El Palo se organiza para frenar la amenaza especulativa y defender su singularidad

El 25 de mayo de 2017 casi 130 vecinas y vecinas del Palo, el popular barrio del Distrito Este, celebraron su primera reunión en las dependencias del colegio SAFA-ICET bajo el nombre de Asamblea Regeneración del Palo. Su objetivo era claro, organizar las reivindicaciones, algunas ya históricas, del barrio para que por fin el equipo de gobierno acometa las medidas urgentes y oportunas: desde la descontaminación de las playas hasta los problemas de limpieza o accesibilidad y, cómo no, el deslinde de las casa más cercanas al litoral. Charlamos con varios de sus miembros, todas y todos antiguos residentes, sobre el barrio: los orígenes, las problemáticas actuales, las perspectivas de futuro…

El origen de El Palo: de las cuevas de Miraflores al palus

José Enrique Martínez de la Osa: Hay unas cuevas del Neolítico donde se han encontrado pinturas rupestres y que de forma natural se han ido utilizando como vivienda. Más recientemente se ha ido construyendo a partir de ellas y las cuevas originales se han dejado como almacén. La zona siempre ha tenido una doble relación con la mar y la tierra: se ha vivido de la pesca, pero también, y mucho además, de la agricultura.
Tenemos varias leyendas sobre su origen. Una de ellas es que el nombre de las cuevas procede de un algarrobo loco (una especie del algarrobo) que unas inundaciones arrancaron de raíz y lo arrastraron a la mar, que lo devolvió al rebalaje. Como aún continuaba verde brotó, y de ahí viene «Mira, flores en El Palo», Miraflores del Palo, una zona del barrio. Cuando luego se secó parece ser que los pescadores dejaban ahí sus zurrones. Es una leyenda y parece que el origen viene de la época de los romanos. Entonces era una zona pantanosa y de marismas, de ahí que le llamaran palus, que en latín significa marismas. La playa de El Deo viene de Playa de los dioses, del latín deus.
Hoy por hoy El Palo tiene el carácter castizo de un barrio de pescadores, aunque cada vez menos…

Rafael García El Puchero: …por todo lo que le han quitado. Si hablamos de la carretera de Salvador Allende, que era por donde pasaba la vía del tren, la parte de abajo ha sido siempre un barrio de gente marinera. A finales del siglo XIX aún había poca gente viviendo, pero entonces se dio una hambruna en la parte de la Axarquía debido a una plaga de filoxera que arruinó la uva. La gente tuvo que emigrar, muchas vinieron a las fábricas que empezaban a surgir en la zona oeste de la ciudad. Pero otras optaron por continuar con un modo de vida más similar, se vinieron a la parte de las cuevas, donde continuaron con la agricultura, y otras se asentaron en la parte de la playa, como mi familia, que venía del Rincón, y ahí empezaron a practicar la pesca, aún combinada con la agricultura. Se construían sus chabolillas. Lo que entonces se llamaba Comandancia de Marina les permitía hacer las construcciones para los enseres de pesca, en las que además las familias dormían.
En los años sesenta en El Palo había más de 100 barcos entre sardinales, barquitos de bolichillo y jábegas. Se veía movimiento en la playa durante toda la noche. Durante el día se arreglaban los enseres de pesca y después de comer dormían junto al barco durante dos o tres horas. Entonces la playa estaba muy limpita y era chino rico, no como ahora, que es fango.
Luego, en los años ochenta, empezaron a quitar toda la pesca del litoral, la Guardia Civil empezó a pedir documentación, a pedir papeles, te mueves un poco con cualquier cosa y están todas las policías que parece que estás cometiendo un delito. Te quitan el barco, se llevan el motor, te ponen una multa: una persecución increíble. Lo que ha quedado en la zona del Palo son los cuatro barquitos de pesca deportiva.
A mí me hubiese gustado al jubilarme tener mi barquito y mis redes como yo sé prepararlas y hacerlas, que es mi oficio, habría sido un poco de ayuda a la casa. Al igual que hay gente que se jubila y tiene su terrenito y siembra, pero nosotros que hemos vivido siempre de la mar no podemos.

José Enrique Martínez de la Osa: Los culpables son los que no tenían conciencia. Una vez que viene el turismo en los años sesenta el desarrollo urbanístico de este barrio es brutal. La demanda del pescaíto frito, del inmaduro, porque lo que se ofrecía como chanquete era el alevín; además de las malas técnicas de arrastre, que han removido mucho el fondo, y claro, la bahía se agotó, como se agotaron las coquinas, las peregrinas… Tanta demanda motivó que hubiera una veda permanente.

Rafael García El Puchero: Pero eso no viene por lo que estás diciendo. ¿Por qué no hay pescado en la bahía? Por lo que tiramos a la depuradora. El pescado no viene como antes a la orilla a echar las crías porque sabe que muere por la contaminación, y echa las crías mucho más adentro. La arena no es la misma, los chinorros no son los mismos.
Yo he estado pescando al arrastre, que es lo que más daño hace, y hemos pasado por 25-30 metros de profundidad y cuando hemos echado el arte arriba lo hemos tenido que echar a un lado porque estaba lleno de vertidos. Eso va criando una plasta en el fondo que va creciendo, y lo que hay debajo, como el plancton, no se mueve, y entonces no hay comida para los peces. Ahora se está pescando mucho menos que antes. Vé a un restaurante y pídele pescado fresco, a ver qué te va a poner. No tienen nada, te lo sacan congelado.

Las casas de la playa:  conseguir escrituras frente a la especulación

Rafael García El Puchero: Las casas, como contábamos, se fueron construyendo poco a poco en la playa, y allá por el año 1946 dieron una serie de papeles, como una especie de escrituras, pero luego, en la Comandancia de Marina, se ve que se arrepintieron, y volvieron a las familias: «Oye, mira, los papeles que os hemos dado nos los vamos a llevar para daros unos papeles más en condiciones». Y hasta hoy… Y claro, desde las chabolas iniciales hemos ido evolucionando poco a poco y arreglando nuestras casas. Los que hemos nacido ahí hemos cogido las casas de nuestros padres, arreglándolas con nuestro esfuerzo y ahorros, porque el banco, al no tener escrituras, no te presta.

José Enrique Martínez de la Osa: Estas casas eran para enseres de pesca, las chabolas no las quería nadie. Antes del turismo, que puso de moda el moreno, la nobleza tenía el moreno como algo chabacano. Cuando se pone de moda el turismo es cuando empiezan la especulación y el desarrollo a cargarse todos los núcleos de la primera línea de playa, como ha pasado en Huelin y se intenta en El Palo, solo que aquí, al tener su propia identidad, los vecinos han conseguido con mucho esfuerzo, hasta ahora, impedir que esto ocurra.
En Pedregalejo, ¿qué está pasando? Pues todo lo que ha pasado en la Carihuela. Antes vivir al lado del mar no lo quería nadie y ahora todos quieren vivir frente al mar, y la costa está sometida a un proceso especulativo muy grande. De hecho, este alcalde, en el avance del Plan General, proponía abrir calles y «esponjar». En Huelin o San Andrés han echado a todo el mundo; tú vas a San Andrés y aquello… no estás en Málaga. Por eso la gente prefiere venir al Palo, que sigue conservando ciertas tradiciones, aunque este alcalde se lo está cargando: ya no hay júas, ya no se puede espetar, ya no se pueden hacer moragas, ya está todo prohibido, cuando antes la gente dormía en la arena, en la playa. Todo eso se acabó. Lo que pasa con las casas en la playa es que las quieren quitar y los vecinos del Palo no se quieren ir. Como en Pedregalejo, que está viniendo gente de fuera, ahora se ha puesto de moda la palabra gentrificación, nosotros lo llamábamos «carihuelización».

