En marzo de 2007, coincidiendo con el Festival de Cine Español, un grupo de artistas y miembros de diferentes movimientos sociales («Creadoras Invisibles») celebraba en paralelo lo que llamaron «Festival de Cultura Libre». Para ello abrieron y acondicionaron un edificio de propiedad municipal en estado de abandono, situado en los números 9 y 11 de calle Nosquera, en pleno centro histórico de Málaga. Comenzaba así su andadura la Casa Invisible, uno de los centros sociales de referencia en el conjunto de Estado. Charlamos con varias integrantes de su Área de comunicación.

Gente Corriente: ¿Cómo definís la Casa Invisible?
La Casa Invisible no se puede encerrar en una única definición. De inicio podemos decir que la Casa Invisible es un centro social y cultural de gestión ciudadana. Es un espacio ubicado en el centro de Málaga que apuesta por la cultura libre y la autoorganización ciudadana. Es un lugar donde se reúnen numerosos colectivos de creación local para desarrollar sus propuestas, que abarcan desde las artes plásticas y la música hasta los nuevos campos de la cultura y experimentación audiovisual, pasando por la danza, el teatro y otras artes escénicas. Además, la Casa Invisible también da cabida a grupos de activistas de diversos ámbitos (migración, feminismos, ecologismo, tecnopolítica, redes de consumo alternativas, etc.). Todo ello convive con iniciativas de autoformación e investigación que buscan producir y compartir saberes situados ante los problemas que hoy por hoy nos afectan a todas.
GC: ¿Cuál es su trayectoria? ¿Cómo nace?
La Casa Invisible se recuperó para la ciudad de Málaga en marzo de 2017. Hace casi once años ya de ese gesto de desobediencia civil. Fue un gesto que surge ante la carencia de espacios que dieran cauce a la creatividad de un gran grupo de colectivos e individuos cuyas demandas nunca fueron atendidas por las instituciones. Pensamos, de hecho, que la función cultural en Málaga se sigue reduciendo a un escaparate para obras ya realizadas o artistas consagrados, la mayoría de las veces venidos de fuera. No hay apenas espacios para el fogueo cultural, para la experimentación, para la libertad creativa en su más amplio sentido, debido a unas políticas públicas totalmente guiadas por las lógicas neoliberales del mercado, la especulación inmobiliaria y las privatizaciones. De hecho, el edificio de la Casa Invisible llevaba varios años totalmente cerrado y abandonado, en una zona a la que las autoridades municipales apenas prestaban atención. Hoy, por contra, el entorno de la Casa Invisible está inmerso en un salvaje proceso de gentrificación cuyas consecuencias son incluso peores, por cuanto que implica dinámicas de expulsión, desplazamiento, nuevos pelotazos, corrupción y más exclusión y desigualdad.

«la función cultural en Málaga se sigue reduciendo a un escaparate para obras ya realizadas o artistas
consagrados, la mayoría de las veces venidos de fuera»

En todo el tiempo que lleva activa, la Casa Invisible no ha dejado nunca de ser un espacio multifacético, un catalizador para creadores y creadoras de la ciudad de Málaga. También un espacio abierto a iniciativas sociales y políticas de todo tipo. Aquí se realizan charlas, reuniones, eventos musicales, seminarios, debates, presentaciones de libros, exposiciones, muestras de arte, cursos, talleres, etc. Hay, de igual modo, varios proyectos cooperativos contra la precariedad. Digamos que es un espacio que tiene como finalidad la producción, exhibición y divulgación de ideas y propuestas alternativas, opuestas a la cultura mercantilizada y a la política de salón. Una de las iniciativas de las que estamos más orgullosos es el Festival de Cultura Libre de Málaga, que tiene su sede en la Casa Invisible. Ronda las diez ediciones, y por él han pasado una enorme cantidad de artistas y creadores, no solo locales. En nuestra web hay un dossier muy completo con toda esta información, que se puede consular de forma totalmente abierta.
GC: Puesto que nace de una ocupación, o recuperación, ¿cuál es actualmente su situación legal?
Desde sus inicios, la Casa Invisible abogó por abrir un proceso de negociación con el Ayuntamiento de Málaga (propietario del inmueble) con la intención de garantizar la continuidad del proyecto a través de un acuerdo de cesión de uso. El objetivo era consolidar una experiencia única en Málaga y que se reconociera el estatuto y la legitimidad de la gestión ciudadana de los bienes comunes, tal como ya está ocurriendo, por cierto, en otras ciudades europeas, como Berlín o Nápoles. También en otras más cercanas, caso de Córdoba, con el Rey Heredia, y Sevilla, con El Pumarejo. Durante las distintas fases de negociación han participado, además de numerosas personalidades culturales de Málaga, la Diputación, la Junta de Andalucía y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

