La gentrificación y sus efectos en Málaga

La gentrificación y sus efectos en Málaga

El destino turístico «Málaga» se ha convertido en un producto que, al exponerse en el mercado, acaba confundiéndose con la ciudad en sí, del mismo modo que si París fuera absorbida por Disneyland y mostrara como su principalesseñas de identidad a Mickey y Donald.

La ciudad, por el contrario, es el espacio común que compartimos sus habitantes, siempre diversos, y a quienes se nos ofrece en múltiples usos. Lugar habitacional, pero también de ocio, encuentro, trabajo, sociabilidad, consumo, creatividad, memoria, comunidad, descanso, etc., por mucho que se pretenda imponer una deriva que reduzca su uso primordial al turismo, que la convierta únicamente en un destino turístico: un fenómeno conocido como «turistificación», que obliga a la ciudad a adaptar sus funciones y entorno a ese único objetivo.

1. MUSEOS

El primer paso consiste en crear un motivo o foco de atracción: los museos, en el caso de Málaga, que desde hace unos años llegan sin cesar a la ciudad. Y decimos «llegan» desde el momento en que por lo general se trata de museos-franquicia que, a costa de un enorme desembolso de las arcas públicas, se instalan por un plazo de tiempo determinado, según criterios de rentabilidad económica. De hecho, es la concejalía de Turismo y no la de Cultura la encargada de ofrecer los datos anuales.

De momento, Málaga registra un total de 81,4 visitas a los museos por cada cien pernoctaciones, por delante de Valencia, Madrid, Barcelona o Sevilla, y cinco de sus centros (Centro de Arte Contemporáneo, Museo Picasso, el Centre Pompidou, Museo Carmen Thyssen y la Fundación Picasso-Casa Natal) se encuentran entre los diez más visitados del país, lo que en 2016 generó un impacto económico de unos 550 millones de euros en un concepto tan vago como «gasto de turistas y visitantes». Lo único cierto y realmente cuantificable, sin embargo, es que al contrario de lo que se había asegura los museos distan muchos de ser autosostenibles, de manera que los presupuestos de 2017 les ha reservado 15 millones de euros. A la cabeza, muy por encima de todos los demás, se encuentra el Museo Ruso, con más de 96.000 visitas. A la cabeza, muy por encima de todos los demás, se encuentra el Museo Ruso, con más de 96.000 visitas. Mencionemos alguno de los casos más conocidos de Málaga.

Tabacalera

Si otras ciudades tienen aeropuertos sin aviones, Málaga cuenta con el Edificio de Tabacalera: una infraestructura en la que se ha derrochado de manera inaudita el dinero público y que aún no encuentra un destino claro. Solo en el frustrado Museo de las Gemas, que permaneció abierto un par de horas, se invirtieron entre 30 y 40 millones de euros, según quién ofrezca las cifras, pues la opacidad es seña de identidad en este tipo de proyectos faraónicos. Por si fuera poco, Art Natura, empresa encargada del proyecto, ha denunciado públicamente que se inflaron de manera artificial y escandalosa los costes de la obra con el único propósito de desviar fondos a las campañas del PP, algo que motivó una Comisión de Investigación en el Ayuntamiento de Málaga que comenzó en 2016 y concluirá a mediados de 2017.

Según la documentación aportada por Art Natura, el acta de apertura fue una ficción jurídica: solo estaba disponible un 7,5% del edificio. De esta forma, si un mes antes de las elecciones municipales de 2011 De la Torre se anotaba un tanto, luego se le volvió en contra: en la inaugruación ofical de enero de 2012 la policía clausuró a las dos horas el edificio por falta de licencia de apertura e informe de Bomberos. La defensa del equipo de gobierno, de hecho, pasa por la victimización: su ingenuidad -aseguran- hizo que fueran estafados por empresarios sin escrúpulos, pero, del mismo modo pueril, rechaza cualquier responsabilidad, siquiera política.

Lo cierto es que el mismo edificio alberga el Museo Ruso, que costó 5 millones de euros cuando se habían anunciado 400.000, y el del Automóvil. De este último, el Ayuntamiento recibe un 7% de los ingresos en taquilla…, pero prácticamente la totalidad de esos ingresos proviene de entradas compradas por el propio Ayuntamiento, entre 500.000 y 600.000 euros al año. Los fiascos de este pozo son interminables: el célebre Polo Digital ocupará, con un años de retraso, el espacio originariamente destinado al Museo de las Gemas, cuya remodelación ha supuesto una nueva inyección de 2,7 millones de euros.

Pompidou

Inaugurado en 2015, las previsiones iniciales para su primer eran de 250.000 visitantes, que se quedaron en 220.000. Para Serge Lasvignes, presidente de esta institución francesa, son datos tan buenos que, en declaraciones a la prensa local, aseguró que «le cuesta encontrar imperfecciones» y le gustaría hacer efectiva la cláusula que permite prorrogar el contrato de tan solo cinco años a otros tantos: «[Debemos] trabajar el gran vivero que representan los turistas. Tenemos un 70% de visitantes españoles. Tenemos un terreno muy fértil que podemos desarrollar en cuestión de turistas», declaró en la edición del 7 de abril de 2016 en Sur.

La inversión para el Centre Pompidou fue disparatada, de modo que la propina de esos cinco años es lo menos que se podía esperar. Veamos esos costes:

  • Las obras de adaptación del Cubo (el característico edifico del museo) costaron 6,7 millones de euros, un 50% más de lo presupuestado inicialmente. Algunas partidas rozaban el absurdo, como el compromiso contractual de que las placas de plástico del Cubo fueran compradas a una empresa de Francia, lo que triplicaba el coste de adquirirlas en Málaga.
  • El canon por el uso del Cubo es de 334.254 euros al año y no está reflejado, ya que se compensará con la deuda del IBI del Puerto de Málaga, en cuyos terrenos se ubica.
  • El presupuesto público designado para el proyecto era de unos 4,2 millones de euros al año, que salen de la Agencia Pública creada recientemente. De esa partida, el Ayuntamiento se compromete a abonar anualmente al Centro Pompidou 2,07 millones de euros al año: un millón de euros en concepto de canon de uso de la marca y préstamo de las obras, y 1,07 millones por gastos derivados de seguros, transportes y personal técnico.

En lo que corresponde a los ingresos, el Ayuntamiento esperaba recaudar 990.000 euros por las entradas de los 250.000 visitantes anuales estimados, pero aún no se disponen de datos definitivos, si bien, como hemos visto, los visitantes fueron menos.

¿Ha sedimentado realmente el Pompidou en Málaga o solo en su imagen turística? ¿Tiene sentido esta ingente inversión cuando nuestro creadores emigran a Barcelona y Madrid, cuando el Soho ha sido un fiasco y faltan locales y ayudas a nuestras propios creadores? ¿Tiene sentido que, ante estas cifras, las trabajadoras del museo cobren 4,5 euros la hora?

2. ADAPTAR EL ENTORNO

En segundo lugar, la «turistificación» exige adaptar el entorno al uso previsto. Lógicamente, un turista no tiene por qué acudir a una ferretería, droguería o peluquería. De ahí la proliferación de restaurantes de comida rápida, establecimientos de las grandes cadenas textiles y, si acaso, en lugar de la peluquería encontraremos una barbería hipster.

Por descontado, existe un tipo de turismo que busca lo singular y autóctono, que huye de zonas saturadas por el propio turismo, que se empapa de la gente, sus costumbres, sus historias, un turismo que consume en los establecimientos originales, distribuye la riqueza entre el tejido comercial pequeño y tradicional, que repite atraído por lo auténtico y recomienda el destino: un turismo de calidad y de continuidad para el que Málaga podría tener muchas posibilidades. Ciertamente aún perduran rincones únicos, aunque debamos lamentar pérdidas como La Coracha, los 315 edificios de patrimonio histórico derruidos en las más de dos décadas de gobierno local del PP (200 en el centro, y 32 de ellos del siglo XVII, lo que deja vacía la expresión «centro histórico»), la judería eliminada para construir el primero de los grandes museos (el Picasso), cada uno de sus comercios y establecimientos que se han perdido, etc.

 

Por paradójico que resulte, en ocasiones se recrean en formato cartón piedra esta vida y parte de las ciudades que se pierde: el fachadismo del patrimonio derruido y expoliado, tabernas-franquicia que imitan viejas bodegas, imágenes costumbristas en forma de estatuas, personas con uniformes-disfraces, postales que desprenden nostalgia sobre una ciudad que ahora pretende ser recreada por el mismo modelo turístico que la ha destrozado.

En Málaga desembarca un turismo de masas, un turismo indistinto que busca el consumo rápido y cuyo paradigma principal son los cruceros, un turismo que transita acelerado por la ciudad y apenas se detiene para hacerse selfies, tachar de lista los objetivos ya visitados, en una suerte de yincana en la que no pueden faltar dos o tres museos, una cadena de ropa o comida rápida antes de volver y rentabilizar el «todo pagado» del crucero o, quizás, emprender una excursión guiada a los destinos del entorno (Ronda, Granada, Córdoba…) .