Rafael Caparrós: Yo he nacido ahí. Anteriormente había un problema bastante grande con los temporales: el mar llegaba a las casas, entraba por un sitio y salía por otro. Las casas siempre tenían dos puertas por eso. Nadie quería vivir en la playa por los temporales: cuando el viento soplaba de levante aquello era terrible, y cuando soplaba de poniente, lo mismo, y nos tirábamos tres días con temor. La Guardia Civil venía de noche advirtiendo a la gente que si la marea subía se tenían que ir de las casas; y eso era a finales de los ochenta.
Luego se hizo la regeneración del Paseo marítimo y los espigones a finales de los ochenta. A raíz de ello todo el mundo quiere vivir en El Palo, porque ya no está el peligro en la zona de la playa, que es lo más paradisíaco. Y ese es el motivo de que las administraciones quieran echarnos de aquí para especular y hacer negocio. Por eso estamos luchando y no lo vamos a permitir, y seguiremos luchando hasta conseguir las escrituras de nuestras casas.

Toñi López: Hay una anécdota que me pasó cuando era pequeña: yo también nací en la misma casa de la playa, mi abuelo era patrón de jábega y mis tíos también. Un día, tenía yo 7 años -el agua entraba a las casas de las playas-, me despierto y veo que traen a un vecino mayor y lo meten en la cama de mi madre, porque había entrado el mar a su casa. Por la mañana todos los vecinos fuimos a su casa a sacar la arena que había entrado del mar.

Luis Ares: Vamos a luchar hasta el final. Hemos tenido varias reuniones con el delegado de Costas y nos ha dicho que él no necesita los terrenos de las casas para nada, que no nos preocupemos, que no van a llegar las máquinas ni nada de eso. Entonces, si no quieren los terrenos, si no van a llegar las máquinas, ¿por qué no nos dan los permisos para escriturar ya? Esa es la lucha que tenemos constante.
Algunas veces han venido los políticos buscando el voto y diciendo que ya vamos a tener las escrituras para el mes siguiente, que si esto que si lo otro… ¡mentira! Todo es especulación. Un día, otro día, un año, otro año…, y así llevamos muchísimo.
Lo que tenemos que hacer es unirnos toda la barriada, todo El Palo, todo Pedregalejo y luchar por lo que es nuestro desde hace muchísimos años. El abuelo de mi mujer es nativo de aquí, mi suegra igual, mi mujer lo mismo, han nacido aquí, en la playa ¿Y ahora un señoritingo, porque lo están poniendo todo muy bonito, se quiere venir aquí por cuatro perras gordas y a nosotros que nos echen?

El Paseo marítimo

Manuel Hijano: Del Paseo marítimo seguimos escuchando cosas, principalmente de Medio Ambiente y de la Gerencia de Urbanismo, porque la propuesta del ayuntamiento es hacer un paseo marítimo para quitar desconchones, de parcheo, cuando lo primero que hay que hacer es solucionar el tema de las estaciones de bombeo de aguas residuales, que el ayuntamiento cumpla la sentencia 16-81 de 2015, que tiene ya 2 años. Para esto necesitamos un ayuntamiento que reconozca que se ha equivocado al implantar las estaciones de bombeo de Jaboneros y Gálica en zonas verdes, y que las tiene que retirar de acuerdo a la ley y la sentencia.
Una vez que se cumpla la sentencia y se retire la estación de bombeo, habrá que hacer nuevas canalizaciones que lleguen a la EDAR (la depuradora del Peñón del Cuervo).
Lo que no se puede hacer es arreglar el Paseo para uno o dos años y después volver a levantar para hacer las canalizaciones. Si no se hacen bien seguirá habiendo vertidos a las playas, eso es irremediable, sabemos dónde están las tuberías por las que salen los taponazos que vierten a la costa, tenemos fotografías de estos vertidos en las playas. Si no se comienza la casa por los cimientos, es decir, retirada de la estación de bombeo para cumplir con la ley, separar las aguas pluviales de las fecales, hacer una canalización en condiciones que dure muchos años, volveremos al parcheo de ahora.
Con respecto a la peatonalización, lo primero que hay que hacer es buscar un emplazamiento para los entre 80 y 100 coches que aparcan diariamente. ¿Dónde aparca la gente que ahora lo hace en calle Banda del Mar y Quitapenas? No hay un solo lugar.

José Enrique Martínez de la Osa: Estamos pagando un canon de vertidos bestial en el recibo del agua, nos han subido la tarifa… Alguien tendría que hacer cuentas de lo que se ha recaudado en canon de depuración; la depuradora funciona mal, y la otra no está terminada. Además, el sistema que hay está mal diseñado, porque mezcla las aguas de lluvia con las aguas fecales.

Luis Ares: Nos tienen abandonados totalmente, cuando paseamos por el paseo marítimo está asqueroso, parcheado, boquetes por todas partes, suciedad… ¿Quieren aburrirnos para que nos vayamos? No lo van a conseguir. Hay una zona en cierta parte de Pedregalejo que todos los días baldean y limpian, y nosotros estamos dejados de la mano de dios. Tenemos un ambulatorio y no hay una sola ambulancia, con la cantidad de criaturas que viven por aquí, que está Jarazmín, La Mosca, La Araña, El Palo, Olías… ¡y no hay una ambulancia! Que se pone cualquier persona mala y tardan 25-30 minutos en llegar. Hace cuestión de 10 años pusieron un alumbrado para la playa. Se alumbró el primer año varios días y después se acabó. Ese gasto de dinero, ¿para qué? Y así con todo… ¿Por qué nos tienen tan olvidados, cuando nos vamos a 200 metros y están regando las calles todos los días?

