Ángel Terrón

La definición habitual que recogen los diccionarios sobre el término «Economía», como administración de bienes o ciencia relacionada con ello, apenas refleja lo que normalmente nombramos con esa palabra. El análisis de la economía financiera se ha vuelto complejo hasta para los propios banqueros que capitanean esos grandes barcos que parecen flotar sin rumbo en un océano, y para los que la ciudadanía pone el combustible y, cuando encallan, el rescate.
Curiosamente, cuando analizamos la economía de países y empresas, lo hacemos de una manera muy simple: ¿ganan o pierden dinero? Es un balance que no muestra nada que importe, como por ejemplo si esa empresa o actividad respeta la dignidad de las personas, construye o destruye comunidad, preserva o contamina nuestro aire y agua. Necesitamos otras maneras de gestionar nuestros recursos y de evaluar nuestra actividad económica.
Por contra, la Economía del Bien Común (EBC) vendría a ser un sistema económico alternativo, al margen de los mercados financieros, y que propone, en función de valores humanos universales, la construcción de una buena vida para todos los seres vivos y el planeta. Es un proceso abierto en cuanto a sus resultados, participativo, de crecimiento local, aunque de efectos globales.

«El llamado “Balance del Bien Común”, perfectamente definido, aunque en constante evolución, relaciona los valores de dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, transparencia y participación democrática con sus actores y receptores: las personas, la comunidad y el medio ambiente»

Este enunciado se quedaría como un brindis al sol más si no fuera por su principal herramienta, una matriz para valorar las actividades, las empresas, las comunidades y las personas en función de esos valores. El llamado «Balance del Bien Común», perfectamente definido, aunque en constante evolución, relaciona los valores de dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, transparencia y participación democrática con sus actores y receptores: las personas, la comunidad y el medio ambiente.
Bajo esta idea, en el año 2010, junto a un grupo de empresarios también austriacos, Christian Felber inició el desarrollo práctico del modelo de la Economía del Bien Común como una alternativa real al capitalismo de mercado y a la economía planificada. Desde entonces se han multiplicado las empresas, municipios y comunidades del Bien Común. En España, la Economía del Bien Común se extendió a través del propio Christian Felber, la Asociación Federal Española para el Fomento de la Economía del Bien Común y personas como Diego Isabel La Moneda, quien expandió el modelo a Latinoamérica e inició el proceso de aprobación del Dictamen del Comité Económico y Social Europeo «La Economía del Bien Común: un modelo económico sostenible orientado a la cohesión social».
De todo ello se habló en abril de 2017 en Málaga, ya que nuestra ciudad acogió el Foro Global NESI sobre Nueva Economía e Innovación Social, en el que se citaron formas alternativas de entender y valorar nuestras actividades, mucho más numerosas e importantes de lo que pudiera parecer. En Málaga hay ejemplos.
En la provincia de Málaga, la Asociación Nueva Alternativa de Intervención y Mediación (NAIM) lleva desde 2015 aplicando el Balance del Bien Común como herramienta de medición de su impacto en la sociedad. Esta asociación tiene como principal fin la promoción del desarrollo integral de distintos sectores de población, preferentemente los que corresponden a la infancia y juventud que se encuentren en situación o riesgo de exclusión social. Promueve diversos proyectos de desarrollo integral destinados a estas personas, y especialmente a jóvenes.
La mayor parte de sus actividades giran alrededor de la orientación laboral, la formación para el empleo y la inserción sociolaboral. Además ha promovido tres empresas de inserción en distintos sectores de actividad. Los proyectos que lleva a cabo se centran en Málaga capital (barriadas de Palma-Palmilla, La Corta, Bailén-Miraflores) y en las localidades de Antequera y Alameda.
Trabajar por la inserción sociolaboral implica también promover y facilitar cambios en las estructuras económicas que generan la desigualdad y la exclusión. Es por ello que esta asociación malagueña participa activamente en el movimiento de la Economía del Bien Común.
Ejemplos como el de NAIM, y otras empresas de la asociación REDVERSO por una economía verde, solidaria y del Bien Común, también participante del movimiento EBC en Málaga, nos conectan con otra visión de nuestra sociedad más cordial, sana y sostenible. Nos proponen preguntarnos y analizar, precisa y sinceramente, si nuestra actividad proporciona calidad de vida o es solamente un libro de contabilidad más.