Se trata por tanto de un turismo que, cuando deja riqueza, lo hace en grandes cadenas con personal precarizado y que seguramente confundirá nuestros museos con los de su próximo destino, pues Málaga se convierte en una confusa escala más, difícil de recordar en el futuro y recomendar, así como a la que regresar, salvo en caso de un nuevo paquete-oferta.

 

3. HOTELES

Málaga capital se ha convertido, tras Barcelona, en la segunda capital del país con mayor ocupación media anual de hoteles, un 76%, con cerca de 4 millones de visitantes, con Reino Unido a la cabeza después del propio turismo español. De hecho, la oferta total de la ciudad de todo tipo de alojamiento reglado roza ya las 18.500 plazas.

En esta misma línea se debe entender la construcción o previsión de nuevos hoteles de lujo, en una ciudad en la que hasta hace unos pocos años no había ningún cinco estrellas. Esto atiende a una nueva tendencia en el sector, entre otros motivos porque en 2016 se declaró en varios grandes foros a Bilbao y Málaga como «ciudades de oportunidad de inversión».

Los fondos de inversión que están realizando los primeros movimientos son rusos, asiáticos y británicos, después de que abriera la veda el fondo catarí para el hotel del Dique Levante, que veremos más adelante. La propia Asociación de Constructores y Promotores en Málaga y la Costa del Sol ha admitido que está encontrando mucho menos problemas en nuestra provincia que en otros Ayuntamientos. En este sentido, recordemos que el grupo ARC Resorts de Singapur, que promueve un casino en la zona de San Andrés, se marchó de Valencia por «falta de interés de los políticos» (en otras palabras: ni siquiera Rita Barberá se avino a modificar la ley sobre casinos, y esta por ver qué sucederá en Andalucía). Cabe recordar que en 2013, con el polémico Damián Caneda como concejal de Turismo, comenzaron los primeros contactos con grandes grupos rusos para cambiar el uso residencial de varios suelos y destinarlos a grandes casinos.

Las previsiones apuntan a que esta tendencia abarque también a complejos residenciales, algo que estaba a la espera de la formación de un nuevo gobierno tras casi un año de ejecutivo en funciones. La continuidad del Partido Popular parece garantizarlo.

A continuación vamos a repasar alguno de los más recientes proyectos hoteleros, para después analizar qué beneficios reales están trayendo al conjunto de la población.

Hotel Gran Lujo del Puerto (Dique Levante)

A mediados de 2017 estará redactado el estudio ambiental del hotel de lujo planeado en el Dique Levante, esto es, en terrenos del Puerto.

La empresa encargada de este estudio es la malagueña Sfera Proyecto Ambiental, que también debe asesorar sobre los demás trámites para modificar el Plan Especial del Puerto, de modo que la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento dé vía libre a la construcción de este inaudito rascacielos de 135 metros de altura. Después aún restarían varios trámites burocráticos, por lo que con toda seguridad el grupo catarí Al Bidda no podrá cumplir sus intenciones de iniciar las obras a principios de 2018 para inaugurarlo en 2020.

Para la construcción y explotación de este hotel concurrieron dos proyectos, ambos por encima de los 100 millones de euros. Uno fue el Consorcio Ligth Power de Málaga (150 metros -máximo permitido en el pliego- y 350 habitaciones) y otro el del mencionado fondo catarí (135 metros y 350 habitaciones). La pretensión de este grupo es también construir un casino, lo que choca con reglamento andaluz para la provincia, que de manera explícita impide la concesión de más licencias. Actualmente la provincia cuenta con los casinos de Torre Quebrada (Benalmádena) y de Nueva Andalucía (Marbella), y el reglamento abre la puerta a un tercero situado entre Estepona y Cádiz. La única solución pasa por comprar los derechos de traslado del de Torre Quebrada, que parece que ya se está negociando.

La ubicación de este hotel, en la punta del dique, lo sitúa no en el litoral, sino realmente adentrado en el mar. Así, además del evidente impacto paisajístico sobre lugares emblemáticos de la ciudad, como la Alcazaba y Gibralfaro, tal y como ha estudiado Matías Mérida, profesor de Geografía de la Universidad de Málaga, surgen dudas sobre la gestión de residuos, por ejemplo, en una bahía como la nuestra, extremadamente castigada. Este proyecto, que está soliviantando a un sector de la ciudadanía, acabará por levantar en unos meses una oleada de protestas que se intentarán capear bajo el mantra de la creación de empleo (de nuevo precario). Ya son, de hecho, un centenar de profesionales reconocidos los que han firmado un manifiesto para que el hotel no se construya en la ubicación prevista.

Repasemos brevemente otros hitos de este boom hotelero.

 

Hotel Gran Lujo Casino de San Andrés

El grupo hotelero multinacional ARC Resorts (Singapur) ha presentado a su vez otro proyecto de hotel gran lujo con casino en el muelle de San Andrés (también en el Puerto). Los responsables de la empresa ya han pedido reunirse con Susana Díaz para convencerla de las ventajas de este tipo de inversiones. Las soluciones pasan, en este caso, por un cambio de la ley o la inclusión en la actual listado de un nuevo emplazamiento.

Hotel La Rosaleda

La compañía Blue Bay, que pugna en los tribunales por quedarse con el Málaga CF, propone ampliar el Estadio de la Rosaleda para construir una zona comercial y un hotel de cinco estrellas en una de sus plantas con 160 habitaciones y capacidad para 1.600 espectadores-inquilinos. La inversión rondaría entre los 40 y 50 millones de euros. Los responsables aseguran que, si finalmente se hacen con la propiedad del club, las tres administraciones (Ayuntamiento, Diputación Provincial y Junta de Andalucía, propietarias a partes iguales de La Rosaleda) darán los vistos buenos, puesto que se trata de, atención, «un proyecto que busca algo social», y aumentaría los ingresos del club en unos 25 millones de euros anuales.

 

Hotel Myramar

Otro Gran Lujo inaugurado definitivamente a principios de 2017 tras una remodelación muy polémica que ha destruido elementos patrimoniales protegidos (la escalinata principal, sin ir más lejos) de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

 

Otras actuaciones en marcha

El fondo alemán Activium SG ya trabaja en otro hotel de lujo en la calle Granada, mientras que la gestora Patrizia, del mismo país, ha adquirido el edificio de la firma textil HM de la plaza Félix Sáenz.

4. DÓNDE ESTÁN LOS BENEFICIOS

Como estamos viendo, este tipo de proyectos abundan en la brecha que nuestra ciudad padece: una ciudad marca, escaparate, que se apelotona en el centro y expulsa a sus habitantes, y unos barrios cada más más degradados y que carecen de servicios adecuados, como la limpieza. La pregunta es: ¿se trata de un proyecto de ciudad o meramente empresarial? En otras palabras: ¿traerá beneficios sociales o solo reparto de dividendos para unos pocos?

Según los últimos datos del propio Ayuntamiento, los ingresos de esta avalancha turística son de 1.600 millones de euros, que sin embargo no han reducido la brecha social ni creado empleos de calidad. Antes al contrario, según al Encuesta de Población Activa (EPA) la provincia acabó el año con 10.400 personas ocupadas menos de los que tenía al empezar, con unas tasas de desempleo en la capital del 26,5% (66.276 personas desempleadas). Así, Málaga, con un 32,9% es la cuarta capital española con mayor porcentaje de su población en riesgo de pobreza (ingresos inferiores a 332€ mensuales), dato muy superior a la media nacional. Las tres que nos superan, por cierto, también son andaluzas (Córdoba, Almería y Huelva). En marzo de 2017, cuando a bombo y platillo se anunció que el mes anterior se había creado empleo al ritmo previo a la crisis, descubrimos que los datos para el municipio arrojaban un descenso en las cifras de paro de… 157 personas, casi todas en precario.

En nuestra ciudad, más de 1.600 personas fueron atendidas el último año por la Agrupación de Desarrollo para Personas sin Hogar, y Cáritas habla de más de 27.500 unidades familias asistidas para Málaga provincia y Melilla. De hecho, en Málaga se ha triplicado el número de personas en situación de pobreza crónica, muchas de las cuales cuentan con empleos, lo que las convierte en «trabajadoras pobres».

Evidentemente, la pobreza se distribuye por barrios, y los distritos de Campanillas, Palma-Palmilla y Bailén-Miraflores son donde más ayudas sociales se solicitan al ayuntamiento, con un 60% de mujeres como demandantes.

Al tiempo, los sindicatos denuncian una vez tras otras la nefastas condiciones laborales de las plantillas hoteleras. El pasado 21 de febrero propio Ayuntamiento, por boca de su concejal de Turismo, Julio Andrade, pidió en febrero apostar por la calidad «para no matara la gallina de los huevos de oro» y reconocía repetidas quejas por los precios abusivos de los hoteles.

Recordemos, por consiguiente, las preguntas que nos hacíamos más arriba: ¿se trata de un proyecto de ciudad o meramente empresarial? En otras palabras: ¿traerá beneficios sociales o solo reparto de dividendos para unos pocos?

