Eduardo Serrano

Actuaciones exógenas, segunda fase: la explotación turística1

Proseguimos en el presente artículo nuestra interpretación iniciada en el anterior número de Gente Corriente sobre la manera en que el turismo trasforma el territorio en la Costa del Sol, y en especial su componente humana. Habíamos expuesto cómo irrumpen las grandes inversiones, casi siempre provenientes del exterior (por lo que llamamos a esta modalidad exógena, por contraposición al modo endógeno, al que dedicaremos otro artículo), y en particular el frecuente uso de fuertes cantidades de capital económico, social y cultural para forzar la obtención de los permisos y licencias para la actuación inmobiliaria. Ahora veremos qué sucede después dentro de los enclaves turísticos así generados y cómo inciden en la sociedad local, incluyendo una estructura de poderes locales que producen y perpetúan una situación neocolonial.

1. Ni ciudad ni campo

El objeto de este artículo es sobre todo el establecimiento hotelero tipo todo incluido, que tiende a reducir al mínimo las relaciones con el entorno. No todos los hoteles y apartamentos llegan a ese extremo, pero constituye un poderoso atractor para todo negocio turístico de carácter exógeno, en especial para los de gran tamaño, que son producto de fuertes inversiones.
Sin embargo, otras modalidades de turismo tienen consecuencias bastante parecidas en el territorio (las exponemos en el epígrafe siguiente). Nos referimos en concreto a dos fenómenos. En primer lugar el denominado turismo residencial, cuyo producto típico son las urbanizaciones de casas unifamiliares y apartamentos, factor principal en la profunda transformación del medio físico y de la sociedad local y escenario de fondo de ese supuesto destino natural o histórico de la Costa del Sol que llamamos turismo.
El segundo fenómeno es mucho más reciente en su modalidad masiva, y aunque sus efectos son todavía limitados, marca una tendencia en rápido desarrollo. Nos referimos a los cruceros turísticos que usan el puerto de Málaga. Representan el caso extremo de desterritorialización del turismo, con cualidades muy diferentes a las del turismo residencial.
Cuanto más importante sea la inversión, mayor será el tamaño de la operación y la intensidad de sus efectos: son burbujas artificiales que, especialmente en sus inicios, flotan fuera de las poblaciones existentes, donde hay suficiente espacio, el precio del suelo es más barato y los permisos municipales relativamente fáciles de obtener, con frecuencia forzando la legalidad, como se comentó en el anterior artículo. Con ello la dualidad tradicional campo-ciudad es sustituida por un nuevo tipo de territorio que podríamos llamar paraurbano (sin consistencia de polis).
Se trata de recintos de acceso restringido, donde rigen reglamentos y normas específicas2, a veces contrarias a las municipales, amparándose en su condición de espacios privados; suelen estar aislados de su entorno, con el que contrastan fuertemente, pues también disponen de naturaleza propia. Las consecuencias de sus disposiciones espaciales son importantes y se manifiestan en las dos poblaciones que ahí confluyen, las y los turistas (en el sentido más convencional del término, como se está haciendo en todo este artículo) y quienes están a su servicio.
Un buen ejemplo es el proyectado hotel del puerto de Málaga: gran lujo, bien conectado con la ciudad y con accesos fáciles de controlar, situado a la distancia justa para disfrutar de las vistas a la ciudad y sin el peligro de una excesiva cercanía, perfecto para funcionar como jaulas de oro3.

2. El nuevo territorio y la modulación conductista del turista

En un lado están esos turistas, que disponen de todo para su estancia en lo que podría pasar por pequeñas ciudades. Casi nada escapa ahí de la condición de la mercancía, incluido en cierta manera el ambiente humano que los propios turistas aportan. Las ventajas empresariales de este semiconfinamiento son claras, dado que captan la mayor parte del gasto del turista.

