Degradación del Patrimonio

«La “crisis” ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá»

 

Anton Ozomek: «La “crisis” ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá».

Anton Ozomek, empresario malagueño y consultor de geomarketing,
desarrolla desde finales de los años noventa su carrera profesional mediante investigaciones sobre paisaje urbano, movilidad sostenible, urbanismo comercial y patrimonio histórico. En esta última faceta, cabe destacar su blog de referencia Edifeicios Centro Histórico de Málaga (http://bodrios-arquitectonicos-centro-malaga.blogspot.com.es). Su labor siempre ha estado muy ligada a la ciudad como fenómeno territorial de especial interés.
Es coautor de publicaciones como Mercados Municipales de Andalucía, Málaga: de ciudad a Metrópolis, Plan Director de la Bicicleta de Málaga, Geografía del desastre: expolio del centro histórico de Málaga 1957-2011) o, más recientemente, Centro Histórico de Málaga 2001-2016: evolución del comercio y la hostelería.

Gente Corriente: ¿Cuál es la situación del Patrimonio histórico en Málaga?

Anton Ozomek: En riesgo máximo de continuación del expolio. No es una hipótesis, es un hecho incontestable. Solo en los últimos 15 años ha desaparecido uno de cada cuatro edificios centenarios que quedaban en la Almendra Histórica. Francisco Pomares, edil de Urbanismo, lo niega, pero le hemos retado mil y una veces a que aporte pruebas, cosa que nunca ha hecho, porque, por supuesto, no puede. Nuestros datos sí son contrastables y verificables y responden al estudio geográfico riguroso mediante cartografía sistemática y análisis de fotografías aéreas, fotografías de archivo, visitas a pie de calle, etc.

GC: ¿Cómo se reparten los grados de responsabilidad en esta situación?

AO: Estado Español, Junta de Andalucía y Ayuntamiento, en primer lugar y a partes iguales (léase, por supuesto: partidos políticos que ocupan el poder). En segundo lugar, promotoras inmobiliarias y arquitectos. En tercer lugar, ciudadanía. Los tres estamentos de la administración pública están haciendo del marco normativo vigente (Ley de Patrimonio Histórico Español, Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía y PGOU-PEPRI) documentación inservible, porque no están cumpliendo ni haciendo cumplir la ley. En cuanto a promotores y arquitectos, o bien no quieren conocer las leyes vigentes o bien se las saltan porque les conviene. Y la ciudadanía, porque su desinterés es casi absoluto en estos temas, y eso a pesar de que les están robando su Patrimonio histórico, su seña de identidad, su riqueza cultural.

GC: Málaga es un ciudad que aspira a vivir del turismo, y que por tanto debería cuidar su Patrimonio, ¿cuál crees que es el motivo de que no sea así?

AO: El turismo de masas, el que puntualmente colapsa la Almendra Histórica de Málaga, genera una economía de posibles pérdidas encubiertas. La balanza final, si se tienen en cuenta todas y cada una de las variables macro y micro económicas, es muy probablemente deficitaria. El proceso de destrucción de la arquitectura histórica es progresivo, por lo que no es perceptible de forma fácil ni para los malagueños, que no se paran a realizar una comparativa rigurosa del antes y el después, ni para los visitantes, que no tienen el marco de referencia para saber si lo que hay es producto de cambios recientes o antiguos. En cualquier caso, al ritmo actual, donde en la Almendra Histórica ya solo uno de cada dos edificios tiene más de un siglo de antigüedad y la otra mitad tiene una edad media de 25 años (¡triste y sorprendente en una ciudad milenaria!), llegará un momento en que será tan obvio que el centro histórico no tiene nada histórico, que ya será tarde para frenar esta locura ilegal pero, a pesar de ello, legalizada.

GC: Sin embargo se ha dado un incremento del turismo en los últimos años en la ciudad, ¿a qué crees que se debe?, ¿qué tipo de turismo es?

AO: No soy experto en dinámicas territoriales turísticas, pero sin duda Málaga ha sido insertada en los circuitos turísticos internacionales, y la existencia de un aeropuerto internacional con vuelos baratos ha sido clave, al igual que el tren de alta velocidad o el puerto crucerista. Pero el turismo no se puede evaluar solo desde una perspectiva cuantitativa a medias. El sistema imput-output debe completarse y verificarse para determinar si existe auténtica rentabilidad o no.