5. CRUCEROS

 En 2020 Málaga acogerá la principal feria del sector de los cruceros  (la Seatrade Cruise Med). Son dos las compañías de cruceros (Carnival y Royal Caribbean) que controlan casi dos tercios del negocia mundial. La promesa que llevan a sus destinos es que sus numerosos pasajeros van a gastar una importante cantidad de dinero en negocios locales, que después la realidad desmiente, entre otros motivos porque cuentan con acuerdos de antemano para llevar a los pasajeros a determinados establecimientos.

Los coste energéticos, como explicaba no hace tanto el New York Times, no son en absoluto despreciables: cuando un crucero atraca produce una contaminación equivalente a la de 12.000 coches, que sufren principalmente las aguas. En cuanto a las condiciones laborales cabe resaltar que los sueldos de los camareros son tan exiguos (a veces de unos 50 euros al mes) que en la práctica viven de las propinas. Los controles son tan opacos que ni siquiera hay datos fidedignos de adónde va a parar toda la basura, desechos y residuos que generan estos gigantescos cruceros.

Entre tanto, ya se han instalado en nuestros puertos compañías especializadas en eventos náuticos de empresas, como Sail and Fun, que cuenta con trece embarcaciones. Para este año están previstos cinco eventos de este tipo, al tiempo que se está potenciando el turismo náutico, mediante el alquiler de embarcaciones. Todo ello está llevando a a que se exija el aumento de plazas portuarias o la creación e un puerto específico para este tipo de actividades, algo aún incipiente en la ciudad, pero que dará que hablar en breve.

6. PATRIMONIO

En el centro histórico de Málaga se han perdido 569 edificios de patrimonio histórico desde 1957, la mayor parte de ellos (315) a partir de que el PP asumiera el gobierno local y Francisco de la Torre ocupara la concejalía de urbanismo antes de convertirse en alcalde.

Los datos hablan por sí solos: si en el año precedente a la llegada del PP no se había producido ninguna demolición, en 1995 ya se producen 7, con picos como los 64 de 1997, los 31 de 2000, los 19 de 2001, etc. De hecho, durante el mandato de De la Torre ya se han destruido 200 edificios históricos de la almendra del centro, 32 de ellos del siglo XVIII.

El casco histórico, reducido a una especie de escenario, pierde sus particularidades y se asemeja al de cualquier otra ciudad (de ahí, como decíamos, que resulte difícil repetir visitas y recomendar el destino), lo que además conlleva la pérdida de calidad de vida para sus habitantes, que poco a poco acaban por desplazarse a otras zonas de la ciudad, como veremos a continuación.

 

7. EXPULSIÓN DE LA POBLACIÓN DEL CENTRO

La población original del centro estaba compuesta básicamente por residentes de edad avanzada que habían crecido en la zona, igual que sus padres, así como de población de bajo o medio poder adquisitivo que fue llegando durante la época de abandono para, precisamente, vigorizar y volver a llenar de vida el área.
Esto se debe a que la práctica general de los poderes públicos durante décadas fue el abandono de la zona, que decaía entre ruinas, solares, falta de servicios públicos, basura, suciedad, etc. Así, los precios de la vivienda resultaban accesibles para la población migrante, jóvenes estudiantes o con trabajos precarios, tejido creativo-cultural, etc. La llegada de esta población, de bares de ocio nocturno, de espacios creativos y culturales, dio dinamismo a una zona que, al mismo tiempo, atraía a perfiles de mayor poder adquisitivo.

Sin embargo, con la explosión en los últimos años de la «turistificación» ha cambiado el hábitat. El entorno se ha llenado de bares, entre los que abundan lo de grandes cadenas, franquicias y otros sin apenas singularidad, así como un comercio que, orientado al consumo de masas, deja a las vecinas sin posibilidades de cubrir sus necesidades cotidianas. De especial relevancia fue el cierre, durante un año completo, de Mercado de la Merced para, aun manteniendo alguno de los puestos originales, convertir la mayor parte en un Mercado Gourmet, es decir, de restaurantes. Un año y medio después de su inauguración, en septiembre de 2015, de esos 12 nuevos establecimientos ya solo quedaban 3.

El caso del Ensanche Heredia es significativo: convertirlo a fuerza de piqueta en foco cool implicó rebautizarlo como «Soho», pagar con dinero público murales de los grafiteros más trendy, com D*Face y Obey, pero prohibir los de los artistas locales. En definitiva, se trata de un proyecto diseñado en los despachos de los especuladores, al margen de la realidad social y creativa de la ciudad, que ha comportado el cierre de varias de las galerías, locales y hoteles que en teoría iban a revitalizar la zona y que solo han contribuido al encarecimiento de los alquileres.

Debemos sumar a ello la, en principio, positiva peatonalización de grandes áreas, que, no obstante, ha traído consigo la invasión del espacio público. Donde antes encontrábamos vehículos a motor, ahora no solo aumentan los «segways», sino que se aglomeran las terrazas, que de nuevo dejan a la vecindad sin espacio. El esparcimiento apenas tiene cabida si no es en la medida en que consumes.

Como es obvio, la multiplicación de terrazas trae aparejado un ruido constante, a lo que debemos sumar la agenda institucional, que concentra la mayor parte de las actividades públicas en esta zona: conciertos, festividades de todo tipo, eventos promocionales. Mencionemos también las omnipresentes procesiones que, lejos de circunscribirse a la Semana Santa, se suceden a lo largo del año merced a una política municipal que concede a las cofradías todo tipo de prebendas, entre ellas el abuso del espacio público, hasta el punto de modificar y encarecer planes de remodelación de plazas o llevar a cabo talas con tal de facilitar el tránsito de los tronos (como los casos de la plaza de Camas y de San Franciso).

No por gusto, la vecindad acaba abandonando el centro. De hecho, ya solo quedan 4.700 vecinas en el Centro, un dato muy alejado de los 12.000 con los que comenzamos la democracia y cerca de un 9% menos que hace 8 años. La cifra, a buen seguro, seguirá cayendo.

8. BARES

Los bares enfocados al turismo crecieron en el Centro un 84% desde 2011 a 2014 (de 118 a 218); el Centro acumula hoy más de 400 terrazas, el 40% de las autorizadas en toda la ciudad. El OMAU (Observatorio de Medio Ambiente Urbano) ya ha alertado del riesgo de convertir el Centro en «una ciudad de cartón piedra» si no hay vecinos. Pero la cosa va a más: en 2014 contábamos 218 establecimientos de comida rápida y tapas (100 más que en 2011) y 600 locales hosteleros donde antes había 465. Todo ello cuando los bares de cuatro calles del Centro (Císter, Molina Lario, Duque de la Victoria y Santa María) mantenían sus terrazas sin autorización, hasta que la presión mediática llevó a que por fin las cerrara en febrero de 2016… si bien el me siguiente dio marcha atrás y permitió que muchos de ellos volvieran a colocarlas.

No obstante, el caso paradigmático sigue siendo el del emblemático Pimpi, que mediante barras de alcance y terrazas extensas incumple varias normativas de la ordenanza actual, entre otras el acceso a la estatua de Ibn Gabirol. En la práctica, el pasaje Cegrí y la plaza de la Judería han sido privatizados por el establecimiento.

Semejante concentración de bares ha motivado informes del Defensor del Pueblo Andaluz para que el Ayuntamiento cumpla su propia normativa sobre ruido. Lugares como la plaza de Mitjana han conseguido que el vecindario se organice y presione con intención de que varias áreas se consideren zonas acústicas especiales. A finales de 2015 habían presentado 150 denuncias individuales en el Ayuntamiento, sin que recibieran una sola respuesta.

Además del ruido, las denuncias instaban a que se cumpliera la normativa sobre accesibilidad, que dispone medidas como la obligatoria separación entre las mesas de las terrazas y las fachadas para facilitar la orientación con el bastón de las personas ciegas.

Las denuncias, así mismo, mencionaban la llamada «Declaración responsable», una norma europea de obligado cumplimiento concebida para comercios, aunque en Málaga, de manera sorprendente, se incluyó en ella a la hostelería. En virtud de esta norma los establecimientos deben declarar que se comprometen a habilitar por su cuenta las instalaciones preceptivas -aseos, por ejemplo-, en lugar de que el Ayuntamiento comprueba que es así antes de conceder las licencias de apertura. En el Centro no se realizan inspecciones para comprobar su cumplimiento, cuando a simple vista encontramos multitud de establecimientos que la vulneran.

Por si fuera poco, las asociaciones hosteleras de Málaga (MAHOS y AHECOS, actualmente unificadas) han trasladado al consejero de Turismo su deseo de ampliar la definición de Zona de Gran Afluencia Turística para la ciudad. El sector propone un espacio delimitado entre Muelle 1 y el río Guadalmedina. También pretender ampliar la normativa de horarios que afecta a bares de copas, discotecas y restaurantes para que en la práctica sean ilimitados. Entre tanto, cada verano Inspección de Trabajo abre entre 500 y 600 expediente en bares por la condiciones laborales de sus empleadas.

El fin de la renta antigua ha multiplicado los precios de los alquileres de locales por cuatro o por cinco, lo que ya ha provocado el cierre de multitud de negocios, sustituidos por franquicias o grandes firmas.

