En pleno barrio de Fuente Olletas, en la calle Zurbarán, aledaña al cementerio de San Miguel, hace seis años había uno de esos solares que tanto abundan en nuestra ciudad. Donde antes se acumulaba basura, escombros y maleza, hoy sobresale una hermosa parcela. Allá por los tiempos del 15M, un grupo de vecinas y vecinos se puso de acuerdo y volcó todas sus energías en convertir ese terreno en El Caminito, un huerto comunitario de ordenadas sendas y parterres, en el que frutas y hortalizas crecen como un milagro en mitad del ruido, la polución y las torres de apartamentos. El Caminito logró recuperar de la desidia administrativa una tierra que puso a disposición del común. Hablamos con algunos de los miembros de esta comunidad.

Gente Corriente: ¿Cómo definís El Caminito?
El Caminito es un proyecto de huerto urbano que nació con el ánimo de hacer visible el estado de abandono de numerosos solares públicos, y también demostrar que la ciudadanía puede gestionarlos y ponerlos al servicio de la comunidad con un coste en recursos muy inferior al que acompaña a la gestión por parte de las administraciones públicas.
GC: ¿Nos podéis resumir estos seis años de trayectoria?
El colectivo surgió como grupo de trabajo sobre medio ambiente dentro de la plataforma Otra Málaga. La propuesta inicial era la ocupación de un solar público abandonado. Más adelante se optó por solicitar la cesión de un solar que el Ayuntamiento había planeado convertir en huerto urbano sin finalmente llevarlo a cabo. Con dicha solicitud se retomó el proyecto con un enfoque diferente al resto de huertos urbanos municipales, que están divididos en pequeñas parcelas que se sortean entre los solicitantes. En el caso del Caminito la gestión sería ciudadana en lugar de municipal, tratando de dar la mayor relevancia posible a la colaboración y el trabajo comunitario.

«En el caso del Caminito la gestión sería ciudadana en lugar de municipal, tratando de dar la mayor relevancia posible a la colaboración y el trabajo comunitario»

GC: Entonces, según vuestra experiencia, ¿creéis que suele haber posibilidades de gestión ciudadana sobre lo que es común, como el suelo público?
La cesión del solar del Caminito fue posible porque en aquel momento Málaga optaba a la candidatura de capital cultural 2016 y los huertos urbanos «daban puntos». Una vez eliminada del concurso, el Ayuntamiento perdió el interés sobre los huertos urbanos y actualmente es realmente complicado conseguir una cesión para este tipo de usos. Sin embargo, sigue habiendo un claro apoyo del Ayuntamiento para la cesión de solares municipales en los que construir casas de hermandad de cofradías.
GC: ¿Cuál es la situación legal del Caminito?
Para poder optar a la cesión del solar el colectivo se constituyó como asociación, pero sus dinámicas han seguido siendo las mismas. La toma de decisiones se sigue realizando en asambleas abiertas a través del consenso, ya que constituirse legalmente fue un mero trámite que se aceptó sin mucha resistencia.
GC: ¿Podríamos decir que el Caminito es un espacio del común?
Podríamos decir que pretende serlo, porque la realidad es que muy poca gente entiende ese concepto. Son numerosos los casos de personas interesadas en solicitar una parcela para gestionarla de forma individual, y lamentablemente pocos los de personas que finalmente se integran en las dinámicas existentes. Es una problemática que no hemos conseguido solucionar aún.

Collage El caminito 1er aniversario, por Mercedes López

GC: ¿Cómo es la comunidad que gestiona el recurso común y su producción?
La comunidad está formada tanto por miembros de la asociación como cualquier persona interesada en colaborar. Para participar en las asambleas no es necesario pertenecer a la asociación, aunque sí para tener llave del recinto, por la responsabilidad que conlleva.
Curiosamente la producción es una parte bastante irrelevante y nunca surge problema alguno a la hora de repartirla, por lo que no se ha establecido ninguna norma al respecto más allá de confiar en el sentido común de las y los participantes.
GC: Se dice que lo comunal es inoperante, ¿cómo se regula El Caminito, es muy complicado?
Es muy fácil cuando se entiende qué es un espacio comunal. No todo el mundo lo ha entendido siempre y eso ha supuesto ciertos retos. En general los problemas son de poca importancia y se han sabido gestionar sin perjuicio para nadie.
GC: ¿Qué aprendizajes sacáis de esa experiencia de gestión común?
Hemos tenido la suerte de vivir una experiencia que ha tenido éxito, en el sentido de haberse mantenido en el tiempo y conservar la ilusión tras cerca de seis años. Respecto a la relación con el barrio podemos decir que El Caminito está bien integrado en él, pero no que sus habitantes lo estén en el espacio, ya que no lo consideran suyo.
GC: Parece que ese es uno de los retos a los que se enfrenta El Caminito.
El mayor reto es la participación, sí. El grupo es estable pero reducido. Es necesaria más participación para fortalecer el proyecto. Y que la gente sepa que el Caminito no es solo un huerto urbano. Es un espacio disponible a colectivos y asociaciones donde pueden organizar actividades de muy diversa índole.
GC: ¿Tiene relación El Caminito con otros proyectos e iniciativas del Común?
Sus impulsores iniciales (muchos ya no continúan en el proyecto por diversas circunstancias) colaboraban con la Casa Invisible, por lo que sigue habiendo un vínculo estrecho con ella. Al igual que el Caminito, la huerta Dignidad fue una conquista para el Común, y con ella también se tiene bastante contacto.
GC: Su aportación a la ciudad parece evidente.
Las ciudades no deberían ser grises, sino verdes, y en ello estamos. Esperamos que el proyecto siga consolidándose como un oasis dentro de la ciudad, y confiamos en que la ciudadanía lo valore y reclame en otros puntos, porque algo así solo es posible a través de la unión de voluntades y energías. Algo como El Caminito no lo construyen una o dos personas, sino un colectivo que logre empoderarse