«Desde sus inicios, la Casa Invisible abogó por abrir un proceso de negociación con el Ayuntamiento de Málaga (propietario del inmueble) con la intención de garantizar la continuidad del proyecto a través de un acuerdo de cesión de uso»

Durante los tres primeros años, y especialmente en 2009, la Casa Invisible estuvo seriamente amenazada por el desalojo, pero gracias a una amplia campaña comunicativa y a una manifestación masiva de apoyo se evitó esa situación, abriendo la posibilidad de un acuerdo. El acuerdo con el Ayuntamiento llegó en 2011, con la participación también de las instituciones antes citadas. El llamado «protocolo de intenciones» establecía una serie de pasos a cumplir por las partes en el plazo de un año. Los requisitos establecidos atendían a la normalización estatuaria del proyecto, a su forma jurídica y a la regulación de los suministros, pero en ningún caso afectaban a la autonomía de la Casa Invisible en tanto que colectivo ni a la gestión del espacio.

«El acuerdo firmado supuso un avance importante desde el punto de vista de lo que nosotras denominamos «derecho a la ciudad», pues reconocía la gestión comunitaria»

La soberanía del proyecto sigue residiendo en la asamblea y otras formas horizontales de organización de las que nos hemos dotado en función de la participación y la democracia directa. El acuerdo firmado supuso un avance importante desde el punto de vista de lo que nosotras denominamos «derecho a la ciudad», pues reconocía la gestión comunitaria de un espacio social y cultural como este. Creemos que fue una importante victoria ciudadana, fruto de la potencia de una red de ciudadanos y ciudadanas que anteponían lo común a intereses particulares. Trascurrido el tiempo establecido, y con todo lo estipulado en el protocolo de intenciones cumplido, la Casa Invisible y el Ayuntamiento redactaron un modelo de acuerdo de cesión en uso del inmueble durante cinco años que debía firmarse en enero de 2012. Sin embargo, sin ninguna razón, la parte municipal comenzó a demorar la consignación definitiva de este acuerdo. La situación llega hasta hoy. Por eso exigimos al Ayuntamiento que cumpla los acuerdos a los que se comprometió y permita sin más dilaciones la firma del convenio.


GC: ¿Había algún informe o inconveniente legal para la firma de ese convenio?

«desde diferentes instancias municipales se publicaron una serie de informes jurídicos favorables a la cesión»

Al contrario. Hay que recordar que en ese mismo año, 2012, aunque no nos comunican nada hasta 2015, desde diferentes instancias municipales se publicaron una serie de informes jurídicos favorables a la cesión. El único elemento a subsanar del expediente de adjudicación, según estos informes, es que no se había justificado debidamente el interés público del proyecto. Pero ello también ha sido ya superado, dado que mediante una resolución del 16 de mayo de 2016 del Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Málaga se acordó la declaración de la Fundación de los Comunes, de la que la Casa Invisible es parte constitutiva, como Entidad de Utilidad Pública Municipal, algo que no podía haber sucedido sin el visto bueno de varias áreas municipales.
Entre tanto, el 23 de diciembre de 2014, en vísperas de Navidad, la policía local se presentó en el inmueble con una orden del Ayuntamiento de Málaga para cesar las actividades de libre concurrencia y cerrar cautelarmente el espacio alegando problemas de seguridad. Se trataba de una decisión política, no técnica, ya que hablamos de algunas irregularidades en la instalación eléctrica y en medidas de protección anti-incendios que, de nuevo, fueron en su momento igualmente subsanadas de acuerdo a un protocolo de actuación propio y previo gracias al apoyo ciudadano a través de un crowdfunding. Es más, en abril de 2016 presentamos un Proyecto Básico de Rehabilitación Integral como paso ya absolutamente definitivo para la cesión del edificio. Era un requisito nuevo, fruto de las reuniones mantenidas en 2015 tras una nueva movilización masiva en enero de este año, pero incluso así lo cumplimos.

