominio público, es una competencia estatal. Un año después Caneda y Ramos ya contaban con esa concesión in extremis.
Por si fuera poco, ambos habían dimitido o abandonado sus cargos en el gobierno local en un momento caliente que les concernía muy directamente: el fiasco de Art Natura. Hacia 2014, como ha quedado demostrado en la Comisión de Investigación que durante un año se ha celebrado en el Ayuntamiento, todo el mundo sabía que estábamos ante el mayor fiasco de los gobiernos del PP en Málaga: la rehabilitación de la antigua Tabacalera para construir un complejo museístico de ciencias de la vida (finalmente reducido a un proyecto de Museo de las Gemas) era un despropósito urdido desde Génova por Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado con Aznar. Amaños de todo tipo llevaron a inflar la factura para la ciudad hasta unos 40 millones de euros, en buena medida por obcecación del alcalde, y finalmente tuvimos un museo que permaneció abierto durante dos horas. Otro de los implicados, Javier Fernández, mano derecha entonces del alcalde, también abandonó el barco, e igualmente obtuvo un premio goloso: director de Museo Carmen Thyssen.

«Un informe del Servicio de Conservación municipal de 2016 aseguraba que la instalación y su entorno «no reúnen las condiciones de habitabilidad, salubridad […] exigidas y exigibles por normativa». La situación actual de los Baños del Carmen es de ruina y urge rehabilitarlos cuanto antes»

Así, si Briones miraba para otro lado y acababa en Subdelegación del Gobierno, si Fernández hacía lo propio y comandaba el Thyssen, Caneda, por su parte, obtenía la concesión irregular de los Baños del Carmen, ahora que su antiguo correligionario era pieza clave para ello.
Mientras tanto continúa el abandono del parque, el vallado de zonas, las obras ilegales, las actividades no autorizadas, el deterioro del patrimonio histórico y la degradación del conjunto paisajístico y edificatorio. Un informe del Servicio de Conservación municipal de 2016 aseguraba que la instalación y su entorno «no reúnen las condiciones de habitabilidad, salubridad […] exigidas y exigibles por normativa». La situación actual de los Baños del Carmen es de ruina y urge rehabilitarlos cuanto antes. Así lo certifica también un informe del la Gerencia de Urbanismo del año pasado. Incluso hemos leído declaraciones de los promotores y propietarios del restaurante en el mismo sentido.
El duro informe de la Gerencia de Urbanismo habla de «instalaciones precarias, con cableados aéreos, almacenamiento de 13 bombonas de gas junto al menaje y tras un tabique simple de pladur de la nueva cocina, tabiques semiderruidos y ausencia total de sectorización». También señala «suciedad, escombros, basura y falta de medidas antiincendios». No caben excusas para actuar de inmediato y salvar una de nuestra joyas naturales, sobre todo si tenemos en cuenta que tanto el edificio principal como las taquillas de entrada gozan de protección integral, al estar catalogados como Bien de Interés Cultural, por lo que no cabe demolerlos, sino restaurarlos.
Poner a disposición de las vecinas y vecinos esta zona verde pasa por no retrasar más las actuaciones para proteger el promontorio donde se asienta el edificio ni el Plan Especial de regeneración de la zona que preserve todo el conjunto. Nada de ello será posible si antes no se resuelve la concesión, ya sea por el rescate declarado de interés general o por su finalización en 2018, puesto que es evidente que no se debería otorgar licencia a los actuales concesionarios. Pero hay que pagar favores.

Ysabel Torralbo