«Casi nada escapa ahí de la condición de la mercancía, incluido en cierta manera el ambiente humano que los propios turistas aportan»

Pero también hay un objetivo más ambicioso: la obtención, procesamiento y aplicación de los datos aportados por los mismos turistas, sea de un modo consciente (encuestas, quejas, opiniones espontáneas…) o no (por observación directa o por estudio de sus comentarios en Internet), así como sus gastos, lo cual proporciona una inestimable guía para la adecuación continua de los productos, especialmente los creados para el turismo emocional y de experiencias. El que estas prácticas de momento solo se den en los grandes establecimientos dedicados al todo incluido es síntoma de una tendencia general, ahora increíblemente potenciada por las tecnologías big data, y otras de reconocimiento facial, patrones de expresión corporal, seguimiento de los movimientos, etc. que hacen factible producir una efectiva modulación de la subjetividad de cada perfil de turista. Es decir, producir el consumidor.
Ahora una pregunta: ¿en qué medida se puede hablar de una sociabilidad turista? Únicamente como unidades de consumo a las que se dirigen ofertas más o menos específicas: individuos solos, parejas, familias, colectivos de profesionales; todo a su vez subdividido y cualificado según parámetros de edad, clase social, etnia, nivel de ingresos, etc. Son moléculas-cliente que deben ser cuidadas, por cuanto su dinámica interna (que se puede describir mediante un determinado perfil) constituye una cualidad-diana importante del producto turístico. La finalidad es consolidar y potenciar su productividad, pero también inducir transformaciones en los grupos e individuos (por ejemplo preparar a los niños para que sigan siendo clientes después de la infancia). No hay espacio en esta lógica para otro tipo de lazo social que el que gira en torno a la mercancía.
Mal puede hablarse en este tipo de turismo de comunidades de turistas porque son agregados azarosos y de efímera existencia, donde apenas hay tiempo para ensayar sintonías personales de escaso futuro. Y más que nada porque, casi por definición, es excluida toda una categoría de comunes humanos, potentes catalizadores en el devenir de las comunidades. Son los que se sitúan bajo el signo de lo problemático, pues representan todo lo que el turista quiere dejar atrás, aunque sea por pocos días: sufrimientos, malestares, fastidios y aburrimientos. Descanso y tiempo propio, volver a jugar un ratito. El turista, en especial el del todo incluido, no deja de ser un commuter, atrapado casi todo el tiempo en movimientos que no le aportan ninguna transformación, justo lo contrario del viaje: desde su casa hasta el destino turístico y luego regreso y vuelta a empezar4.
El turismo en general es la parte fácil de un mundo difícil, que contribuye a la creación de las condiciones ambientales para que surja el deseo, más su correspondiente frustración, y con ello el hábito, de manera que colabora en un modo de vida envuelto en continuos ciclos de satisfacción e insatisfacción.

3. Dependencia colonial del destino turístico

Y en el otro lado están los empleados del complejo turístico, casi única parte de la población autóctona con la que mantienen algún contacto los turistas, realizando en su mayoría trabajos que son perfectamente equivalentes a las tareas domésticas, el de las mujeres en su propia casa o por parte del servicio doméstico asalariado (la servidumbre, como no hace tanto tiempo se decía). Rutinas tediosas, escasamente valoradas económica y socialmente, que en efecto forman parte del paisaje que muchos clientes del todo incluido quieren olvidar por un tiempo.

«los empleados del complejo turístico, casi única parte de la población autóctona con la que mantienen algún contacto los turistas, realizando en su mayoría trabajos que son perfectamente equivalentes a las tareas domésticas»

Estas promociones cuentan con el soporte de importantes campañas de imagen, en las que la creación de empleo es un argumento casi irresistible para obtener un trato de favor por parte de la administración pública, más el apoyo de las organizaciones sindicales. Aunque el trabajo en los hoteles, la hostelería, ocio y distribución comercial de las zonas turísticas sea el peor pagado, el más precario, el de menor cualificación y el que más abusos registra.