 

GC: ¿Cómo ha cambiado el modelo de ciudad orientada a este tipo de turismo, la fisonomía y usos de la ciudad en los últimos años?

AO: Hablo solo de lo que ha sufrido el cambio más drástico: la Almendra Histórica. El cambio de actividades económicas ha sido intensísimo en los últimos 15 años. En 2001 por cada establecimiento hostelero en la zona, había 2,6 comercios. En 2016 la proporción es ya de 1,5 y la tendencia parece muy acelerada, provocando una monotematización del espacio urbano que genera muchas patologías, entre otras que se vuelva a hablar de pérdida demográfica de residentes en la zona, cuando en la década de los 1990 se había logrado revertir el problema. En Málaga, como en otros tantos lugares del mundo, se puede hablar con total propiedad de una gentrificación de manual.

GC: ¿Cómo afecta este turismo a la ciudad, en qué medida beneficia o perjudica? ¿Este turismo está generando empleo y riqueza a la ciudad?

AO: No dispongo de datos para valorar con rigor este asunto. Opino que es deber de las administraciones públicas generar información técnica de calidad y puesta a disposición de cualquiera, para poder extraer conclusiones serias. Pero esa información o no existe, o no está disponible por falta de transparencia. ¿Existe una alternativa a este modelo de turismo? Por supuesto que existe. Personalmente apuesto por el turismo como motor económico para el centro de Málaga. Pero el equilibrio del sistema se ha roto y eso no es bueno para la ciudad. En otras muchas ciudades del mundo (Venecia, Buenos Aires, New York…) ya se están tomando todo tipo de medidas para frenar e incluso revertir los procesos gentrificadores. Porque allí sí se han hecho las cuentas económicas completas, y se ha visto que matar a la gallina de los huevos de oro fue un grave error.

GC: ¿Más allá del turismo existe una alternativa de modelo de ciudad?

AO: El Plan Estratégico de Málaga apostaba hace décadas por una Málaga turística y tecnológica. Nos hemos quedado con el turismo, pero el PTA (Parque Tecnológico dd Andalucía) nunca logró despegar del todo ni extender el modelo al resto de la ciudad. La apuesta sigue siendo la misma: ahora lo llaman Smart City, pero ya veremos si se llega a materializar o será un nuevo castillo de arena.

GC: ¿En ese modelo de ciudad, qué papel podría jugar el Patrimonio, está todo perdido?

AO: Málaga no posee monumentos emblemáticos, de modo que si hubiese conservado su patrimonio arquitectónico podría tener un altísimo valor de conjunto. Es lo que tiene, por ejemplo, la Ciudadela de Ibiza, que es Patrimonio Mundial de la Unesco por su valor de conjunto, porque tampoco cuenta con monumentos individuales de gran relevancia. Pero la mitad de ese patrimonio ha desaparecido en pocas décadas, por lo que ya no existe remedio para eso. Otra cosa es que se intente frenar el expolio y se pongan en valor otras dimensiones culturales que hasta ahora no lo han sido convenientemente, como por ejemplo las pinturas murales, aunque al quedar tan pocas no creo que fuera suficiente. El patrimonio histórico es cada vez más una pieza de museo, pero la arquitectura histórica no cabe en un museo, pues su lugar es la calle, de donde nunca debió perderse.

GC: ¿Tú participas activamente en la defensa del patrimonio, sois muchas personas trabajando activamente?

AO: Activamente, lo que se dice de forma constante, dedicando suficiente tiempo, no hay quizás ni diez personas en la ciudad luchando y denunciando el expolio patrimonial. Contando acciones y participaciones más puntuales, no hay ni cien personas. Y contando momentos muy concretos (como la manifestación por La Mundial), unas quinientas. En algunas recogidas de firmas, mil. En suma, cifras irrisorias para una ciudad de más de medio millón de habitantes. El símil de David contra Goliat es más real que nunca en temas de patrimonio histórico, y aunque ganamos algunas batallas, la guerra está perdida hace tiempo, porque la inmensa mayoría de los malagueños así lo quieren y porque las estadísticas de pérdida de inmuebles centenarios son incontestables.