«el procedimiento de cesión está vivo y, desde nuestro punto de vista, sigue en marcha en tanto que todo lo que se nos ha exigido ha sido cumplido»

En conclusión, a pesar de la moción improvisada que en octubre de 2017 presentó el grupo municipal de Ciudadanos en busca del desalojo y la subasta del inmueble al mejor postor, el procedimiento de cesión está vivo y, desde nuestro punto de vista, sigue en marcha en tanto que todo lo que se nos ha exigido ha sido cumplido. Si el interés de Ciudadanos es, como ha dicho, la regulación de la situación del inmueble de c/ Nosquera 9-11, y en consecuencia de todas las actividades que en él se desarrollan, no habría tenido más que instar al gobierno municipal a que se lleven a cabo los trámites necesarios para la finalización del expediente de adjudicación directa a la Fundación de los Comunes.
GC: ¿Cómo funciona internamente la Casa Invisible? ¿Es muy complicado? Conocemos el tópico sobre el caos que supone la gestión asamblearia y común
A ver, complicado no es, pero como todo en la vida tiene ventajas e inconvenientes. Lo bueno es que esos inconvenientes, o los problemas y conflictos que surgen en el día a día, se resuelven en colectivo. El conflicto no es malo: nos ayuda a avanzar, a pensar constantemente, a estar a alerta y a ser autocríticas. Nuestro modelo de gestión se basa en grupos de trabajo operativos, una serie de áreas que se encarga de aspectos concretos (comunicación, rehabilitación, cultura libre, autoformación e investigación…). Luego existe una asamblea general de gestión, con periodicidad quincenal, donde esas comisiones y el resto de participantes del proyecto intercambian información, se coordinan, debaten y toman decisiones, siempre de forma colectiva y por consenso. Las áreas mencionadas son espacios abiertos a la participación de cualquier persona que esté interesada en aportar o trabajar por el común.
Hay que decir también, aunque ya lo hemos mencionado, que existen muchas iniciativas autónomas aparte de la gestión colaborativa del funcionamiento básico, así como colectivos que hacen uso del edificio para sus reuniones. Es el caso de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que son un ejemplo diario para todas nosotras. También estamos completamente abiertas a recibir nuevas propuestas. Nos gusta decir que la Casa Invisible es un laboratorio de experimentación social, cultural y política, por eso invitamos a personas, proyectos y colectivos a participar en su desarrollo y crecimiento como una institución común y experimental de organización y gestión ciudadana.
GC: Habladnos un poco más de la Asamblea ¿Qué se decide en ella? ¿Quién participa?
Se deciden cuestiones de funcionamiento interno, como horarios de apertura, turnos de limpieza, jornadas de adecuación de los espacios, etc. Decide también las líneas políticas del colectivo, así como otros aspectos de orden más estructural, como el posicionamiento público ante los temas que nos interesan en la ciudad de Málaga. Ahora mismo nos preocupa mucho, por ejemplo, la problemática de la gentrificación o la ausencia casi total de postulados feministas en el contexto urbano malagueño. Pero lo que más nos importa, por encima de esto, es mantener la autonomía del proyecto, que no intervenga en las decisiones que tomamos ninguna institución pública o privada.
En cuanto a la participación en la Asamblea, está sujeta al hecho de participar cotidianamente en la gestión y actividades del espacio, así como a formar parte de alguno de sus diversos proyectos, hablemos de la PAH o de la ULEX (la Universidad Libre Experimental), que es el nombre por el que se conoce mejor al grupo-área de autoformación de la Casa Invisible. Nos gustaría, en todo caso, que quedara claro que la Casa Invisible tiene un carácter abierto e inclusivo. Se ofrece a toda la ciudadanía, se intenta concebir para todas.