«tras 40 o 50 años de turismo masivo los municipios turísticos de la Costa del Sol sigan estando en las posiciones inferiores en la lista de ciudades españolas en cuanto ingresos familiares y con peores índices de desigualdad social»

Esto es lo que en parte explica que tras 40 o 50 años de turismo masivo los municipios turísticos de la Costa del Sol sigan estando en las posiciones inferiores en la lista de ciudades españolas en cuanto ingresos familiares5 y con peores índices de desigualdad social6. Es una consecuencia en definitiva de la desigualdad primaria del mismo turismo: «El turismo es la prueba más visible de la desigualdad del mundo»7. Se trata de una situación neocolonial que afecta al conjunto de todo el territorio: libre disposición del medio físico en cuanto a sus recursos (como el agua en una zona donde no sobra); infraestructuras y servicios municipales exageradamente sobredimensionados y pagados por la población censada, y su gente que lo acepta porque solo es capaz de imaginarse a sí misma como destino turístico. Tema este último, el del imaginario colectivo que se identifica con el turismo, continuamente trabajado por los operadores turísticos e instituciones.
Sin embargo, no olvidemos que en esta tendencia de polarización y segregación social, más que los hoteles, resorts y demás, han influido los asentamientos de turismo residencial, cuyos habitantes, en su mayoría extranjeros, no han sentido la necesidad de conocer y trabar relaciones con la población autóctona. Es una actitud social que ya fue descrita en detalle por Francisco Jurdao en los años setenta (España en venta. Editorial Ayuso, 1979), potenciada ahora porque esas urbanizaciones tienen sus propios equipamientos innecesarios8: club social, campo de golf, espacios deportivos, restaurantes etc. Todavía hoy sorprende su grado de desinterés respecto su entorno social9.
En cuanto a la tercera modalidad del turismo encapsulado, los cruceros turísticos, el contacto con el destino turístico resulta todavía más superficial, siendo sus beneficios para las ciudades visitadas muy dudosos, por lo que se considera un tipo de turismo poco recomendable10.
La fase inmobiliaria propició el surgimiento de nuevos grupos que sustituyeron el viejo poder local de carácter caciquil (aunque conservando algunos rasgos, como la idiosincrasia rentista, marca de toda la región), subalternos respecto a los inversores que venían de fuera. En ese proceso, el esfuerzo concentrado y sistemático para romper las inercias y resistencias locales crea lazos de complicidad entre quienes participaron en ello. Su capital social se incrementa paulatinamente con nuevos proyectos, haciendo posible la continuidad y expansión de la red formada, más allá de su primer objetivo, y consolidándose como grupo de presión local capaz de establecer alianzas con grupos exteriores y movilizar importantes recursos en su propio beneficio. Es algo que, por cierto, tiene en los discretos reservados de estos establecimientos los espacios idóneos para sus propias prácticas sociales, incluyendo los encuentros con sus colegas extranjeros.
Ante la debilidad de los demás sectores económicos locales, las iniciativas turísticas, con su imprescindible primera fase inmobiliaria, ganan paulatinamente protagonismo local. Además en la Costa del Sol han disfrutado de tres grandes ventajas en relación con el resto del tejido económico. En primer lugar, el decidido apoyo de la administración pública, que ha sido en general fiel al proyecto turístico de largo alcance diseñado en el franquismo y que a nivel local reproduce la complicidad estructural entre cargos públicos y agentes económicos, como lo prueba el empeño de los alcaldes y concejales de casi todos los municipios en impulsar la penetración del turismo como gran combustible demográfico para sus políticas de insostenible crecimiento urbano y la consiguiente actividad inmobiliaria, la cual resulta tener las mejores cualidades para que cargos y autoridades pasen al lado oscuro. En segundo lugar, fuentes de financiación exteriores a las que no ha afectado la crisis del sistema financiero español. Y en tercer lugar una demanda turística que en términos absolutos solo sufre ligeramente en los años de crisis; más bien aquí se ha visto beneficiada por los problemas políticos de los países norteafricanos y del Mediterráneo oriental.
Ahora el estado central y autonómico y la administración local ya no pueden dejar caer el turismo: too big to fall, tanto por su volumen económico como por el empleo directo e indirecto que generan, lo que a su vez agrava la debilidad de las poblaciones al reducirse las alternativas económicas.