9. MODIFICACIÓN DEL USO HABITACIONAL

Al motivo del ruido para la expulsión de la vecindad se une un nuevo factor, la proliferación de apartamentos turísticos que, en los tres últimos años, han crecido de manera exponencial. Se dan de dos tipos: los negocios «profesionales» de edificios convertidos en bloques de apartamentos, y los «amateur», con habitaciones o pisos completos que la población, como medida de desprecarización o invitada al festín del negocio turístico, pone en alquiler en plataformas digitales, la más conocida Airbnb. En este último caso la paradoja es evidente: la población en situación de precariedad contribuye, sin pretenderlo, al encarecimiento de unos alquileres que al cabo de poco tiempo acabará expulsándola a ella misma.

Y es que en tan solo dos años ha desaparecido casi toda la oferta de alquiler en el centro urbano. De hecho, los datos oficiales de la Junta -a los que habría que añadir los subterráneos- de septiembre de 2016 hablaban de que en Málaga capital se contaban 673 viviendas para alquileres, incluso por día, a viajeros, lo que suponía 3.323 plazas. En marzo de 2017 ya eran el doble, 6.634, y en la provincia superaban a las plazas hoteleras.

Las piezas del mecanismo de recambio de población están listas, algo además allanado por una población flotante en permanente rotación y tránsito, que dificulta cualquier relación de vecindad y lazos de comunidad frente al proceso en marcha. La población originaria, resistente, se ve sitiada por todo el ruido descrito (al que ahora también suma en ocasiones el de esas habitaciones alquiladas para el ocio), por la falta de oferta y precios asequibles del alquiler, la ausencia de equipamientos y comercios de primera necesidad y la paulatina desaparición del tejido vecinal.

En definitiva, es empujada a abandonar la zona y dar vía libre a su sustitución por una población flotante de turistas, que requiere negocios ruidosos para su ocio, en lo que es parte de ese círculo vicioso de la «turistificación».

El modelo se va extendiendo por la ciudad como una mancha de aceite. En un proceso que se denomina esponjosidad: la «turistificación» de un territorio muy concreto (el centro urbano) hace que alcance tales cotas de saturación que para continuar y reproducirse debe expandirse, «esponjarse», por nuevas zonas, como Lagunillas, San Rafael, Trinidad, entre otras.

10. POLÍTICA

Todo el proceso descrito no surge como un fenómeno natural, espontáneo, ajeno a la complicidad, implicación, incluso impulso, de las distintas administraciones públicas durante los últimos años.

En el contexto económico global a España se le ha reservado el papel de rincón para el Turismo, lo que también explica, aunque no solo (eso excede el marco de este reportaje) que en los años anteriores a la crisis en el país se construyera más que en la suma de los tres más poblados de Europa (Alemania, Fracia e Italia). Desde la entrada en 1986 en la Comunidad Económica Europea (después Unión Europea) se fue desmantelando o impidiendo cualquier otra alternativa productiva. Nuestros sucesivos gobiernos y administraciones han reforzado esta dinámica.

A nivel estatal se creó un marco legislativo cada vez más laxo para la explotación del territorio, la sobreconstrucción o la indefensión en los alquileres, entre otros. Se generó todo un imaginario social de «cultura del pelotazo», urbanístico en primera instancia y, cuando la crisis lo reventó en 2008, se derivó hacia el turístico, siempre a costa del medio ambiente.

Quizás el caso más relevante en el conjunto del Estado sea el de Barcelona, cuyo gobierno actual ha emprendido decididas medidas para frenar o revertir en lo posible este proceso. Málaga, como estamos viendo, le va a la zaga, solo que aquí se sigue promoviendo este modelo, pese a la alarma social que ha generado en Barcelona y el aplauso que despiertan las medidas para su contención. Así, en nuestra ciudad comprobamos lo siguiente:

-Abandono institucional y permisividad ante la destrucción y expolio patrimonial, lo que, inédito en otras ciudades, supone un rasgo distintivo de Málaga.

-Planificación y transformación urbanística a la medida del modelo de turismo masificado, y de espaldas a la participación y necesidades vecinales.

-Priorización de políticas culturales (museos-franquicia) que consideran la cultura como producto de consumo turístico rápido, frente a modelos con vistas a largo plazo para generar turismo de calidad y, sobre todo, cultura.

-Permisividad absoluta con el abuso de ocupación de la vía pública por las terrazas hosteleras.

En cuanto al vínculo de la ciudad con el turismo como única vía productiva, y por lo tanto con el sector de la hostelería, se genera otro círculo vicioso. Las instituciones no abogan por alternativas productivas y favorecen solo a este sector. El sector hostelero, con permisividad administrativa y dado el perfil laboral de baja cualificación, contribuye de manera incontestable a la precariedad laboral y desempleo estacional. Debido a sus cortas duraciones, los contratos temporales dejan a las trabajadoras sin apenas posibilidad de acceso al subsidios por desempleo.

El pasado verano, por ejemplo, en Málaga capital se produjeron 2.353 contrataciones, la mayor parte ligadas al turismo -seguido de la construcción, nuevamente- sin continuidad llegado el mes de noviembre. Como ya se ha dicho, Inspección de Trabajo abrió más de medio millar de expedientes por contratos laborales fraudulentos. Además, entre las mujeres el paro disminuyó solo un 3,6% frente al 5,5 entre los hombres (datos para toda la provincia). Las informadoras turística cobran 4 euros la hora y cuando han expresados sus quejas, el Ayuntamiento ha cambiado los pliegos de condiciones para dejarlas fuera en las siguientes adjudicaciones y no subrogarlas.

Esto ha generado un altísimo grado de dependencia, cuando no de sumisión, de la población malagueña con este sector, lo que dificulta cualquier crítica al abuso urbanístico, al modelo de «turistificación» descrito, y a los favores mutuos que discurren en esta relación lobby-clientelar de la hostelería con la administraciones locales. Cabe, no obstante, hacerse algunas preguntas:

-¿Cuánto dinero público se destina anualmente a generar las condiciones propicias y a promocionar el sector turístico y hostelero?

-¿Cómo se distribuye el producto de ese dinero público invertido? ¿Cuánto va a manos de un sector empresarial concreto año tras año? ¿Y cuánto a la población malagueña a través de los empleos precarios de hostelería?

-¿Qué otros costes incuantificables para la población supone este modelo de ciudad «turistificada»? Por ejemplo en forma de pérdida patrimonial, pérdida de opciones de uso del espacio público, pérdidas en calidad de vida, trastornos en la salud y el descanso, incremento de precio de la vivienda, pérdida de comunidad, expulsión del entorno habitual, etc.

-¿Qué ocurriría si las misma apuesta y respaldo institucional se destinase a otras alternativas productivas sostenibles en términos sociales y ecológicos? ¿Se podría romper así el círculo vicioso de dependencia y precariedad actual respecto a la hostelería?

Gentrificación y turistificación: ¿qué son?

Gentrificación y turistificación: ¿qué son?

«Gentrificación» es el término, cada vez más popular, con el que se conocen los procesos de transformación urbana para desplazar a la población de un barrio deteriorado y sustituirla por otra de mayor nivel adquisitivo, a la vez que la inversión privada, en connivencia con la administración pública, renueva esa zona. La gentrificación, por tanto, viene a ser una «elitización residencial». A este proceso, habitual en

los grandes núcleos urbanos, se ha sumado otro en los últimos años, que podemos denominar «turistificación», y que tiene lugar principalmente en los centros históricos o zonas de playa, si es el caso. Ya no se trata de sustituir a la población original por otra de mayor poder adquisitivo cuanto de vaciar la zona de residentes para relevarla, por otra flotante, compuesta íntegramente por visitantes y turistas.

Todo ello implica una enorme remodelación de los cascos urbanos, a veces con absoluto desprecio por su patrimonio cultural y material, para concentrar en ellos las principales atracciones y transformar las viviendas en pisos turísticos, con sus diferentes variantes, y en hoteles. En este proceso de vaciamiento de población, los servicios básicos y comercios de primera necesidad pierden sentido. Esto provoca su paulatina desaparición y al mismo tiempo acelera el proceso de expulsión de la población y el surgimiento de establecimientos orientados únicamente al consumo turístico o de masas, toda vez que se hace la vista larga o se modifican las normativas sobre ocupación de la vía públicas y horarios comerciales y de hostelería.

Como consecuencia, la escasez de viviendas provoca un aumento del precio de alquiler o compra, de modo que solo unos pocos residentes pueden permitirse habitar la zona, lo que convierte este proceso en otra cara de la gentrificación.

Los beneficios de estos fenómenos se dan a favor de intereses empresariales, financieros, inmobiliarios y electorales, y no de las poblaciones donde se producen, que ven cómo sus ayuntamientos apenas logran cubrir los gastos de los servicios consumidos por los turistas. Antes al contrario, el turismo de aluvión acaba mermando la calidad de vida de las residentes, en lugar de mejorarla.