A demasiados malagueños no les importa su patrimonio histórico ni están dispuestos a dedicar siquiera un minuto a firmar una petición de apoyo en internet. Por el contrario, esas otras personas que he mencionado antes se merecen todo mi reconocimiento y enhorabuena. Sin ellas, yo también habría arrojado la batalla hace tiempo, aunque siempre nos queda la esperanza de las hemerotecas del futuro, donde la sociedad podrá saber que algunos estuvimos luchando por evitar esta vergüenza.

GC: ¿Has visto un evolución en los últimos años en el apoyo a la defensa del Patrimonio?

AO: Sí, totalmente. Pero no en todas las dimensiones necesarias. La implicación ciudadana sigue siendo entre nula e insustancial. Pero por ejemplo, los medios de comunicación han pasado de no hablar de nada a tener auténtico interés por cubrir noticias que tengan que ver con la defensa del patrimonio histórico malagueño. Por el contrario, la mayoría de los partidos políticos actúa justo en el sentido contrario, como por ejemplo el último acontecimiento, en que PP, PSOE y Ciudadanos han votado en contra de que se constituyera una comisión de investigación por la demolición ilegal del Palacio de Solesio.

GG: Al revisar datos en tu blog sobre los últimos años se aprecia que entre 2012-2016 se han perdido 3 edificios de patrimonio, mientras que solo en 2011 se habían perdido 19, y en los 5 años anteriores (entre 2007-2011) 95 edificios. ¿A qué crees que se debe esta cambio positivo?

AO: A que los expoliadores no ven oportunidades de negocio. Así es el capitalismo. La «crisis» ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá.

Anton Ozomek, empresario malagueño y consultor de geomarketing, desarrolla desde finales de los años noventa su carrera profesional mediante investigaciones sobre paisaje urbano, movilidad sostenible, urbanismo comercial y patrimonio histórico. En esta última faceta, cabe destacar su blog de referencia Edifeicios Centro Histórico de Málaga. Su labor siempre ha estado muy ligada a la ciudad como fenómeno territorial de especial interés. Es coautor de publicaciones como Mercados Municipales de Andalucía; Málaga: de ciudad a Metrópolis; Plan Director de la Bicicleta de Málaga; Geografía del desastre: expolio del centro histórico de Málaga 1957-2011) o, más recientemente, Centro Histórico de Málaga 2001-2016: evolución del comercio y la hostelería.

Terrazas y ruidos del Centro

«No solo tenemos que pensar en el Centro como el
escaparate de la ciudad, hablamos de una Zona Residencial»

Gente Corriente: Usted es vecina del Centro, ¿desde cuándo?

María José Soria: Soy vecina del «barrio del Centro» de Málaga desde hace aproximadamente diecisiete años, aunque mi relación con este barrio es mucho anterior, ya que parte de mi familia lleva viviendo aquí desde hace más de treinta años.

GC: En ese tiempo ha cambiado mucho el entorno, ¿qué echa de menos, qué se ha perdido en estos años o cómo os afectan esos cambios?

MJS: Por supuesto que en todos estos años el Centro ha cambiado mucho. Es lógico que las ciudades y los barrios evolucionen, se modernicen y, lo que es más importante, se vuelvan más «amables» para sus vecinos y más atractivos para los que nos visitan, tanto para los malagueños de otros barrios como para foráneos. Hay que tener en cuenta que el barrio del Centro tiene unas características especiales que lo diferencian del resto de barrios de Málaga, pero también, para cualquier decisión que se tome sobre este espacio, sobre sus usos, no solo tenemos que pensar que es el «escaparate» de la ciudad, sino que estamos hablando de una Zona Residencial en la que sus vecinos y vecinas son parte importante. Así que partiendo de que la evolución lógica es la de la mejora, hay que considerar que los cambios que se han producido debemos evaluarlos desde diferentes aspectos.

GG: ¿Puedes señalar alguno de esos aspectos?

MJS: En el plano urbanístico, la peatonalización, qué duda cabe, le ha dado al Centro un aspecto más bonito, libre de tráfico y el ruido constante que generaba –aunque el ruido solo ha cambiado de emisor- y más cómodo para todos aquellos que nos visitan, aunque debería haber sido igualmente más cómodo para los vecinos. La realidad ha sido diferente para los que aquí vivimos.