4. Los dos momentos de la transformación turística exógena del territorio

Ambos momentos (1.ª fase, comentada en el anterior artículo, y la 2.ª, objeto del presente), con sus cualidades aparentemente bien diferenciadas, forman parte del mismo fenómeno, por lo cual habría que provisionalmente nombrarlo como inmobiliario-turístico. Su unidad compleja adquiere un cierto sentido si nos referimos al modo de (no) habitar, típico de una parte de la humanidad aquí y ahora. Para el turismo más convencional, no hay habitación sino experienciación. El problema político y ético, además de conceptual, se agrava cuando se pone en necesaria conexión con lo que todavía podemos entender como el habitar cotidiano de la gente común, un habitar que necesita de la compra de estos alivios pasajeros para poder sostenerse11. Es decir, nuestro mundo, nosotros mismos.

«Conseguir la complicidad de las autoridades políticas de la localidad es fundamental para lograr el objetivo de esta fase, de carácter inmobiliario, consistente en la apropiación de las rentas del suelo»

Como conclusión sintetizamos lo que, según nuestro modo de ver las cosas, sucede entre la primera y la segunda fase del proceso. En su inicio hay una transformación muy violenta del territorio, comenzando por el mismo terreno jurídico, continuamente violentado en su legitimidad social para acomodarlo a las características de cada proyecto. Conseguir la complicidad de las autoridades políticas de la localidad es fundamental para lograr el objetivo de esta fase, de carácter inmobiliario, consistente en la apropiación de las rentas del suelo mediante los oportunos cambios en la normativa urbanística. Su estrategia sigue el modelo bélico: secreto, concentración de fuerzas y rapidez. Ahora también se construye el nodo de poder local que permanecerá más allá de la finalización de la actuación, muy probablemente formando parte de la red político-económica y financiera que la ha hecho posible.
Una vez estabilizada la nueva situación del territorio comienza la explotación del enclave turístico, que por su tamaño no tiene lugar en el tejido urbano existente y tiende a reducir las relaciones con el entorno territorial mediante la fórmula del todo incluido o similar. El fin es captar al máximo el gasto del turista y modelar su subjetividad12. La estrategia ahora es de tipo colonial, confirmando la dependencia de la población autóctona por intermedio de un nodo local y profundizando la condición de monocultivo turístico.
Con el tiempo se producen nuevas oportunidades para hacerse con las rentas del suelo que de nuevo serán capturadas de golpe en la siguiente fase, con motivo de una crisis más o menos generalizada u obsolescencia del enclave turístico, como ahora mismo está sucediendo, cuando se repiten pautas de la operación originaria, incluyendo la complicidad de la administración pública13. De esta manera se produce una más profunda integración de ambas fases, la inmobiliaria y la turística, de acuerdo con la lógica operativa y la dirección del estamento financiero global.
Por fortuna no es esta la única modalidad del turismo en la Costa del Sol. El panorama presenta una mezcla de las características de las actuaciones exógenas y de las endógenas. Sin que éstas últimas puedan considerarse ya como los benéficos efectos territoriales y sociales de un cierto turismo bueno, como podremos discutir en el futuro. De momento adelantamos nuestra impresión de que la mediación digital significa la ruptura del modelo vigente y que a pesar de que moviliza multitud de pequeños propietarios, eso no es sino el primer paso de la subordinación del turismo de base local a operadores exógenos de un nuevo y revolucionario tipo.