Barcelona y Madrid se sitúan a la cabeza de estos procesos, con distritos en los que la inmensa mayoría de su población está solo de paso. Málaga, con el vaciamiento de la almendra del centro de las última décadas (de 12.000 residentes a menos de 5.000), está experimentando esa situación de manera salvaje, con una agresiva remodelación, destrucción de patrimonio, expulsión de población y caída en picado de viviendas en alquiler que merece ser estudiada.

Es lo que nos hemos propuesto en esta edición de Gente Corriente.

El barrio de Lagunillas

«El proyecto de las tecnocasas destrozó el
barrio de Lagunillas y nunca se realizó»

Si un barrio está dando que hablar en los últimos tiempos es Lagunillas. En los bordes de la almendra histórica, Lagunillas ha sufrido una brutal degradación debido a la incompetencia de las Administraciones, algo de lo que dan prueba sus numerosos solares. Sin embargo, desde hace unos años el barrio se está revitalizando a marchas forzadas gracias a su vecindario, que ha recibido la aportación de nuevas y nuevos inquilinos cargados con iniciativas y creatividad, hasta el punto de que ya se habla del #RealSoho. No obstante, su ubicación estratégica lo coloca al filo de la amenaza especulativa. ¿Qué está pasando en Lagunillas? ¿Resistirá al empuje gentrificador? Hablamos de ello con dos vecinos muy activos del barrio, Raúl y Ventura, que forman parte de la asociación Lagunillas Porvenir, creada el año pasado.

Gente Corriente: Lagunillas es un barrio del centro de la ciudad, justo a las espaldas del Teatro Cervantes y a unos pocos metros de la plaza de La Merced, ¿podéis contarnos algo de su historia?

Raúl: Lagunillas es un barrio histórico de finales del XIX, un enclave muy interesante porque estamos en la periferia de la ciudad, fuera de las murallas, y las zonas que lo rodean son muy antiguas. Por ejemplo, calle Negros se remonta al siglo XVI, y en ella el obispo liberaba a los esclavos que había comprado previamente en el puerto. Poco después llega a la Cruz Verde (que como el Altozano, es anterior a Lagunillas) una comunidad zingara que se mezcló con la población de origen africano. Su nombre deriva de que allí hubo una Casa de la Inquisición que ponía cruces verdes en las puertas de los herejes.

 

El barrio de Lagunillas en sí es un pequeño triángulo que se encuentra entre la calle Frailes, el Jardín de los Monos, la calle Victoria por un lado y Cruz Verde por el otro. Debe su nombre a unas pequeñas lagunas formadas por la filtración de las que entonces había en El Ejido. El agua siempre ha sido muy importante en Lagunillas de hecho, en torno a 1820 existió una fuente que traía el agua del acueducto de San Telmo y proporcionaba trabajo a los aguadores que rellenaban allí sus vasijas para repartirlas por las casas. Esa fuente con el tiempo se sustituyó por otra, de la que no hay rastro, lamentablemente. Cuando finalmente se construye, la calle Lagunillas se convierte en la zona comercial y de mercado de todo el entorno.

En el siglo XX tiene dos momentos álgidos, uno antes de la Guerra Civil y otro entre los años cincuenta y setenta. En Lagunillas se daban todas las tipología del comercio tradicional que vendía en la calle, como cenacheros, lateros, traperos, aguadores, aceiteros. Era una calle que además tenía un mercado situado en lo que hoy día es la Federación de Sordos. Llegó a haber hasta 17 comercios de comestibles. Después de la guerra muchos comercios se dedicaron al estraperlo, al tiempo que abundaban las carbonerías.

GC: En toda esta larga historia hay dos grandes puntos de inflexión. El primero de ellos es la etapa de abandono y despoblamiento masivo, con la excusa de las tecnocasas como hito. ¿Podéis contarnos qué ocurrió exactamente?

Raúl: El punto de arranque de este proceso de despoblamiento está conectado con el plan que se desarrolla en la Cruz Verde. Allí había unos asentamientos de población gitana totalmente arraigada. Eran casitas bajas, una zona muy agradable y placentera para pasear. Había una taberna que se llamaba Las Tarantas. Cuentan que cuando Lola Flores venía a actuar al Teatro Cervantes luego se perdía por la zona.

Ventura: Era una zona en la que había varias de las bodegas más importantes de Málaga, que funcionaban como locales de reunión y sociabilidad de la comunidad. Sin embargo, con el nuevo plan la zona cambió completamente. En lo que es Altozano y Cruz Verde todas las casas fueron derruidas y en su lugar construyeron grandes bloques de Viviendas de Protección Oficial, en lo que fue la típica política de la época de generar guetos con población desarraigada, en situación de exclusión social, y sin planificación ni recursos institucionales para la construcción de comunidad. Trajeron una nueva y numerosa población procedente de zonas de exclusión, toda hacinada en grandes bloques, la mayoría de etnia gitana pero, a diferencia de la población anterior, sin arraigo en la zona.

Con ello el contexto social de Lagunillas cambió. Un barrio donde todo el mundo se conocía, donde la gente dejaba la puerta de su casa abierta como en un pequeño pueblo. Con la llegada de la nueva población empezaron a surgir problemas de convivencia, que trastocaban el cotidiano del barrio, la confianza, la libertad, la vecindad. Empezó a irse población del barrio y a cerrar negocios.

Y claro, llegó también, algo que lo daba la época y el contexto, la heroína, la venta y consumo que generó inseguridad. Empieza el declive del barrio y las autoridades no hacen nada para evitarlo, más bien al contrario.

Raúl: Este contexto sirvió para que las administraciones empezaran a decir que el barrio estaba en decadencia, con casas con poco valor patrimonial, según ellas, de mala calidad y en deterioro. Y así entramos en el «gran proyecto» del siglo XXI: las Tecnocasas.

Fue presentado como un proyecto estrella del arquitecto Salvador Moreno Peralta. Consistía en que en zonas de solares y casas expropiadas se construyeran nuevas edificaciones pensadas para gente joven que pudiese tener su lugar de trabajo y vivienda, de manera que se introducía población joven y se revitalizaba el barrio.

¿Qué ocurrió? pues que empezó la batalla de las Administraciones, que no se ponían de acuerdo, el tiempo pasaba, el Ayuntamiento expropiaba y la Junta se encargaba de la construcción de tecnocasas. Y efectivamente se expropiaron y demolieron, con la correspondiente expulsión de la población. Pero el proyecto, las casas, nunca se llegó a realizar. Tenemos casos, como por ejemplo la calle Agustín Moreto, que prácticamente desapareció entera.

Paralelamente se aprovechó para cambiar la trama urbana surgiendo nuevas calles como la prolongación de Coto Doñana que rompió la manzana de Vital Aza en dos, actuaciones innecesarias desde el punto de vista de la vecindad. La idea era que de ese modo se saneaban los barrios. Hoy día, sin embargo, está visto como un error urbanístico alterar la trama urbana irregular sin alineaciones, y de alguna manera bella en sí misma gracias a la espontaneidad con que fue construida y creada: la magia de la arquitectura del XIX.

Este proyecto nunca realizado terminó de destrozar el barrio. Aún hoy día quedan expropiaciones pendientes de pago.

Ventura: Provocó un barrio muerto, vacío, la gente no pasaba por este triángulo, no había nada bueno, mucha basura, mucho escombro, muchos solares, un barrio abandonado…

GC: Pero de repente, y es el segundo punto de inflexión, «Lagunillas mola». ¿Qué ha pasado para que se dé este cambio?

Ventura: En este proceso ha sido clave la figura de Miguel Chamorro, un artista madrileño que vive aquí en el barrio y que viendo la situación quería hacer algo. Para ello creó la Asociación Fantasías Lagunillas, que trabajaba con los niños y niñas del barrio a través del arte, impartían talleres, empezaron a pintar murales. Con el tiempo y la dinámica, otros artistas y colectivos se fueron afincando, era un barrio muy barato para vivir. Y así se fue generando el movimiento actual.

Raúl: En paralelo se produce una recuperación del centro, de la llamada almendra histórica, se trabaja para potenciarlo turísticamente, sobre todo abriendo museos. Y ahí aparece Lagunillas, un barrio en su día periférico, un barrio aledaño, pero que hoy se ubica en la centralidad, con lugares como la Fundación Picasso a escasos 50 metros. Un barrio céntrico, degradado, barato, y con muros en los que poder pintar, suponía un atractivo para la comunidad artística.

GC: ¿Es oro todo lo que reluce en Lagunillas?

Ventura: El barrio ha cambiado mucho. Al atraer a gente, al haber más vida en el barrio, hace que problemas como el abandono o la droga se hayan desplazado algo. Ha venido gente con iniciativa, gente artesana con talleres de imaginería o bordado, centros culturales, talleres creativos, todo ello a su vez atrae un «público» al barrio. El peligro es convertirse en un parque de ocio, como está pasando con muchas partes del centro de la ciudad.

GC: ¿Cómo están cambiando las condiciones de habitabilidad en Lagunillas en estos últimos años?

Raúl: Se está echado a vecinos y vecinas de toda la vida. Ya no estamos hablando de expropiaciones como antaño, ahora no se renuevan los contratos de alquiler. Es el caso por ejemplo del único bar de siempre que queda en calle Lagunillas, el Columbia, que está en proceso de desahucio después de 35 años en el barrio. Apenas a unos años de que se jubile su propietario, intentan echarle para vender ese inmueble, derribarlo y construir seguramente apartamentos turísticos, que es el negocio del momento.