Evidentemente supone un logro que la mayoría de las calles del barrio –«la almendra»- sean hoy peatonales, pero la contrapartida para los vecinos ha sido diferente. Hemos visto que en la práctica cotidiana, la del día a día de las familias, nos han dejado encerrados. Pocos pueden llegar hasta su casa con el coche, los aparcamientos de superficie prácticamente han desaparecido todos y no se nos ha dado ninguna alternativa de estacionamiento –la lógica obliga a haber tenido en cuenta esta situación, pero en ningún momento del proceso ha sido así-. Es un calvario ya no solo con nuestros propios coches trasladar mercancías necesarias, compras, etc., sino también cualquier compra de envergadura: muebles, electrodomésticos, etc. Los transportistas se las ven y desean para poder entregarlas.

Otro grave problema de la peatonalización, que ha afectado a los vecinos y, como por supuesto era de esperar, ya afecta también a los que nos visitan, es el hecho de que pese a que se nos vendió como un cambio abocado al disfrute, al paseo relajado, ha desembocado en la ocupación obscena de este espacio público, por parte principalmente de la hostelería. Se ha perdido el principio básico de Vía Pública. Ha pasado de ser un espacio de todos a ser un espacio recuperado y habilitado para su explotación privada. Un espacio hecho a medida para ser entregado a un sector determinado. Al final, la consecuencia de la mala gestión, o simplemente la falta de ella por parte de los responsables municipales, ha llevado a la situación que tenemos. La utilización del dinero público que debiera haber revertido en todos, y por supuesto en la mejora de la calidad de vida de los vecinos, no ha quedado en más que en habilitar terrazas para ser explotadas por manos privadas.

GC: Tú hablas de «barrio del Centro».

MJS: Es que otra consecuencia la vemos en cómo se ha ido también perdiendo el concepto de «barrio», y a mí me gusta utilizar el término «barrio del Centro» para hablar de este espacio. El lenguaje ayuda mucho a visualizar lo que estamos hablando, ya que tenemos claro que vivimos en una Zona Residencial, por lo que los vecinos debieran ser importantes.

Hay muchos condiciones que han de darse para hacer barrio y, por desgracia, poco a poco han ido desapareciendo. La mayoría de las veces esta pérdida ha sido intencionada, y no hablo de «obligar a», sino que no se han tomado medidas por parte del ayuntamiento para que no se produjera, e incluso en algunos casos ha sido promotor, como en el caso del Mercado de la Merced.

La mayoría de los vecinos, y es mi caso, percibimos que somos poco importantes y poco rentables. Que sobramos en el Centro. El plan que han trazado para nuestro barrio lo ha convertido en un centro de ocio donde todo está a la venta y donde si no gusta algo a aquellos que nos visitan se cambia por otra cosa por encima de vecinos, patrimonio e historia: necesitamos más espacio para terrazas, pues desarbolamos y ponemos palmeras que acotan menos; que ahora es verdad que nos hemos pasado y a los turistas les gusta el olor a azahar, pues volvemos a colocar naranjos, etc. Hay que generar dinero a toda costa y rápido, mejor cuantos menos vecinos, hay que aprovechar la situación y los que vengan detrás que se las apañen.

El comercio tradicional se ha perdido, salvo algunas excepciones dignas de elogio. Las tiendas que nos han abastecido durante años han desaparecido, escasean los servicios que son normalidad en otros barrios de Málaga, los espacios para compartir, para relacionarnos. Si queremos sentarnos y disfrutar de nuestro buen clima y nuestro ocio debemos hacerlo previo pago de una consumición. No hay bancos, no hay plazas o, mejor dicho, existen pero pertenecen a unos cuantos.

Las calles peatonales para pasear se han convertido en una carrera de obstáculos, muchos de ellos infranqueables. Tenemos dificultades graves de movilidad, exceso de ruidos, de eventos –parece que lo que no se organiza o se hace en nuestro barrio no existe-. Muchas viviendas y edificios con grados diferentes de protección han desaparecido o desvirtuado, tenemos –como antes he comentado- falta de aparcamientos, el barrio está sucio. Es imposible la recogida normalizada de residuos como se realiza en otros barrios. La hostelería genera tanta basura que con la mala gestión que se realiza resulta imposible asumirla. Las calles –salvando el eje de calle Larios- están sucias, las paredes pintorreadas y las pocas comunidades de vecinos que vamos quedando debemos hacer frente continuamente a los gastos del vandalismo que se produce en nuestras calles, en nuestras fachadas o en nuestros portales.