La Cementera

José Enrique Martínez de la Osa: Hay una antigua cementera ubicada en La Araña desde principios del siglo pasado. De repente a alguien se le ocurrió la feliz idea de convertirla, además, en una incineradora. La propia Junta de Andalucía ha invertido dinero ahí, y donde antes solo se hacía cemento, ahora también se queman todos los residuos industriales, de hospitales, animales… Y para ello utilizan combustible a partir del caucho de las ruedas de camiones.
Incumplen la normativa de tráfico de mercancía pesada, puesto que por un núcleo urbano no puede circular, cuando los camiones podrían ir por la autovía, que incluso les costaría menos. El ayuntamiento se excusa en que tiene que estudiar la normativa, cuando además se han aprobado mociones en el pleno para que no sigan pasando. No sabemos qué clase de residuos traen esos camiones, y el día que haya un accidente nos vamos a enterar. La torre de la incineradora también incumple la normativa por su altura, y hay una sentencia de ilegalidad.
La incineradora está trabajando sin licencia de obra, porque la sentencia la echa abajo, pero sin embargo el ayuntamiento no hace nada porque han recurrido, y mientras recurren, pues siguen trabajando.
Además, es una falacia hablar de puestos de trabajo, porque sabemos que ahí trabajan cuatro personas porque está todo automatizado.
A la empresa, Goliat, le ha venido de perlas, porque está ganando más dinero que nunca. Nos han llegado noticias de que están trayendo residuos de otras provincias, incluso de Marruecos. No sabemos lo que ocurre y nadie nos lo cuenta. Hace unos años la Junta de Andalucía tenía un laboratorio y analizaba los componentes de la atmósfera y los publicaba. Ahora nada. No sabemos qué sale por esa boca de chimenea.

Luis Ares: Antes permitían la visita de personas ajenas, pero ahora, por algún motivo, ya no está permitida la entrada.

Manuel Hijano: Y esos vertidos afectan, como mínimo, a toda la zona desde Marbella para acá.

El turismo y el futuro

Manuel Hijano: Este Ayuntamiento parece empeñado en acabar con lo que nos singulariza. Yo me acuerdo del cenachero, que venía, llenaba los cenachos y salía desde las playas del Palo dirección a la ciudad. El cenachero ha sido y sigue siendo un referente para los malagueños. Pues bien, casi ningún malagueño tiene idea de dónde está ubicada actualmente la estatua que lo recuerda, a nadie se le ocurre poner algo tan sensible y notorio para esta ciudad escondido a la entrada de un párking, metido entre la maleza. Esto es solo un ejemplo muy simbólico del modelo de ciudad y turismo que se sigue desde este ayuntamiento.
Aquí en el barrio están empezando a surgir muchos apartamentos turísticos, que quitan oferta de alquiler y suben los precios. Esos apartamentos no pagan a Hacienda, mientras que los negocios hosteleros están pagando todo lo que se exige. Luego están las sillas del Paseo, hay una normativa que dice cómo se deben disponer, pero no se lleva a efecto porque el concejal, Julio Andrade, parece no existir. La regeneración del Paseo marítimo habrá que estudiarla para que no se haga un paseo donde en vez de coches o ciudadanía solo haya sillas de establecimientos.

Rafael Caparrós: Queremos un estudio, y en consenso con los vecinos, respecto al Paseo marítimo. No queremos que pase lo mismo que en Pedregalejo, donde está todo masificado de bares. Allí los vecinos no pueden dormir. Lo que se quiere es recaudar cuantos más impuestos mejor con tantos bares como hay.
Respecto a la calidad de la playa, tenemos un problema con la arena que se cogió cuando se hizo la regeneración del Paseo marítimo. La arena es fango del mismo fondo del mar, cuando sopla el viento parece un desierto, todo de polvo. Ya lo hemos denunciado muchísimas veces. Nosotros hemos pedido que cambien esa arena, y los técnicos son los que tienen que decir la forma.

Rafael García El Puchero: Lo que pasó con la arena es que, pegado al rebalaje, digamos que donde el agua limpia la arena, se crían unos chinorritos (una arena muy fina que está siempre lavada). Si te vas metiendo más hacia adentro del mar es donde se cría la coquina; dos o tres metros más adentro se crían las almejas, porque cada especie tiene su hábitat. Si sigues más, se cría la chocha, y más, la concha fina; luego los búsanos, que ya no quedan, y un poco más allá, la peregrina o la vieira. Justamente de ahí es de donde se sacó toda esa arena para la playa. Se hizo tanto daño que ahí ya no cría ni un 10% de lo de antes. Cuando entró el barco ahí, que era una chupona, se llevó el pulpillo, los calamaritos, todo. Por eso no hay coquinas, ni almejas, ni nada.

Manuel Hijano: Por todos estos motivos es que recientemente, desde distintas asociaciones del barrio, convocamos una Asamblea, a la que asistieron unas 130 personas, para tratar estos temas y ver cómo abordar soluciones ante la inoperancia del Ayuntamiento. Nos hemos constituido como la Asamblea Regeneración del Palo para seguir luchando por soluciones para el barrio.

El barrio de Lagunillas

«El proyecto de las tecnocasas destrozó el
barrio de Lagunillas y nunca se realizó»

Si un barrio está dando que hablar en los últimos tiempos es Lagunillas. En los bordes de la almendra histórica, Lagunillas ha sufrido una brutal degradación debido a la incompetencia de las Administraciones, algo de lo que dan prueba sus numerosos solares. Sin embargo, desde hace unos años el barrio se está revitalizando a marchas forzadas gracias a su vecindario, que ha recibido la aportación de nuevas y nuevos inquilinos cargados con iniciativas y creatividad, hasta el punto de que ya se habla del #RealSoho. No obstante, su ubicación estratégica lo coloca al filo de la amenaza especulativa. ¿Qué está pasando en Lagunillas? ¿Resistirá al empuje gentrificador? Hablamos de ello con dos vecinos muy activos del barrio, Raúl y Ventura, que forman parte de la asociación Lagunillas Porvenir, creada el año pasado.

Gente Corriente: Lagunillas es un barrio del centro de la ciudad, justo a las espaldas del Teatro Cervantes y a unos pocos metros de la plaza de La Merced, ¿podéis contarnos algo de su historia?

Raúl: Lagunillas es un barrio histórico de finales del XIX, un enclave muy interesante porque estamos en la periferia de la ciudad, fuera de las murallas, y las zonas que lo rodean son muy antiguas. Por ejemplo, calle Negros se remonta al siglo XVI, y en ella el obispo liberaba a los esclavos que había comprado previamente en el puerto. Poco después llega a la Cruz Verde (que como el Altozano, es anterior a Lagunillas) una comunidad zingara que se mezcló con la población de origen africano. Su nombre deriva de que allí hubo una Casa de la Inquisición que ponía cruces verdes en las puertas de los herejes.

 

El barrio de Lagunillas en sí es un pequeño triángulo que se encuentra entre la calle Frailes, el Jardín de los Monos, la calle Victoria por un lado y Cruz Verde por el otro. Debe su nombre a unas pequeñas lagunas formadas por la filtración de las que entonces había en El Ejido. El agua siempre ha sido muy importante en Lagunillas de hecho, en torno a 1820 existió una fuente que traía el agua del acueducto de San Telmo y proporcionaba trabajo a los aguadores que rellenaban allí sus vasijas para repartirlas por las casas. Esa fuente con el tiempo se sustituyó por otra, de la que no hay rastro, lamentablemente. Cuando finalmente se construye, la calle Lagunillas se convierte en la zona comercial y de mercado de todo el entorno.

En el siglo XX tiene dos momentos álgidos, uno antes de la Guerra Civil y otro entre los años cincuenta y setenta. En Lagunillas se daban todas las tipología del comercio tradicional que vendía en la calle, como cenacheros, lateros, traperos, aguadores, aceiteros. Era una calle que además tenía un mercado situado en lo que hoy día es la Federación de Sordos. Llegó a haber hasta 17 comercios de comestibles. Después de la guerra muchos comercios se dedicaron al estraperlo, al tiempo que abundaban las carbonerías.