También, al ser un barrio pequeño, la mayoría de las casas ya están vendidas o son propiedad de banco o inversores con ánimo especulativo. Creo que nuestro verdadero enemigo es el apartamento turístico y diría que incluso una hostelería que no esté regulada.

GC: Es recurrente hablar de Lagunillas como del #RealSoho. ¿Qué valoración os merece?, ¿es una valoración compartida en el barrio?

Raúl: Un barrio de creadores no se puede diseñar desde arriba, como ocurrió con el Ensanche (El Soho): es algo que surge espontáneamente, y eso es lo que ha ocurrido en Lagunillas. En realidad tenemos muchas bazas para convertir el barrio en un lugar donde puedan trabajar personas artistas y artesanas, pero lo ideal sería que no tengamos ninguna etiqueta o marca, que no tengamos logotipo, que podamos de alguna manera autogestionarnos las personas creativas, junto la vecindad, que creemos un barrio vivo y dinámico, creativo y artístico, pero fuera de lo que se entiende como «barrio de las artes».

Teniendo una Facultad de Bellas Artes aquí cerca, teniendo la Escuela de Arte de San Telmo, teniendo una serie de viviendas con bajos que se van a construir, se podría organizar un modelo de barrio que tenga conexión con el mundo del arte pero de una manera natural.

GC: Hay prevista una inversión en el barrio de dinero procedente de Europa, ¿qué sabéis de este plan?

Raúl: El proyecto tiene varias fases, en la primera han ido recogiendo a través de una agencia información de agentes del barrio. Lo que parece claro es que este año comienzan con el entorno de calle Carreterías, y al año que viene le tocaría a Lagunillas. El proyecto tiene una fecha límite marcada por Europa para su ejecución, que hay que cumplir, o el dinero se retira. Por otro lado Europa exige que en estos procesos se escuche la voz de la vecindad y asociaciones, y es ahí donde queremos aportar nuestras ideas, que esperamos sean tenidas en cuenta.

Por un lado lo vivimos como una gran amenaza porque tenemos miedo de que el barrio se convierta en lo mismo que es el centro histórico, y por eso nos estamos organizando. Por otro lado es un espacio de oportunidad para este barrio que ha sufrido tantísimo en los últimos años, y creo que ha llegado la hora de que se hagan las cosas bien aprendiendo de los errores del pasado.

GC: ¿Qué Lagunillas le gustaría al vecindario?

Ventura: Un barrio vivo donde toda la vecindad, asociaciones, comercios, todos, tengamos nuestra voz, estemos representados, un barrio donde se respete la arquitectura, la poca que queda, un barrio que no dé la impresión de abandono. Un barrio donde las administraciones se impliquen, con servicios como en cualquier otro barrio, con recursos institucionales.

Raúl: De entrada es un barrio que necesita más gente, y en eso coinciden vecindad y comerciantes. Necesita ser repoblado, aunque no queremos que se llenen todos los espacios, queremos que se conserven plazas y espacios comunes. Que las edificaciones que se creen, se integren y no sean grandes macrobloques.

GC: ¿Se están dando pasos para ello?

Raúl: En noviembre de 2016 formamos una asociación, Lagunillas Porvenir. Queremos ser una asociación que recupere el pasado pero que mire hacia el futuro. Para ello sería muy importante que consigamos que todas las comunidades nuevas que llegan tengan conciencia de lo que ha sido el barrio, de las problemáticas, de lo que es ahora y de lo que queremos. Que los procesos de repoblación del barrio se vayan haciendo paulatinamente, para que se adapten al modo de vivir de Lagunillas, y no se borre y se suplante.

Tenemos la asociación y una Plataforma fuerte de gente comprometida que se va consolidando.

Hay mucha gente escéptica porque son muchísimos años de abandono, pero creo que lo que va a venir va a ser mejor que lo que hay. Creo que se van a originar muchas conexiones y amistades porque existe una tierra de cultivo y un contexto ambiental, un espacio particular, un ambiente, y creo que ha llegado el momento de Lagunillas.

Degradación del Patrimonio

«La “crisis” ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá»

 

Anton Ozomek: «La “crisis” ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá».

Anton Ozomek, empresario malagueño y consultor de geomarketing,
desarrolla desde finales de los años noventa su carrera profesional mediante investigaciones sobre paisaje urbano, movilidad sostenible, urbanismo comercial y patrimonio histórico. En esta última faceta, cabe destacar su blog de referencia Edifeicios Centro Histórico de Málaga (http://bodrios-arquitectonicos-centro-malaga.blogspot.com.es). Su labor siempre ha estado muy ligada a la ciudad como fenómeno territorial de especial interés.
Es coautor de publicaciones como Mercados Municipales de Andalucía, Málaga: de ciudad a Metrópolis, Plan Director de la Bicicleta de Málaga, Geografía del desastre: expolio del centro histórico de Málaga 1957-2011) o, más recientemente, Centro Histórico de Málaga 2001-2016: evolución del comercio y la hostelería.

Gente Corriente: ¿Cuál es la situación del Patrimonio histórico en Málaga?

Anton Ozomek: En riesgo máximo de continuación del expolio. No es una hipótesis, es un hecho incontestable. Solo en los últimos 15 años ha desaparecido uno de cada cuatro edificios centenarios que quedaban en la Almendra Histórica. Francisco Pomares, edil de Urbanismo, lo niega, pero le hemos retado mil y una veces a que aporte pruebas, cosa que nunca ha hecho, porque, por supuesto, no puede. Nuestros datos sí son contrastables y verificables y responden al estudio geográfico riguroso mediante cartografía sistemática y análisis de fotografías aéreas, fotografías de archivo, visitas a pie de calle, etc.

GC: ¿Cómo se reparten los grados de responsabilidad en esta situación?

AO: Estado Español, Junta de Andalucía y Ayuntamiento, en primer lugar y a partes iguales (léase, por supuesto: partidos políticos que ocupan el poder). En segundo lugar, promotoras inmobiliarias y arquitectos. En tercer lugar, ciudadanía. Los tres estamentos de la administración pública están haciendo del marco normativo vigente (Ley de Patrimonio Histórico Español, Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía y PGOU-PEPRI) documentación inservible, porque no están cumpliendo ni haciendo cumplir la ley. En cuanto a promotores y arquitectos, o bien no quieren conocer las leyes vigentes o bien se las saltan porque les conviene. Y la ciudadanía, porque su desinterés es casi absoluto en estos temas, y eso a pesar de que les están robando su Patrimonio histórico, su seña de identidad, su riqueza cultural.

GC: Málaga es un ciudad que aspira a vivir del turismo, y que por tanto debería cuidar su Patrimonio, ¿cuál crees que es el motivo de que no sea así?

AO: El turismo de masas, el que puntualmente colapsa la Almendra Histórica de Málaga, genera una economía de posibles pérdidas encubiertas. La balanza final, si se tienen en cuenta todas y cada una de las variables macro y micro económicas, es muy probablemente deficitaria. El proceso de destrucción de la arquitectura histórica es progresivo, por lo que no es perceptible de forma fácil ni para los malagueños, que no se paran a realizar una comparativa rigurosa del antes y el después, ni para los visitantes, que no tienen el marco de referencia para saber si lo que hay es producto de cambios recientes o antiguos. En cualquier caso, al ritmo actual, donde en la Almendra Histórica ya solo uno de cada dos edificios tiene más de un siglo de antigüedad y la otra mitad tiene una edad media de 25 años (¡triste y sorprendente en una ciudad milenaria!), llegará un momento en que será tan obvio que el centro histórico no tiene nada histórico, que ya será tarde para frenar esta locura ilegal pero, a pesar de ello, legalizada.

GC: Sin embargo se ha dado un incremento del turismo en los últimos años en la ciudad, ¿a qué crees que se debe?, ¿qué tipo de turismo es?

AO: No soy experto en dinámicas territoriales turísticas, pero sin duda Málaga ha sido insertada en los circuitos turísticos internacionales, y la existencia de un aeropuerto internacional con vuelos baratos ha sido clave, al igual que el tren de alta velocidad o el puerto crucerista. Pero el turismo no se puede evaluar solo desde una perspectiva cuantitativa a medias. El sistema imput-output debe completarse y verificarse para determinar si existe auténtica rentabilidad o no.

 

GC: ¿Cómo ha cambiado el modelo de ciudad orientada a este tipo de turismo, la fisonomía y usos de la ciudad en los últimos años?

AO: Hablo solo de lo que ha sufrido el cambio más drástico: la Almendra Histórica. El cambio de actividades económicas ha sido intensísimo en los últimos 15 años. En 2001 por cada establecimiento hostelero en la zona, había 2,6 comercios. En 2016 la proporción es ya de 1,5 y la tendencia parece muy acelerada, provocando una monotematización del espacio urbano que genera muchas patologías, entre otras que se vuelva a hablar de pérdida demográfica de residentes en la zona, cuando en la década de los 1990 se había logrado revertir el problema. En Málaga, como en otros tantos lugares del mundo, se puede hablar con total propiedad de una gentrificación de manual.