GC: ¿Te has planteado en algún momento mudarte a otro lugar de la ciudad?

MJS: Cuando de madrugada estás despierta porque los usuarios del Centro así lo han decidido de jueves a domingos y fiestas de guardar con sus gritos, cánticos , etc., cuando el camión de riego o de basura les toma el relevo con el ruido de sus motores, cuando has de pagarte un garaje para poder aparcar tu coche –en el mejor de los casos-, cuando los servicios de urgencia tiene una demora establecida de llegada a tu barrio de casi media hora, cuando sales a pasear o simplemente a hacer las compra y debes sortear mesas, sillas, bicicletas, cartelería, cuando es un milagro poder comprar un simple tornillo, cuando miras alrededor y te cuesta reconocer el espacio, cuando ves que tu barrio se ha convertido en un barrio tramoya, en una puesta en escena de todo aquello que solo se encamina a hacer caja, cuando te sientes ninguneada y despreciada… pues sí, te planteas marcharte, pero es triste que esta situación, consentida por los que deben ponerle remedio, te eche de tu casa. Hay que seguir demandando que leyes y normativas municipales se cumplan. Si esto fuera así y hubiese sido así, no nos encontraríamos con problemas de convivencia con otros sectores con los que debemos compartir el espacio de nuestras calles y, por supuesto, los vecinos y vecinas, que existimos, que tenemos nuestros hogares en este barrio, podríamos vivir y no sobrevivir, como hacemos ahora.

GC: Lo cierto es que Málaga pretende vivir del turismo, al que se asocia la hostelería. ¿Podemos permitirnos renunciar a ese turismo y al empleo que genera?

MJS: Cuando los vecinos hablamos de este tema estamos obligados a pronunciarnos de una manera clara: ningún vecino del barrio del Centro está en contra de la actividad hostelera. Sí estamos en contra del cariz que ha tomado esta actividad: sobreexplotación del espacio, ocupación ilegal de la Vía Pública, caso omiso de las ordenanzas y leyes tanto municipales como autonómicas que regulan el sector, hasta el punto de que se ha creado desde la ilegalidad un agravio comparativo con el colectivo de vecinos, en detrimento de la calidad de vida y de nuestros derechos como ciudadanos.

El sector hostelero se ha convertido en el dueño y señor de nuestro barrio. Los vecinos somos tachados de insolidarios, quejicas y tiquismiquis a la hora de denunciar situaciones flagrantes que están a la vista de todos. No es así. Ha sido la dejación de funciones por parte del Ayuntamiento la que ha permitido que actuaciones ilegales de la hostelería se hayan consolidado -derechos adquiridos- y ahora la situación es difícil de reconducir, partiendo de la base de que nuestras autoridades no tienen interés en hacerlo (mala prensa, la fortaleza del colectivo hostelero). Es más fácil seguir haciendo la vista gorda a las irregularidades, actuar de modo simbólico ante las irregularidades con la marcha atrás metida y por supuesto culpar a otros.

Dejo claro que los vecinos no somos los culpables. Nuestro malestar es convertido y traducido la mayoría de las veces por la opinión pública, los medios y el propio sector hostelero como un enfrentamiento irracional y egoísta. No lo es.

Insisto, es más fácil que esto se vea así y se fomente por aquellos que deberían hacer cumplir las leyes. De esta forma pueden ocultar su incapacidad, intereses y mala gestión culpando a otros, haciendo caso omiso de las demandas lícitas de los vecinos y vecinas sobre las actuaciones que puedan emprender. La realidad es que los únicos culpables de la situación que vivimos son ellos.

Dicho esto, por supuesto que no debemos permitirnos renunciar al turismo. Pero para traer al turismo no vale todo.