GC: En toda esta larga historia hay dos grandes puntos de inflexión. El primero de ellos es la etapa de abandono y despoblamiento masivo, con la excusa de las tecnocasas como hito. ¿Podéis contarnos qué ocurrió exactamente?

Raúl: El punto de arranque de este proceso de despoblamiento está conectado con el plan que se desarrolla en la Cruz Verde. Allí había unos asentamientos de población gitana totalmente arraigada. Eran casitas bajas, una zona muy agradable y placentera para pasear. Había una taberna que se llamaba Las Tarantas. Cuentan que cuando Lola Flores venía a actuar al Teatro Cervantes luego se perdía por la zona.

Ventura: Era una zona en la que había varias de las bodegas más importantes de Málaga, que funcionaban como locales de reunión y sociabilidad de la comunidad. Sin embargo, con el nuevo plan la zona cambió completamente. En lo que es Altozano y Cruz Verde todas las casas fueron derruidas y en su lugar construyeron grandes bloques de Viviendas de Protección Oficial, en lo que fue la típica política de la época de generar guetos con población desarraigada, en situación de exclusión social, y sin planificación ni recursos institucionales para la construcción de comunidad. Trajeron una nueva y numerosa población procedente de zonas de exclusión, toda hacinada en grandes bloques, la mayoría de etnia gitana pero, a diferencia de la población anterior, sin arraigo en la zona.

Con ello el contexto social de Lagunillas cambió. Un barrio donde todo el mundo se conocía, donde la gente dejaba la puerta de su casa abierta como en un pequeño pueblo. Con la llegada de la nueva población empezaron a surgir problemas de convivencia, que trastocaban el cotidiano del barrio, la confianza, la libertad, la vecindad. Empezó a irse población del barrio y a cerrar negocios.

Y claro, llegó también, algo que lo daba la época y el contexto, la heroína, la venta y consumo que generó inseguridad. Empieza el declive del barrio y las autoridades no hacen nada para evitarlo, más bien al contrario.

Raúl: Este contexto sirvió para que las administraciones empezaran a decir que el barrio estaba en decadencia, con casas con poco valor patrimonial, según ellas, de mala calidad y en deterioro. Y así entramos en el «gran proyecto» del siglo XXI: las Tecnocasas.

Fue presentado como un proyecto estrella del arquitecto Salvador Moreno Peralta. Consistía en que en zonas de solares y casas expropiadas se construyeran nuevas edificaciones pensadas para gente joven que pudiese tener su lugar de trabajo y vivienda, de manera que se introducía población joven y se revitalizaba el barrio.

¿Qué ocurrió? pues que empezó la batalla de las Administraciones, que no se ponían de acuerdo, el tiempo pasaba, el Ayuntamiento expropiaba y la Junta se encargaba de la construcción de tecnocasas. Y efectivamente se expropiaron y demolieron, con la correspondiente expulsión de la población. Pero el proyecto, las casas, nunca se llegó a realizar. Tenemos casos, como por ejemplo la calle Agustín Moreto, que prácticamente desapareció entera.

Paralelamente se aprovechó para cambiar la trama urbana surgiendo nuevas calles como la prolongación de Coto Doñana que rompió la manzana de Vital Aza en dos, actuaciones innecesarias desde el punto de vista de la vecindad. La idea era que de ese modo se saneaban los barrios. Hoy día, sin embargo, está visto como un error urbanístico alterar la trama urbana irregular sin alineaciones, y de alguna manera bella en sí misma gracias a la espontaneidad con que fue construida y creada: la magia de la arquitectura del XIX.

Este proyecto nunca realizado terminó de destrozar el barrio. Aún hoy día quedan expropiaciones pendientes de pago.

Ventura: Provocó un barrio muerto, vacío, la gente no pasaba por este triángulo, no había nada bueno, mucha basura, mucho escombro, muchos solares, un barrio abandonado…

GC: Pero de repente, y es el segundo punto de inflexión, «Lagunillas mola». ¿Qué ha pasado para que se dé este cambio?

Ventura: En este proceso ha sido clave la figura de Miguel Chamorro, un artista madrileño que vive aquí en el barrio y que viendo la situación quería hacer algo. Para ello creó la Asociación Fantasías Lagunillas, que trabajaba con los niños y niñas del barrio a través del arte, impartían talleres, empezaron a pintar murales. Con el tiempo y la dinámica, otros artistas y colectivos se fueron afincando, era un barrio muy barato para vivir. Y así se fue generando el movimiento actual.

Raúl: En paralelo se produce una recuperación del centro, de la llamada almendra histórica, se trabaja para potenciarlo turísticamente, sobre todo abriendo museos. Y ahí aparece Lagunillas, un barrio en su día periférico, un barrio aledaño, pero que hoy se ubica en la centralidad, con lugares como la Fundación Picasso a escasos 50 metros. Un barrio céntrico, degradado, barato, y con muros en los que poder pintar, suponía un atractivo para la comunidad artística.

GC: ¿Es oro todo lo que reluce en Lagunillas?

Ventura: El barrio ha cambiado mucho. Al atraer a gente, al haber más vida en el barrio, hace que problemas como el abandono o la droga se hayan desplazado algo. Ha venido gente con iniciativa, gente artesana con talleres de imaginería o bordado, centros culturales, talleres creativos, todo ello a su vez atrae un «público» al barrio. El peligro es convertirse en un parque de ocio, como está pasando con muchas partes del centro de la ciudad.

GC: ¿Cómo están cambiando las condiciones de habitabilidad en Lagunillas en estos últimos años?

Raúl: Se está echado a vecinos y vecinas de toda la vida. Ya no estamos hablando de expropiaciones como antaño, ahora no se renuevan los contratos de alquiler. Es el caso por ejemplo del único bar de siempre que queda en calle Lagunillas, el Columbia, que está en proceso de desahucio después de 35 años en el barrio. Apenas a unos años de que se jubile su propietario, intentan echarle para vender ese inmueble, derribarlo y construir seguramente apartamentos turísticos, que es el negocio del momento.

También, al ser un barrio pequeño, la mayoría de las casas ya están vendidas o son propiedad de banco o inversores con ánimo especulativo. Creo que nuestro verdadero enemigo es el apartamento turístico y diría que incluso una hostelería que no esté regulada.

GC: Es recurrente hablar de Lagunillas como del #RealSoho. ¿Qué valoración os merece?, ¿es una valoración compartida en el barrio?

Raúl: Un barrio de creadores no se puede diseñar desde arriba, como ocurrió con el Ensanche (El Soho): es algo que surge espontáneamente, y eso es lo que ha ocurrido en Lagunillas. En realidad tenemos muchas bazas para convertir el barrio en un lugar donde puedan trabajar personas artistas y artesanas, pero lo ideal sería que no tengamos ninguna etiqueta o marca, que no tengamos logotipo, que podamos de alguna manera autogestionarnos las personas creativas, junto la vecindad, que creemos un barrio vivo y dinámico, creativo y artístico, pero fuera de lo que se entiende como «barrio de las artes».