GC: ¿Cómo afecta este turismo a la ciudad, en qué medida beneficia o perjudica? ¿Este turismo está generando empleo y riqueza a la ciudad?

AO: No dispongo de datos para valorar con rigor este asunto. Opino que es deber de las administraciones públicas generar información técnica de calidad y puesta a disposición de cualquiera, para poder extraer conclusiones serias. Pero esa información o no existe, o no está disponible por falta de transparencia. ¿Existe una alternativa a este modelo de turismo? Por supuesto que existe. Personalmente apuesto por el turismo como motor económico para el centro de Málaga. Pero el equilibrio del sistema se ha roto y eso no es bueno para la ciudad. En otras muchas ciudades del mundo (Venecia, Buenos Aires, New York…) ya se están tomando todo tipo de medidas para frenar e incluso revertir los procesos gentrificadores. Porque allí sí se han hecho las cuentas económicas completas, y se ha visto que matar a la gallina de los huevos de oro fue un grave error.

GC: ¿Más allá del turismo existe una alternativa de modelo de ciudad?

AO: El Plan Estratégico de Málaga apostaba hace décadas por una Málaga turística y tecnológica. Nos hemos quedado con el turismo, pero el PTA (Parque Tecnológico dd Andalucía) nunca logró despegar del todo ni extender el modelo al resto de la ciudad. La apuesta sigue siendo la misma: ahora lo llaman Smart City, pero ya veremos si se llega a materializar o será un nuevo castillo de arena.

GC: ¿En ese modelo de ciudad, qué papel podría jugar el Patrimonio, está todo perdido?

AO: Málaga no posee monumentos emblemáticos, de modo que si hubiese conservado su patrimonio arquitectónico podría tener un altísimo valor de conjunto. Es lo que tiene, por ejemplo, la Ciudadela de Ibiza, que es Patrimonio Mundial de la Unesco por su valor de conjunto, porque tampoco cuenta con monumentos individuales de gran relevancia. Pero la mitad de ese patrimonio ha desaparecido en pocas décadas, por lo que ya no existe remedio para eso. Otra cosa es que se intente frenar el expolio y se pongan en valor otras dimensiones culturales que hasta ahora no lo han sido convenientemente, como por ejemplo las pinturas murales, aunque al quedar tan pocas no creo que fuera suficiente. El patrimonio histórico es cada vez más una pieza de museo, pero la arquitectura histórica no cabe en un museo, pues su lugar es la calle, de donde nunca debió perderse.

GC: ¿Tú participas activamente en la defensa del patrimonio, sois muchas personas trabajando activamente?

AO: Activamente, lo que se dice de forma constante, dedicando suficiente tiempo, no hay quizás ni diez personas en la ciudad luchando y denunciando el expolio patrimonial. Contando acciones y participaciones más puntuales, no hay ni cien personas. Y contando momentos muy concretos (como la manifestación por La Mundial), unas quinientas. En algunas recogidas de firmas, mil. En suma, cifras irrisorias para una ciudad de más de medio millón de habitantes. El símil de David contra Goliat es más real que nunca en temas de patrimonio histórico, y aunque ganamos algunas batallas, la guerra está perdida hace tiempo, porque la inmensa mayoría de los malagueños así lo quieren y porque las estadísticas de pérdida de inmuebles centenarios son incontestables.

A demasiados malagueños no les importa su patrimonio histórico ni están dispuestos a dedicar siquiera un minuto a firmar una petición de apoyo en internet. Por el contrario, esas otras personas que he mencionado antes se merecen todo mi reconocimiento y enhorabuena. Sin ellas, yo también habría arrojado la batalla hace tiempo, aunque siempre nos queda la esperanza de las hemerotecas del futuro, donde la sociedad podrá saber que algunos estuvimos luchando por evitar esta vergüenza.

GC: ¿Has visto un evolución en los últimos años en el apoyo a la defensa del Patrimonio?

AO: Sí, totalmente. Pero no en todas las dimensiones necesarias. La implicación ciudadana sigue siendo entre nula e insustancial. Pero por ejemplo, los medios de comunicación han pasado de no hablar de nada a tener auténtico interés por cubrir noticias que tengan que ver con la defensa del patrimonio histórico malagueño. Por el contrario, la mayoría de los partidos políticos actúa justo en el sentido contrario, como por ejemplo el último acontecimiento, en que PP, PSOE y Ciudadanos han votado en contra de que se constituyera una comisión de investigación por la demolición ilegal del Palacio de Solesio.

GG: Al revisar datos en tu blog sobre los últimos años se aprecia que entre 2012-2016 se han perdido 3 edificios de patrimonio, mientras que solo en 2011 se habían perdido 19, y en los 5 años anteriores (entre 2007-2011) 95 edificios. ¿A qué crees que se debe esta cambio positivo?

AO: A que los expoliadores no ven oportunidades de negocio. Así es el capitalismo. La «crisis» ha tenido la ventaja de detener el proceso especulativo inmobiliario, pero pronto volverá.

Anton Ozomek, empresario malagueño y consultor de geomarketing, desarrolla desde finales de los años noventa su carrera profesional mediante investigaciones sobre paisaje urbano, movilidad sostenible, urbanismo comercial y patrimonio histórico. En esta última faceta, cabe destacar su blog de referencia Edifeicios Centro Histórico de Málaga. Su labor siempre ha estado muy ligada a la ciudad como fenómeno territorial de especial interés. Es coautor de publicaciones como Mercados Municipales de Andalucía; Málaga: de ciudad a Metrópolis; Plan Director de la Bicicleta de Málaga; Geografía del desastre: expolio del centro histórico de Málaga 1957-2011) o, más recientemente, Centro Histórico de Málaga 2001-2016: evolución del comercio y la hostelería.

Terrazas y ruidos del Centro

«No solo tenemos que pensar en el Centro como el
escaparate de la ciudad, hablamos de una Zona Residencial»

Gente Corriente: Usted es vecina del Centro, ¿desde cuándo?

María José Soria: Soy vecina del «barrio del Centro» de Málaga desde hace aproximadamente diecisiete años, aunque mi relación con este barrio es mucho anterior, ya que parte de mi familia lleva viviendo aquí desde hace más de treinta años.

GC: En ese tiempo ha cambiado mucho el entorno, ¿qué echa de menos, qué se ha perdido en estos años o cómo os afectan esos cambios?

MJS: Por supuesto que en todos estos años el Centro ha cambiado mucho. Es lógico que las ciudades y los barrios evolucionen, se modernicen y, lo que es más importante, se vuelvan más «amables» para sus vecinos y más atractivos para los que nos visitan, tanto para los malagueños de otros barrios como para foráneos. Hay que tener en cuenta que el barrio del Centro tiene unas características especiales que lo diferencian del resto de barrios de Málaga, pero también, para cualquier decisión que se tome sobre este espacio, sobre sus usos, no solo tenemos que pensar que es el «escaparate» de la ciudad, sino que estamos hablando de una Zona Residencial en la que sus vecinos y vecinas son parte importante. Así que partiendo de que la evolución lógica es la de la mejora, hay que considerar que los cambios que se han producido debemos evaluarlos desde diferentes aspectos.

GG: ¿Puedes señalar alguno de esos aspectos?

MJS: En el plano urbanístico, la peatonalización, qué duda cabe, le ha dado al Centro un aspecto más bonito, libre de tráfico y el ruido constante que generaba –aunque el ruido solo ha cambiado de emisor- y más cómodo para todos aquellos que nos visitan, aunque debería haber sido igualmente más cómodo para los vecinos. La realidad ha sido diferente para los que aquí vivimos.

Evidentemente supone un logro que la mayoría de las calles del barrio –«la almendra»- sean hoy peatonales, pero la contrapartida para los vecinos ha sido diferente. Hemos visto que en la práctica cotidiana, la del día a día de las familias, nos han dejado encerrados. Pocos pueden llegar hasta su casa con el coche, los aparcamientos de superficie prácticamente han desaparecido todos y no se nos ha dado ninguna alternativa de estacionamiento –la lógica obliga a haber tenido en cuenta esta situación, pero en ningún momento del proceso ha sido así-. Es un calvario ya no solo con nuestros propios coches trasladar mercancías necesarias, compras, etc., sino también cualquier compra de envergadura: muebles, electrodomésticos, etc. Los transportistas se las ven y desean para poder entregarlas.

Otro grave problema de la peatonalización, que ha afectado a los vecinos y, como por supuesto era de esperar, ya afecta también a los que nos visitan, es el hecho de que pese a que se nos vendió como un cambio abocado al disfrute, al paseo relajado, ha desembocado en la ocupación obscena de este espacio público, por parte principalmente de la hostelería. Se ha perdido el principio básico de Vía Pública. Ha pasado de ser un espacio de todos a ser un espacio recuperado y habilitado para su explotación privada. Un espacio hecho a medida para ser entregado a un sector determinado. Al final, la consecuencia de la mala gestión, o simplemente la falta de ella por parte de los responsables municipales, ha llevado a la situación que tenemos. La utilización del dinero público que debiera haber revertido en todos, y por supuesto en la mejora de la calidad de vida de los vecinos, no ha quedado en más que en habilitar terrazas para ser explotadas por manos privadas.