1. La investigación que da lugar a esta publicación se inscribe en el proyecto I+D titulado Crisis y reestructuración de los espacios turísticos del litoral español (CSO2015-64468-P) del Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO).
2. Como ocurre desde hace décadas con las urbanizaciones cerradas (Gated Communities) para clases medias y altas en muchos lugares del mundo, caracterizadas por la obsesión securitaria.
3. Interesante término para nombrar un tipo de usuarios de gran poder adquisitivo que apenas salen del hotel y que hemos conocido por el artículo de Rafael Esteve Secall «Las contradicciones del Hotel del Puerto» (La Opinión de Málaga, 12 de julio de 2017). http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2017/07/12/contradicciones-hotel-puerto/943458.html
4. Apuntamos aquí a la insuficiencia de la explicación que aporta la economía convencional, tal como ha sido ya señalado para el mundo del trabajo: la «[…] parcelación y especialización de las tareas, la escisión entre trabajo intelectual y trabajo manual, la monopolización de la ciencia por las élites, el gigantismo de las instalaciones y la centralización de los poderes que de ellos se deriva, nada de todo esto es necesario para una producción eficaz. Es necesario, a la inversa, para la perpetuación de la dominación del capital» [André Gorz citado en Gaudemar, Jean Paul de (1991): «Preliminares para una genealogía de las formas de disciplina en el proceso capitalista de trabajo». En Varela, Julia. Espacios de poder. Madrid: La Piqueta, p. 110].
5. Ver http://www.ine.es/prensa/ua_2017.pdf.
6. Ver http://www.malagahoy.es/malaga/desigualdad-echa-raices-Marbella-Manilva_0_906809550.html
7. Augé. Mark. En «El turismo es la prueba más visible de la desigualdad del mundo», entrevista publicada en ABC, 6 de agosto de 2007.
8. Según expresión de José María Romero y Rafael Reinoso: ver http://atributosurbanos.es/areas/costa-del-sol.php .
9. Véase Santana Turégano, Manuel Ángel. Reseña de «Turistas que llegan para quedarse. Una explicación sociológica sobre la movilidad residencial», de Raquel Huete (Cuadernos de Turismo, núm. 25, enero-junio, 2010, pp. 305-307. Universidad de Murcia http://www.redalyc.org/pdf/398/39813352013.pdf).
10. Nadal, Paco: «La cara más oscura de los cruceros». En El País Negocios, 21 abril de 2017. https://elpais.com/elpais/2017/04/20/paco_nadal/1492642055_887551.html
11. Esto no aporta mucho, creemos que una integración conceptual está todavía por hacer; en un sentido más general nuestra postura es cercana a la que ha expresado Tiqqun en el texto Podría surgir una metafísica crítica como de ciencia de los dispositivos… [En Delueze, Gilles y Tiquun (2012). Contribución a la guerra en curso. Madrid, Errata Naturae].
12. Este tipo de uso hotelero actualiza el diagrama que subyace, por ejemplo, en las ciudades obreras del siglo XIX y XX.
13. No son operaciones de obra nueva sino de modernización profunda de la edificación y del mismo negocio: «[…] las propias autoridades españolas ayudan a que la inversión pueda salir prácticamente gratis […] nuestro país paga promoción internacional, el traslado en aviones financiando vuelos con publicidad y tasas para que venga el formato de turista de bajo coste, subvenciona la contratación de personal, aporta dinero de formación para los camareros […]» [En artículo de prensa firmado por José L. Jiménez (ABC 22/07/2016): «Grupos árabes usan fondos de la UE para comprar hoteles en España». http://www.abc.es/economia/abci-grupos-arabes-usan-fondos-para-comprar-hoteles-espana-201607221142_noticia.html].


Eduardo Serrano, dr. arquitecto.
Colaboran en este artículo: José María Romero (dr. arquitecto, profesor UGR), Yolanda Romero, (dra. turismo, prof. UNE y UOC), Enrique Navarro (dr. geografía, prof. UMA), Fernando Ramos (arquitecto) y Rubén Mora (arquitecto).