Teniendo una Facultad de Bellas Artes aquí cerca, teniendo la Escuela de Arte de San Telmo, teniendo una serie de viviendas con bajos que se van a construir, se podría organizar un modelo de barrio que tenga conexión con el mundo del arte pero de una manera natural.

GC: Hay prevista una inversión en el barrio de dinero procedente de Europa, ¿qué sabéis de este plan?

Raúl: El proyecto tiene varias fases, en la primera han ido recogiendo a través de una agencia información de agentes del barrio. Lo que parece claro es que este año comienzan con el entorno de calle Carreterías, y al año que viene le tocaría a Lagunillas. El proyecto tiene una fecha límite marcada por Europa para su ejecución, que hay que cumplir, o el dinero se retira. Por otro lado Europa exige que en estos procesos se escuche la voz de la vecindad y asociaciones, y es ahí donde queremos aportar nuestras ideas, que esperamos sean tenidas en cuenta.

Por un lado lo vivimos como una gran amenaza porque tenemos miedo de que el barrio se convierta en lo mismo que es el centro histórico, y por eso nos estamos organizando. Por otro lado es un espacio de oportunidad para este barrio que ha sufrido tantísimo en los últimos años, y creo que ha llegado la hora de que se hagan las cosas bien aprendiendo de los errores del pasado.

GC: ¿Qué Lagunillas le gustaría al vecindario?

Ventura: Un barrio vivo donde toda la vecindad, asociaciones, comercios, todos, tengamos nuestra voz, estemos representados, un barrio donde se respete la arquitectura, la poca que queda, un barrio que no dé la impresión de abandono. Un barrio donde las administraciones se impliquen, con servicios como en cualquier otro barrio, con recursos institucionales.

Raúl: De entrada es un barrio que necesita más gente, y en eso coinciden vecindad y comerciantes. Necesita ser repoblado, aunque no queremos que se llenen todos los espacios, queremos que se conserven plazas y espacios comunes. Que las edificaciones que se creen, se integren y no sean grandes macrobloques.

GC: ¿Se están dando pasos para ello?

Raúl: En noviembre de 2016 formamos una asociación, Lagunillas Porvenir. Queremos ser una asociación que recupere el pasado pero que mire hacia el futuro. Para ello sería muy importante que consigamos que todas las comunidades nuevas que llegan tengan conciencia de lo que ha sido el barrio, de las problemáticas, de lo que es ahora y de lo que queremos. Que los procesos de repoblación del barrio se vayan haciendo paulatinamente, para que se adapten al modo de vivir de Lagunillas, y no se borre y se suplante.

Tenemos la asociación y una Plataforma fuerte de gente comprometida que se va consolidando.

Hay mucha gente escéptica porque son muchísimos años de abandono, pero creo que lo que va a venir va a ser mejor que lo que hay. Creo que se van a originar muchas conexiones y amistades porque existe una tierra de cultivo y un contexto ambiental, un espacio particular, un ambiente, y creo que ha llegado el momento de Lagunillas.

Terrazas y ruidos del Centro

«No solo tenemos que pensar en el Centro como el
escaparate de la ciudad, hablamos de una Zona Residencial»

Gente Corriente: Usted es vecina del Centro, ¿desde cuándo?

María José Soria: Soy vecina del «barrio del Centro» de Málaga desde hace aproximadamente diecisiete años, aunque mi relación con este barrio es mucho anterior, ya que parte de mi familia lleva viviendo aquí desde hace más de treinta años.

GC: En ese tiempo ha cambiado mucho el entorno, ¿qué echa de menos, qué se ha perdido en estos años o cómo os afectan esos cambios?

MJS: Por supuesto que en todos estos años el Centro ha cambiado mucho. Es lógico que las ciudades y los barrios evolucionen, se modernicen y, lo que es más importante, se vuelvan más «amables» para sus vecinos y más atractivos para los que nos visitan, tanto para los malagueños de otros barrios como para foráneos. Hay que tener en cuenta que el barrio del Centro tiene unas características especiales que lo diferencian del resto de barrios de Málaga, pero también, para cualquier decisión que se tome sobre este espacio, sobre sus usos, no solo tenemos que pensar que es el «escaparate» de la ciudad, sino que estamos hablando de una Zona Residencial en la que sus vecinos y vecinas son parte importante. Así que partiendo de que la evolución lógica es la de la mejora, hay que considerar que los cambios que se han producido debemos evaluarlos desde diferentes aspectos.

GG: ¿Puedes señalar alguno de esos aspectos?

MJS: En el plano urbanístico, la peatonalización, qué duda cabe, le ha dado al Centro un aspecto más bonito, libre de tráfico y el ruido constante que generaba –aunque el ruido solo ha cambiado de emisor- y más cómodo para todos aquellos que nos visitan, aunque debería haber sido igualmente más cómodo para los vecinos. La realidad ha sido diferente para los que aquí vivimos.

Evidentemente supone un logro que la mayoría de las calles del barrio –«la almendra»- sean hoy peatonales, pero la contrapartida para los vecinos ha sido diferente. Hemos visto que en la práctica cotidiana, la del día a día de las familias, nos han dejado encerrados. Pocos pueden llegar hasta su casa con el coche, los aparcamientos de superficie prácticamente han desaparecido todos y no se nos ha dado ninguna alternativa de estacionamiento –la lógica obliga a haber tenido en cuenta esta situación, pero en ningún momento del proceso ha sido así-. Es un calvario ya no solo con nuestros propios coches trasladar mercancías necesarias, compras, etc., sino también cualquier compra de envergadura: muebles, electrodomésticos, etc. Los transportistas se las ven y desean para poder entregarlas.

Otro grave problema de la peatonalización, que ha afectado a los vecinos y, como por supuesto era de esperar, ya afecta también a los que nos visitan, es el hecho de que pese a que se nos vendió como un cambio abocado al disfrute, al paseo relajado, ha desembocado en la ocupación obscena de este espacio público, por parte principalmente de la hostelería. Se ha perdido el principio básico de Vía Pública. Ha pasado de ser un espacio de todos a ser un espacio recuperado y habilitado para su explotación privada. Un espacio hecho a medida para ser entregado a un sector determinado. Al final, la consecuencia de la mala gestión, o simplemente la falta de ella por parte de los responsables municipales, ha llevado a la situación que tenemos. La utilización del dinero público que debiera haber revertido en todos, y por supuesto en la mejora de la calidad de vida de los vecinos, no ha quedado en más que en habilitar terrazas para ser explotadas por manos privadas.

GC: Tú hablas de «barrio del Centro».

MJS: Es que otra consecuencia la vemos en cómo se ha ido también perdiendo el concepto de «barrio», y a mí me gusta utilizar el término «barrio del Centro» para hablar de este espacio. El lenguaje ayuda mucho a visualizar lo que estamos hablando, ya que tenemos claro que vivimos en una Zona Residencial, por lo que los vecinos debieran ser importantes.