«la Casa Invisible tiene un carácter abierto e inclusivo. Se ofrece a toda la ciudadanía, se intenta concebir para todas»


GC: ¿Qué aprendizajes sacáis de esa experiencia de gestión común?
Muchos, ya lo decíamos antes. Aprendemos a que las cosas se pueden hacer de otra manera, a que hay que escucharse más, a no hablar tanto. Aprendemos que las relaciones sociales comunitarias tienen una potencia enorme. Insistimos en la idea del laboratorio: esto es un laboratorio de aprendizaje constante. Los conflictos nos enseñan mucho también. Aprendemos a atender que no todo es blanco o negro. Para nosotras la vida es un problema común, de ahí que entendamos que lo que parece una cuestión individual, no lo es en realidad. La Casa Invisible es una matriz para que toda persona que se acerque a ella se produzca a sí misma, pero siempre conociendo al otro, en conjunción con todas las personas que construyen el proyecto. A veces esto pasa de forma conflictiva. Creemos que esto es precisamente una potencia. La Casa Invisible es un territorio común, donde nos componemos a partir de nuestros afectos propios, generando afectos comunes. Este es, sin duda, un aprendizaje muy valioso para todas nosotras.
GC: ¿Y cómo se financia la Casa Invisible? ¿Hay actividades económicas?
Por aquí nos vienen muchas de las críticas, pero estas críticas creemos que se basan en un desconocimiento absoluto del tema, o peor aún, en una mala intencionalidad manifiesta. Lo primero que hay que decir es que la Casa Invisible no recibe subvenciones de empresas privadas ni de instituciones públicas. El sostén económico del proyecto es el trabajo voluntario y cooperativo de quienes participan en él, además de donaciones particulares a través de una Red de amigas a la que cualquiera se puede suscribir. Las actividades basadas en el intercambio monetario se dedican exclusivamente al desarrollo de los eventos y a la rehabilitación del inmueble.

«la Casa Invisible no recibe subvenciones de empresas privadas ni de instituciones públicas. El sostén económico del proyecto es el trabajo voluntario y cooperativo de quienes participan en él, además de donaciones particulares»