El turismo, y hablo desde mi percepción personal, viene a ver una ciudad diferente, con unas señas de identidad propias, con una historia determinada que les va a ofrecer imágenes diferenciadoras del resto de las ciudades, que les ofrece una gastronomía típica y cuidada, espacios relajados, edificios representativos y únicos… eso es lo que buscan y no una ciudad que les «acosa», «recreada», preparada para vendérselo todo. Un Parque Temático Turístico. Hay que ponerle remedio al barrio del Centro. Ya hay intervenciones que no pueden deshacerse, que se han perdido para siempre. Málaga no puede permitir que las cosas continúen por este camino. Primero, Málaga pertenece a todos los malagueños, los de hoy, los de mañana y los que ya no están. Enseñemos a los que nos visitan cómo somos de verdad y no inventemos ni manipulemos nada. Sí al turismo respetuoso de ellos para nosotros y de nosotros para ellos.

¿Renunciar al turismo? No.

GC: ¿Cuáles serían las posibles soluciones para abordar todos esos problemas?

MJV: Siempre he pensado que existen soluciones para todo, pero hay que querer encontrarlas. Para ello hay que plantearlas, estudiarlas, consensuarlas con todos los sectores implicados y no tirar de demagogias y chauvinismos baratos, intereses económicos cortoplacistas y, en definitiva, egoísmos particulares. Nunca he visto un debate serio que plantee qué modelos de ciudad queremos y necesitamos, qué debemos preservar, por dónde avanzar sin que ello suponga vendernos a modas y situaciones económicas puntuales. El debate es arduo y sobre todo debemos tener claro que nos jugamos mucho.

GC: ¿Qué está haciendo la vecindad afectada, cómo se está organizando?

MJV: Tratamos de hacernos oír en todo este asunto, aunque, por diferentes motivos, con menos participación y compromiso que el deseado, pero no por falta de interés. Pero para ello creo que es importante pertenecer a una Asociación de Vecinos. Para ser más visibles, por tener respaldo legal, mayor representación y mayor fuerza.

Existen varias asociaciones en nuestro barrio. Yo pertenezco a una de ellas y he tenido años atrás un cargo en la misma, por ello sé que es la vía más efectiva de interlocución con autoridades y demás colectivos con los que compartimos espacio y con los que debemos llegar a acuerdos. Es mucho lo que se trabaja, se propone y se discute en las asociaciones, y siempre en el intento de mejorar la calidad de vida de los vecinos y vecinas. Muchas veces, la lucha, pese a tener la verdad en la mano, es infructuosa porque los intereses políticos, económicos o simplemente personales están muy asentados. Los lobbies que actúan en el Centro tienen una gran fuerza y ante ellos los vecinos poco podemos hacer, aunque tengamos en nuestras manos la fuerza que nos da la razón, el cumplimiento igualitario de las leyes y nuestros derechos constitucionales. Se han conseguido muchas cosas, con mucha dificultad, y esta lucha no es de ahora. La Asociación a la que pertenezco ha sido pionera en la consecución y reconocimiento de los derechos de los vecinos y vecinas que vivimos en este barrio. No podemos dejarlo en el olvido ni dejar de reconocerlo. No se puede estar empezando siempre de cero.

Lo que tengo claro es que para intervenir y hacer algo hay que querer hacerlo y estar ahí. Luchar por todos y todas. Por todas las calles y espacios de nuestro barrio, ya que la problemática es común, y hacerlo con la misma intensidad, sabiendo que se trabaja para un colectivo y que lo conseguido beneficiará igualmente a todos. Hay que crecer y mantener la calidad de vida de los vecinos del barrio de Centro, que, como ya he comentado anteriormente, queremos y tenemos el derecho a seguir viviendo aquí y no solo a sobrevivir.

Charlamos con María José Soria, profesora jubilada y vecina del barrio del Centro. Soria es una activista vecinal, en tanto que no deja de luchar para que los vecinos y vecinas no pierdan calidad de vida en un espacio cada vez más hostil para las familias. Ha trabajado en el seno de la Asociación de Vecinos Centro Antiguo de Málaga, de la que fue presidenta entre 2009 y 2014, de modo que, con su Junta Directiva, ha representado los intereses de los vecinos y vecinas en los diferentes organismos, instituciones y colectivos implicados en la toma de decisiones para con el Centro. Junto con el resto de asociados, fue portavoz de la Plataforma Plaza de Camas. Igualmente, ha formado parte de las iniciativas para reclamar la rehabilitación de la Zona de la judería.

Como vecina afectada, y menospreciada, por las decisiones que se toman para con el barrio, sigue atenta para frenar la ruta trazada por otros en detrimento de los vecinos y vecinas.