Hay muchos condiciones que han de darse para hacer barrio y, por desgracia, poco a poco han ido desapareciendo. La mayoría de las veces esta pérdida ha sido intencionada, y no hablo de «obligar a», sino que no se han tomado medidas por parte del ayuntamiento para que no se produjera, e incluso en algunos casos ha sido promotor, como en el caso del Mercado de la Merced.

La mayoría de los vecinos, y es mi caso, percibimos que somos poco importantes y poco rentables. Que sobramos en el Centro. El plan que han trazado para nuestro barrio lo ha convertido en un centro de ocio donde todo está a la venta y donde si no gusta algo a aquellos que nos visitan se cambia por otra cosa por encima de vecinos, patrimonio e historia: necesitamos más espacio para terrazas, pues desarbolamos y ponemos palmeras que acotan menos; que ahora es verdad que nos hemos pasado y a los turistas les gusta el olor a azahar, pues volvemos a colocar naranjos, etc. Hay que generar dinero a toda costa y rápido, mejor cuantos menos vecinos, hay que aprovechar la situación y los que vengan detrás que se las apañen.

El comercio tradicional se ha perdido, salvo algunas excepciones dignas de elogio. Las tiendas que nos han abastecido durante años han desaparecido, escasean los servicios que son normalidad en otros barrios de Málaga, los espacios para compartir, para relacionarnos. Si queremos sentarnos y disfrutar de nuestro buen clima y nuestro ocio debemos hacerlo previo pago de una consumición. No hay bancos, no hay plazas o, mejor dicho, existen pero pertenecen a unos cuantos.

Las calles peatonales para pasear se han convertido en una carrera de obstáculos, muchos de ellos infranqueables. Tenemos dificultades graves de movilidad, exceso de ruidos, de eventos –parece que lo que no se organiza o se hace en nuestro barrio no existe-. Muchas viviendas y edificios con grados diferentes de protección han desaparecido o desvirtuado, tenemos –como antes he comentado- falta de aparcamientos, el barrio está sucio. Es imposible la recogida normalizada de residuos como se realiza en otros barrios. La hostelería genera tanta basura que con la mala gestión que se realiza resulta imposible asumirla. Las calles –salvando el eje de calle Larios- están sucias, las paredes pintorreadas y las pocas comunidades de vecinos que vamos quedando debemos hacer frente continuamente a los gastos del vandalismo que se produce en nuestras calles, en nuestras fachadas o en nuestros portales.

GC: ¿Te has planteado en algún momento mudarte a otro lugar de la ciudad?

MJS: Cuando de madrugada estás despierta porque los usuarios del Centro así lo han decidido de jueves a domingos y fiestas de guardar con sus gritos, cánticos , etc., cuando el camión de riego o de basura les toma el relevo con el ruido de sus motores, cuando has de pagarte un garaje para poder aparcar tu coche –en el mejor de los casos-, cuando los servicios de urgencia tiene una demora establecida de llegada a tu barrio de casi media hora, cuando sales a pasear o simplemente a hacer las compra y debes sortear mesas, sillas, bicicletas, cartelería, cuando es un milagro poder comprar un simple tornillo, cuando miras alrededor y te cuesta reconocer el espacio, cuando ves que tu barrio se ha convertido en un barrio tramoya, en una puesta en escena de todo aquello que solo se encamina a hacer caja, cuando te sientes ninguneada y despreciada… pues sí, te planteas marcharte, pero es triste que esta situación, consentida por los que deben ponerle remedio, te eche de tu casa. Hay que seguir demandando que leyes y normativas municipales se cumplan. Si esto fuera así y hubiese sido así, no nos encontraríamos con problemas de convivencia con otros sectores con los que debemos compartir el espacio de nuestras calles y, por supuesto, los vecinos y vecinas, que existimos, que tenemos nuestros hogares en este barrio, podríamos vivir y no sobrevivir, como hacemos ahora.

GC: Lo cierto es que Málaga pretende vivir del turismo, al que se asocia la hostelería. ¿Podemos permitirnos renunciar a ese turismo y al empleo que genera?

MJS: Cuando los vecinos hablamos de este tema estamos obligados a pronunciarnos de una manera clara: ningún vecino del barrio del Centro está en contra de la actividad hostelera. Sí estamos en contra del cariz que ha tomado esta actividad: sobreexplotación del espacio, ocupación ilegal de la Vía Pública, caso omiso de las ordenanzas y leyes tanto municipales como autonómicas que regulan el sector, hasta el punto de que se ha creado desde la ilegalidad un agravio comparativo con el colectivo de vecinos, en detrimento de la calidad de vida y de nuestros derechos como ciudadanos.

El sector hostelero se ha convertido en el dueño y señor de nuestro barrio. Los vecinos somos tachados de insolidarios, quejicas y tiquismiquis a la hora de denunciar situaciones flagrantes que están a la vista de todos. No es así. Ha sido la dejación de funciones por parte del Ayuntamiento la que ha permitido que actuaciones ilegales de la hostelería se hayan consolidado -derechos adquiridos- y ahora la situación es difícil de reconducir, partiendo de la base de que nuestras autoridades no tienen interés en hacerlo (mala prensa, la fortaleza del colectivo hostelero). Es más fácil seguir haciendo la vista gorda a las irregularidades, actuar de modo simbólico ante las irregularidades con la marcha atrás metida y por supuesto culpar a otros.

Dejo claro que los vecinos no somos los culpables. Nuestro malestar es convertido y traducido la mayoría de las veces por la opinión pública, los medios y el propio sector hostelero como un enfrentamiento irracional y egoísta. No lo es.

Insisto, es más fácil que esto se vea así y se fomente por aquellos que deberían hacer cumplir las leyes. De esta forma pueden ocultar su incapacidad, intereses y mala gestión culpando a otros, haciendo caso omiso de las demandas lícitas de los vecinos y vecinas sobre las actuaciones que puedan emprender. La realidad es que los únicos culpables de la situación que vivimos son ellos.

Dicho esto, por supuesto que no debemos permitirnos renunciar al turismo. Pero para traer al turismo no vale todo.

El turismo, y hablo desde mi percepción personal, viene a ver una ciudad diferente, con unas señas de identidad propias, con una historia determinada que les va a ofrecer imágenes diferenciadoras del resto de las ciudades, que les ofrece una gastronomía típica y cuidada, espacios relajados, edificios representativos y únicos… eso es lo que buscan y no una ciudad que les «acosa», «recreada», preparada para vendérselo todo. Un Parque Temático Turístico. Hay que ponerle remedio al barrio del Centro. Ya hay intervenciones que no pueden deshacerse, que se han perdido para siempre. Málaga no puede permitir que las cosas continúen por este camino. Primero, Málaga pertenece a todos los malagueños, los de hoy, los de mañana y los que ya no están. Enseñemos a los que nos visitan cómo somos de verdad y no inventemos ni manipulemos nada. Sí al turismo respetuoso de ellos para nosotros y de nosotros para ellos.

¿Renunciar al turismo? No.

GC: ¿Cuáles serían las posibles soluciones para abordar todos esos problemas?