GC: ¿Tiene relación la Casa Invisible con otros proyectos e iniciativas del Común?
Por supuesto. Para nosotras la Casa Invisible es un lugar de contagio y agregación política en torno a la autonomía de los sujetos metropolitanos y su potencia. Desde esta perspectiva, intentamos siempre tejer redes con experiencias que consideramos cercanas. Nuestra vocación es la construcción de redes (locales, estatales, europeas y globales) que tengan la finalidad de crear otros modos de vida, otras formas de estar en el mundo. Hablando de la ciudad de Málaga, colaboramos siempre que podemos con iniciativas como la de El Caminito, un huerto urbano en la zona de Olletas [véase entrevista en estas mismas páginas], y con la gente de Lagunillas, quienes han recuperado un solar abandonado para disfrute colectivo al que han llamado Victoria de Quién. Más recientemente hemos entrado en contacto con las vecinas del solar Gigantas, que está aquí cerca, en pleno centro. Sus reivindicaciones nos parecen de lo más oportunas: en el centro apenas quedan ya espacios abiertos para el disfrute y el ocio comunitario, ni las niñas y niños tienen sitio para jugar a la pelota o correr sin tener un coche cerca.
A escala andaluza, tenemos una relación muy buena con otros centros sociales. Los que citábamos antes, el Rey Heredia y la Casa del Pumarejo, uno en Córdoba y el otro en Sevilla. Si hablamos de Madrid, no podemos no acordarnos del extinto Patio Maravillas, que fue desalojado, pero que siempre fue y será un lugar totalmente hermano, con mucha sintonía política. Por suerte, ahora en la capital ha surgido otro centro social de referencia para nosotras, La Ingobernable, con cuyas integrantes mantenemos también mucha cercanía. No es el único con el que compartimos experiencias. Se nos vienen a la cabeza otros de Madrid como La Villana de Vallecas, Tabacalera, el CS Seco o el EVA, en el antiguo mercado de Legazpi, en el barrio de Arganzuela. Luego, en el resto del territorio, podríamos hablar del Ateneu Candela de Tarrasa, Can Batlló y Ateneu Popular 9 Barris en Barcelona, el Luis Buñuel de Zaragoza, Errekaleor en Vitoria-Gasteiz, Astra en Gernika o de la Fábrika de toda la Vida, en un pueblo de Badajoz, Los Santos de Maimona. Seguro que se nos olvidan muchos más. Y todo esto por no hablar de nuestras redes a nivel europeo. A día de hoy mantenemos, por ejemplo, un contacto fluido con algunos de los centros sociales más destacados de Italia, como son el CSOA Forte Pranestino, en Roma, y L’Asilo, en Nápoles. Igualmente tenemos numerosos contactos en Latinoamérica, en Argentina, Uruguay y México, sobre todo.
GC: ¿Y la Fundación de los Comunes que antes mencionabais? ¿Dónde queda?
En medio de todo esto. La Fundación de los Comunes es un laboratorio de ideas que produce pensamiento crítico desde los movimientos sociales como herramienta de intervención política. La Casa Invisible, junto a otros dispositivos análogos de todo el Estado español, como son el citado Ateneu Candela de Tarrasa o las librerías asociativas Traficantes de Sueños de Madrid y Katakrak de Pamplona-Iruñea, forma parte de la Fundación desde su surgimiento en 2011. Puede decirse que constituimos una red de grupos de investigación, edición, formación, espacios sociales y librerías que ponemos recursos en común para impulsar transformaciones democráticas y tendentes a la igualdad social.
GC: Parece que hubiera un bloque que entiende lo común como básico, que busca romper la dicotomía público-privada…
¿Hay experiencias precedentes?
A ver, está claro que existe una línea común compartida dentro de Málaga, y no sólo aquí, por cada vez más personas. Esta línea, esta tradición, entiende, como decíamos antes, que la vida es antes que nada un problema común. Existen diferencias, por supuesto. Estas diferencias son lógicas y nos parecen buenas, porque justamente se basan en la autonomía que cada espacio, proyecto o colectivo tiene para gestionar y decidir lo que le parezca a partir de ese consenso que se ha dado casi de manera natural. El punto de unión es que en el centro del debate situamos lo mismo: lo común, o el procomún, que se llama otras veces. Los bienes comunes nos gusta decir a nosotras. Por ejemplo, la cultura es un bien común desde nuestra visión. No es bien privado, pero tampoco público. Es la comunidad en su conjunto la que se beneficia de este bien, la que se responsabiliza de su cuidado.

«Nuestra idea de bien común pone en cuestión un determinado concepto de propiedad de las cosas y las ideas, aquel que implica una relación de sometimiento y control»