MJV: Siempre he pensado que existen soluciones para todo, pero hay que querer encontrarlas. Para ello hay que plantearlas, estudiarlas, consensuarlas con todos los sectores implicados y no tirar de demagogias y chauvinismos baratos, intereses económicos cortoplacistas y, en definitiva, egoísmos particulares. Nunca he visto un debate serio que plantee qué modelos de ciudad queremos y necesitamos, qué debemos preservar, por dónde avanzar sin que ello suponga vendernos a modas y situaciones económicas puntuales. El debate es arduo y sobre todo debemos tener claro que nos jugamos mucho.

GC: ¿Qué está haciendo la vecindad afectada, cómo se está organizando?

MJV: Tratamos de hacernos oír en todo este asunto, aunque, por diferentes motivos, con menos participación y compromiso que el deseado, pero no por falta de interés. Pero para ello creo que es importante pertenecer a una Asociación de Vecinos. Para ser más visibles, por tener respaldo legal, mayor representación y mayor fuerza.

Existen varias asociaciones en nuestro barrio. Yo pertenezco a una de ellas y he tenido años atrás un cargo en la misma, por ello sé que es la vía más efectiva de interlocución con autoridades y demás colectivos con los que compartimos espacio y con los que debemos llegar a acuerdos. Es mucho lo que se trabaja, se propone y se discute en las asociaciones, y siempre en el intento de mejorar la calidad de vida de los vecinos y vecinas. Muchas veces, la lucha, pese a tener la verdad en la mano, es infructuosa porque los intereses políticos, económicos o simplemente personales están muy asentados. Los lobbies que actúan en el Centro tienen una gran fuerza y ante ellos los vecinos poco podemos hacer, aunque tengamos en nuestras manos la fuerza que nos da la razón, el cumplimiento igualitario de las leyes y nuestros derechos constitucionales. Se han conseguido muchas cosas, con mucha dificultad, y esta lucha no es de ahora. La Asociación a la que pertenezco ha sido pionera en la consecución y reconocimiento de los derechos de los vecinos y vecinas que vivimos en este barrio. No podemos dejarlo en el olvido ni dejar de reconocerlo. No se puede estar empezando siempre de cero.

Lo que tengo claro es que para intervenir y hacer algo hay que querer hacerlo y estar ahí. Luchar por todos y todas. Por todas las calles y espacios de nuestro barrio, ya que la problemática es común, y hacerlo con la misma intensidad, sabiendo que se trabaja para un colectivo y que lo conseguido beneficiará igualmente a todos. Hay que crecer y mantener la calidad de vida de los vecinos del barrio de Centro, que, como ya he comentado anteriormente, queremos y tenemos el derecho a seguir viviendo aquí y no solo a sobrevivir.

Charlamos con María José Soria, profesora jubilada y vecina del barrio del Centro. Soria es una activista vecinal, en tanto que no deja de luchar para que los vecinos y vecinas no pierdan calidad de vida en un espacio cada vez más hostil para las familias. Ha trabajado en el seno de la Asociación de Vecinos Centro Antiguo de Málaga, de la que fue presidenta entre 2009 y 2014, de modo que, con su Junta Directiva, ha representado los intereses de los vecinos y vecinas en los diferentes organismos, instituciones y colectivos implicados en la toma de decisiones para con el Centro. Junto con el resto de asociados, fue portavoz de la Plataforma Plaza de Camas. Igualmente, ha formado parte de las iniciativas para reclamar la rehabilitación de la Zona de la judería.

Como vecina afectada, y menospreciada, por las decisiones que se toman para con el barrio, sigue atenta para frenar la ruta trazada por otros en detrimento de los vecinos y vecinas.

Degradación del Patrimonio

«La “crisis” ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá»

 

Anton Ozomek: «La “crisis” ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá».

Anton Ozomek, empresario malagueño y consultor de geomarketing,
desarrolla desde finales de los años noventa su carrera profesional mediante investigaciones sobre paisaje urbano, movilidad sostenible, urbanismo comercial y patrimonio histórico. En esta última faceta, cabe destacar su blog de referencia Edifeicios Centro Histórico de Málaga (http://bodrios-arquitectonicos-centro-malaga.blogspot.com.es). Su labor siempre ha estado muy ligada a la ciudad como fenómeno territorial de especial interés.
Es coautor de publicaciones como Mercados Municipales de Andalucía, Málaga: de ciudad a Metrópolis, Plan Director de la Bicicleta de Málaga, Geografía del desastre: expolio del centro histórico de Málaga 1957-2011) o, más recientemente, Centro Histórico de Málaga 2001-2016: evolución del comercio y la hostelería.

Gente Corriente: ¿Cuál es la situación del Patrimonio histórico en Málaga?

Anton Ozomek: En riesgo máximo de continuación del expolio. No es una hipótesis, es un hecho incontestable. Solo en los últimos 15 años ha desaparecido uno de cada cuatro edificios centenarios que quedaban en la Almendra Histórica. Francisco Pomares, edil de Urbanismo, lo niega, pero le hemos retado mil y una veces a que aporte pruebas, cosa que nunca ha hecho, porque, por supuesto, no puede. Nuestros datos sí son contrastables y verificables y responden al estudio geográfico riguroso mediante cartografía sistemática y análisis de fotografías aéreas, fotografías de archivo, visitas a pie de calle, etc.

GC: ¿Cómo se reparten los grados de responsabilidad en esta situación?

AO: Estado Español, Junta de Andalucía y Ayuntamiento, en primer lugar y a partes iguales (léase, por supuesto: partidos políticos que ocupan el poder). En segundo lugar, promotoras inmobiliarias y arquitectos. En tercer lugar, ciudadanía. Los tres estamentos de la administración pública están haciendo del marco normativo vigente (Ley de Patrimonio Histórico Español, Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía y PGOU-PEPRI) documentación inservible, porque no están cumpliendo ni haciendo cumplir la ley. En cuanto a promotores y arquitectos, o bien no quieren conocer las leyes vigentes o bien se las saltan porque les conviene. Y la ciudadanía, porque su desinterés es casi absoluto en estos temas, y eso a pesar de que les están robando su Patrimonio histórico, su seña de identidad, su riqueza cultural.

GC: Málaga es un ciudad que aspira a vivir del turismo, y que por tanto debería cuidar su Patrimonio, ¿cuál crees que es el motivo de que no sea así?

AO: El turismo de masas, el que puntualmente colapsa la Almendra Histórica de Málaga, genera una economía de posibles pérdidas encubiertas. La balanza final, si se tienen en cuenta todas y cada una de las variables macro y micro económicas, es muy probablemente deficitaria. El proceso de destrucción de la arquitectura histórica es progresivo, por lo que no es perceptible de forma fácil ni para los malagueños, que no se paran a realizar una comparativa rigurosa del antes y el después, ni para los visitantes, que no tienen el marco de referencia para saber si lo que hay es producto de cambios recientes o antiguos. En cualquier caso, al ritmo actual, donde en la Almendra Histórica ya solo uno de cada dos edificios tiene más de un siglo de antigüedad y la otra mitad tiene una edad media de 25 años (¡triste y sorprendente en una ciudad milenaria!), llegará un momento en que será tan obvio que el centro histórico no tiene nada histórico, que ya será tarde para frenar esta locura ilegal pero, a pesar de ello, legalizada.