Nuestra idea de bien común pone en cuestión un determinado concepto de propiedad de las cosas y las ideas, aquel que implica una relación de sometimiento y control, dado que para nosotras el bien común tiene la dignidad de las cosas vivas, lo que marca una relación de reciprocidad y cuidados mutuos.
Esta idea no es nuestra, sino que bebe, precisamente, de experiencias precedentes. Son experiencias muy antiguas, casi ancestrales, en donde el sostén de una comunidad y su reproducción vital dependían justamente de la existencia de bienes comunes. Hablamos de los campos comunales, previos a los cercamientos capitalistas, por ejemplo [véase en este mismo número de Gente Corriente]. También de las primeras experiencias de okupación. Porque la okupación, bien entendida, no es más que una estrategia de recuperación de bienes comunes en el contexto neoliberal. En Málaga tenemos varias, sin las que la Casa Invisible difícilmente podría haber llegado a lo que es: desde la primera okupación en un edificio de la hoy desaparecida plaza Arriola, hasta la Casa de Iniciativas de la calle Postigo de Arance y posteriormente ubicada en calle Gaona, pasando por otras experiencias en calle Ollerías y el barrio de la Trinidad.
GC: ¿Pero no supone la cesión en uso de la Casa Invisible una especie de «privatización»?

Al contrario, lo que supone una privatización es la subasta que pretenden llevar a cabo. Hablan de concurso, pero es una subasta, dado que su adjudicación está vinculada al proyecto que pueda afrontar con solvencia económica la rehabilitación del inmueble. Eso es una subasta al mejor postor, ni más ni menos. Se olvida que en 2007, cuando el edificio de la Casa Invisible se recuperó estaba completamente abandonado, y que desde entonces aquí ha existido una comunidad muy diversa y cada vez más grande que se ha hecho cargo de su cuidado, su adecuación y su rehabilitación. Sin coste alguno para el erario municipal. Sin embargo, lo más importante no es esto, sino que enlazando con lo ya dicho, con el hecho de entender la cultura y la propia Casa Invisible como un bien común, ha hecho que impongamos como una exigencia propia la sostenibilidad del proyecto unida a la conservación del inmueble. Es decir, hay que respetar al máximo el edificio que alberga el proyecto, algo que solo puede garantizar a día de hoy la gestión ciudadana, que no se rige por lógicas de competitividad, excelencia y máximo rendimiento. El edificio no es un mero contenedor cultural, que es lo que ahora pretenden.

«Hablan de concurso, pero es una subasta al mejor postor»

GC: ¿A qué problemas y desafíos se enfrenta ahora la Casa Invisible?
A los mismos que el resto de la ciudad de Málaga. Al desafío de vivir en una ciudad más habitable. Esto quiere decir una ciudad más libre y menos desigual. Una ciudad en la que quepamos todas, y en la que todas nos sintamos a gusto con lo que hacemos. Málaga está hoy por hoy en venta, y es algo que tenemos que evitar. ¡Málaga no se vende!
GC: ¿Entonces tendremos la Casa Invisible por muchos años? ¿Cuál es su valor para Málaga?
Claro que sí, la Casa Invisible se queda. Esta comunidad ha mantenido durante casi once años una ingente actividad cultural y social para toda la ciudad. Ahora se habla mucho de la Málaga cultural, pero sería un ejercicio de honestidad interesante por parte del Ayuntamiento pensar qué hubiera sido de esa Málaga cultural sin la Casa Invisible. Es incalculable la enorme cantidad de artistas locales que han pasado por aquí, que han empezado aquí. Eso lo saben muy bien tanto los gestores culturales de la institución como la propia institución. Algunos de los artistas malagueños actuales más reconocidos no sólo es que hayan pasado por la Casa Invisible, es que hacen suya la Casa Invisible, como puede ser el caso de Rogelio López Cuenca, Chantal Maillard o Alfonso de la Pola. Este último ha sido recientemente Premio Nacional de Circo. Chantal, como poeta, también lo recibió en 2004, y Rogelio, que ya en 1992 fue Premio Andalucía de las Artes Plásticas, es posiblemente uno de los artistas plásticos y visuales con más proyección dentro del Estado. Obviar esto es imposible.

«sería un ejercicio de honestidad interesante por parte del Ayuntamiento pensar qué hubiera sido de esa Málaga cultural sin la Casa Invisible»

Suponemos que el valor de la Casa Invisible para Málaga es ese. Haber sido y seguir siendo un pulmón de cultura, arte, saberes, pensamiento, formación e investigación para la ciudad. No el único, no el más importante quizás, pero sí uno imprescindible.