GC: Sin embargo se ha dado un incremento del turismo en los últimos años en la ciudad, ¿a qué crees que se debe?, ¿qué tipo de turismo es?

AO: No soy experto en dinámicas territoriales turísticas, pero sin duda Málaga ha sido insertada en los circuitos turísticos internacionales, y la existencia de un aeropuerto internacional con vuelos baratos ha sido clave, al igual que el tren de alta velocidad o el puerto crucerista. Pero el turismo no se puede evaluar solo desde una perspectiva cuantitativa a medias. El sistema imput-output debe completarse y verificarse para determinar si existe auténtica rentabilidad o no.

 

GC: ¿Cómo ha cambiado el modelo de ciudad orientada a este tipo de turismo, la fisonomía y usos de la ciudad en los últimos años?

AO: Hablo solo de lo que ha sufrido el cambio más drástico: la Almendra Histórica. El cambio de actividades económicas ha sido intensísimo en los últimos 15 años. En 2001 por cada establecimiento hostelero en la zona, había 2,6 comercios. En 2016 la proporción es ya de 1,5 y la tendencia parece muy acelerada, provocando una monotematización del espacio urbano que genera muchas patologías, entre otras que se vuelva a hablar de pérdida demográfica de residentes en la zona, cuando en la década de los 1990 se había logrado revertir el problema. En Málaga, como en otros tantos lugares del mundo, se puede hablar con total propiedad de una gentrificación de manual.

GC: ¿Cómo afecta este turismo a la ciudad, en qué medida beneficia o perjudica? ¿Este turismo está generando empleo y riqueza a la ciudad?

AO: No dispongo de datos para valorar con rigor este asunto. Opino que es deber de las administraciones públicas generar información técnica de calidad y puesta a disposición de cualquiera, para poder extraer conclusiones serias. Pero esa información o no existe, o no está disponible por falta de transparencia. ¿Existe una alternativa a este modelo de turismo? Por supuesto que existe. Personalmente apuesto por el turismo como motor económico para el centro de Málaga. Pero el equilibrio del sistema se ha roto y eso no es bueno para la ciudad. En otras muchas ciudades del mundo (Venecia, Buenos Aires, New York…) ya se están tomando todo tipo de medidas para frenar e incluso revertir los procesos gentrificadores. Porque allí sí se han hecho las cuentas económicas completas, y se ha visto que matar a la gallina de los huevos de oro fue un grave error.

GC: ¿Más allá del turismo existe una alternativa de modelo de ciudad?

AO: El Plan Estratégico de Málaga apostaba hace décadas por una Málaga turística y tecnológica. Nos hemos quedado con el turismo, pero el PTA (Parque Tecnológico dd Andalucía) nunca logró despegar del todo ni extender el modelo al resto de la ciudad. La apuesta sigue siendo la misma: ahora lo llaman Smart City, pero ya veremos si se llega a materializar o será un nuevo castillo de arena.

GC: ¿En ese modelo de ciudad, qué papel podría jugar el Patrimonio, está todo perdido?

AO: Málaga no posee monumentos emblemáticos, de modo que si hubiese conservado su patrimonio arquitectónico podría tener un altísimo valor de conjunto. Es lo que tiene, por ejemplo, la Ciudadela de Ibiza, que es Patrimonio Mundial de la Unesco por su valor de conjunto, porque tampoco cuenta con monumentos individuales de gran relevancia. Pero la mitad de ese patrimonio ha desaparecido en pocas décadas, por lo que ya no existe remedio para eso. Otra cosa es que se intente frenar el expolio y se pongan en valor otras dimensiones culturales que hasta ahora no lo han sido convenientemente, como por ejemplo las pinturas murales, aunque al quedar tan pocas no creo que fuera suficiente. El patrimonio histórico es cada vez más una pieza de museo, pero la arquitectura histórica no cabe en un museo, pues su lugar es la calle, de donde nunca debió perderse.

GC: ¿Tú participas activamente en la defensa del patrimonio, sois muchas personas trabajando activamente?

AO: Activamente, lo que se dice de forma constante, dedicando suficiente tiempo, no hay quizás ni diez personas en la ciudad luchando y denunciando el expolio patrimonial. Contando acciones y participaciones más puntuales, no hay ni cien personas. Y contando momentos muy concretos (como la manifestación por La Mundial), unas quinientas. En algunas recogidas de firmas, mil. En suma, cifras irrisorias para una ciudad de más de medio millón de habitantes. El símil de David contra Goliat es más real que nunca en temas de patrimonio histórico, y aunque ganamos algunas batallas, la guerra está perdida hace tiempo, porque la inmensa mayoría de los malagueños así lo quieren y porque las estadísticas de pérdida de inmuebles centenarios son incontestables.

A demasiados malagueños no les importa su patrimonio histórico ni están dispuestos a dedicar siquiera un minuto a firmar una petición de apoyo en internet. Por el contrario, esas otras personas que he mencionado antes se merecen todo mi reconocimiento y enhorabuena. Sin ellas, yo también habría arrojado la batalla hace tiempo, aunque siempre nos queda la esperanza de las hemerotecas del futuro, donde la sociedad podrá saber que algunos estuvimos luchando por evitar esta vergüenza.

GC: ¿Has visto un evolución en los últimos años en el apoyo a la defensa del Patrimonio?

AO: Sí, totalmente. Pero no en todas las dimensiones necesarias. La implicación ciudadana sigue siendo entre nula e insustancial. Pero por ejemplo, los medios de comunicación han pasado de no hablar de nada a tener auténtico interés por cubrir noticias que tengan que ver con la defensa del patrimonio histórico malagueño. Por el contrario, la mayoría de los partidos políticos actúa justo en el sentido contrario, como por ejemplo el último acontecimiento, en que PP, PSOE y Ciudadanos han votado en contra de que se constituyera una comisión de investigación por la demolición ilegal del Palacio de Solesio.

GG: Al revisar datos en tu blog sobre los últimos años se aprecia que entre 2012-2016 se han perdido 3 edificios de patrimonio, mientras que solo en 2011 se habían perdido 19, y en los 5 años anteriores (entre 2007-2011) 95 edificios. ¿A qué crees que se debe esta cambio positivo?

AO: A que los expoliadores no ven oportunidades de negocio. Así es el capitalismo. La «crisis» ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá.

Anton Ozomek, empresario malagueño y consultor de geomarketing, desarrolla desde finales de los años noventa su carrera profesional mediante investigaciones sobre paisaje urbano, movilidad sostenible, urbanismo comercial y patrimonio histórico. En esta última faceta, cabe destacar su blog de referencia Edifeicios Centro Histórico de Málaga. Su labor siempre ha estado muy ligada a la ciudad como fenómeno territorial de especial interés. Es coautor de publicaciones como Mercados Municipales de Andalucía; Málaga: de ciudad a Metrópolis; Plan Director de la Bicicleta de Málaga; Geografía del desastre: expolio del centro histórico de Málaga 1957-2011) o, más recientemente, Centro Histórico de Málaga 2001-2016: evolución del comercio y la hostelería.