GC: Tú hablas de «barrio del Centro».

MJS: Es que otra consecuencia la vemos en cómo se ha ido también perdiendo el concepto de «barrio», y a mí me gusta utilizar el término «barrio del Centro» para hablar de este espacio. El lenguaje ayuda mucho a visualizar lo que estamos hablando, ya que tenemos claro que vivimos en una Zona Residencial, por lo que los vecinos debieran ser importantes.

Hay muchos condiciones que han de darse para hacer barrio y, por desgracia, poco a poco han ido desapareciendo. La mayoría de las veces esta pérdida ha sido intencionada, y no hablo de «obligar a», sino que no se han tomado medidas por parte del ayuntamiento para que no se produjera, e incluso en algunos casos ha sido promotor, como en el caso del Mercado de la Merced.

La mayoría de los vecinos, y es mi caso, percibimos que somos poco importantes y poco rentables. Que sobramos en el Centro. El plan que han trazado para nuestro barrio lo ha convertido en un centro de ocio donde todo está a la venta y donde si no gusta algo a aquellos que nos visitan se cambia por otra cosa por encima de vecinos, patrimonio e historia: necesitamos más espacio para terrazas, pues desarbolamos y ponemos palmeras que acotan menos; que ahora es verdad que nos hemos pasado y a los turistas les gusta el olor a azahar, pues volvemos a colocar naranjos, etc. Hay que generar dinero a toda costa y rápido, mejor cuantos menos vecinos, hay que aprovechar la situación y los que vengan detrás que se las apañen.

El comercio tradicional se ha perdido, salvo algunas excepciones dignas de elogio. Las tiendas que nos han abastecido durante años han desaparecido, escasean los servicios que son normalidad en otros barrios de Málaga, los espacios para compartir, para relacionarnos. Si queremos sentarnos y disfrutar de nuestro buen clima y nuestro ocio debemos hacerlo previo pago de una consumición. No hay bancos, no hay plazas o, mejor dicho, existen pero pertenecen a unos cuantos.

Las calles peatonales para pasear se han convertido en una carrera de obstáculos, muchos de ellos infranqueables. Tenemos dificultades graves de movilidad, exceso de ruidos, de eventos –parece que lo que no se organiza o se hace en nuestro barrio no existe-. Muchas viviendas y edificios con grados diferentes de protección han desaparecido o desvirtuado, tenemos –como antes he comentado- falta de aparcamientos, el barrio está sucio. Es imposible la recogida normalizada de residuos como se realiza en otros barrios. La hostelería genera tanta basura que con la mala gestión que se realiza resulta imposible asumirla. Las calles –salvando el eje de calle Larios- están sucias, las paredes pintorreadas y las pocas comunidades de vecinos que vamos quedando debemos hacer frente continuamente a los gastos del vandalismo que se produce en nuestras calles, en nuestras fachadas o en nuestros portales.

GC: ¿Te has planteado en algún momento mudarte a otro lugar de la ciudad?

MJS: Cuando de madrugada estás despierta porque los usuarios del Centro así lo han decidido de jueves a domingos y fiestas de guardar con sus gritos, cánticos , etc., cuando el camión de riego o de basura les toma el relevo con el ruido de sus motores, cuando has de pagarte un garaje para poder aparcar tu coche –en el mejor de los casos-, cuando los servicios de urgencia tiene una demora establecida de llegada a tu barrio de casi media hora, cuando sales a pasear o simplemente a hacer las compra y debes sortear mesas, sillas, bicicletas, cartelería, cuando es un milagro poder comprar un simple tornillo, cuando miras alrededor y te cuesta reconocer el espacio, cuando ves que tu barrio se ha convertido en un barrio tramoya, en una puesta en escena de todo aquello que solo se encamina a hacer caja, cuando te sientes ninguneada y despreciada… pues sí, te planteas marcharte, pero es triste que esta situación, consentida por los que deben ponerle remedio, te eche de tu casa. Hay que seguir demandando que leyes y normativas municipales se cumplan. Si esto fuera así y hubiese sido así, no nos encontraríamos con problemas de convivencia con otros sectores con los que debemos compartir el espacio de nuestras calles y, por supuesto, los vecinos y vecinas, que existimos, que tenemos nuestros hogares en este barrio, podríamos vivir y no sobrevivir, como hacemos ahora.

GC: Lo cierto es que Málaga pretende vivir del turismo, al que se asocia la hostelería. ¿Podemos permitirnos renunciar a ese turismo y al empleo que genera?

MJS: Cuando los vecinos hablamos de este tema estamos obligados a pronunciarnos de una manera clara: ningún vecino del barrio del Centro está en contra de la actividad hostelera. Sí estamos en contra del cariz que ha tomado esta actividad: sobreexplotación del espacio, ocupación ilegal de la Vía Pública, caso omiso de las ordenanzas y leyes tanto municipales como autonómicas que regulan el sector, hasta el punto de que se ha creado desde la ilegalidad un agravio comparativo con el colectivo de vecinos, en detrimento de la calidad de vida y de nuestros derechos como ciudadanos.

El sector hostelero se ha convertido en el dueño y señor de nuestro barrio. Los vecinos somos tachados de insolidarios, quejicas y tiquismiquis a la hora de denunciar situaciones flagrantes que están a la vista de todos. No es así. Ha sido la dejación de funciones por parte del Ayuntamiento la que ha permitido que actuaciones ilegales de la hostelería se hayan consolidado -derechos adquiridos- y ahora la situación es difícil de reconducir, partiendo de la base de que nuestras autoridades no tienen interés en hacerlo (mala prensa, la fortaleza del colectivo hostelero). Es más fácil seguir haciendo la vista gorda a las irregularidades, actuar de modo simbólico ante las irregularidades con la marcha atrás metida y por supuesto culpar a otros.

Dejo claro que los vecinos no somos los culpables. Nuestro malestar es convertido y traducido la mayoría de las veces por la opinión pública, los medios y el propio sector hostelero como un enfrentamiento irracional y egoísta. No lo es.

Insisto, es más fácil que esto se vea así y se fomente por aquellos que deberían hacer cumplir las leyes. De esta forma pueden ocultar su incapacidad, intereses y mala gestión culpando a otros, haciendo caso omiso de las demandas lícitas de los vecinos y vecinas sobre las actuaciones que puedan emprender. La realidad es que los únicos culpables de la situación que vivimos son ellos.

Dicho esto, por supuesto que no debemos permitirnos renunciar al turismo. Pero para traer al turismo no vale todo.

El turismo, y hablo desde mi percepción personal, viene a ver una ciudad diferente, con unas señas de identidad propias, con una historia determinada que les va a ofrecer imágenes diferenciadoras del resto de las ciudades, que les ofrece una gastronomía típica y cuidada, espacios relajados, edificios representativos y únicos… eso es lo que buscan y no una ciudad que les «acosa», «recreada», preparada para vendérselo todo. Un Parque Temático Turístico. Hay que ponerle remedio al barrio del Centro. Ya hay intervenciones que no pueden deshacerse, que se han perdido para siempre. Málaga no puede permitir que las cosas continúen por este camino. Primero, Málaga pertenece a todos los malagueños, los de hoy, los de mañana y los que ya no están. Enseñemos a los que nos visitan cómo somos de verdad y no inventemos ni manipulemos nada. Sí al turismo respetuoso de ellos para nosotros y de nosotros para ellos.

¿Renunciar al turismo? No.

GC: ¿Cuáles serían las posibles soluciones para abordar todos esos problemas?

MJV: Siempre he pensado que existen soluciones para todo, pero hay que querer encontrarlas. Para ello hay que plantearlas, estudiarlas, consensuarlas con todos los sectores implicados y no tirar de demagogias y chauvinismos baratos, intereses económicos cortoplacistas y, en definitiva, egoísmos particulares. Nunca he visto un debate serio que plantee qué modelos de ciudad queremos y necesitamos, qué debemos preservar, por dónde avanzar sin que ello suponga vendernos a modas y situaciones económicas puntuales. El debate es arduo y sobre todo debemos tener claro que nos jugamos mucho.

GC: ¿Qué está haciendo la vecindad afectada, cómo se está organizando?

MJV: Tratamos de hacernos oír en todo este asunto, aunque, por diferentes motivos, con menos participación y compromiso que el deseado, pero no por falta de interés. Pero para ello creo que es importante pertenecer a una Asociación de Vecinos. Para ser más visibles, por tener respaldo legal, mayor representación y mayor fuerza.

Existen varias asociaciones en nuestro barrio. Yo pertenezco a una de ellas y he tenido años atrás un cargo en la misma, por ello sé que es la vía más efectiva de interlocución con autoridades y demás colectivos con los que compartimos espacio y con los que debemos llegar a acuerdos. Es mucho lo que se trabaja, se propone y se discute en las asociaciones, y siempre en el intento de mejorar la calidad de vida de los vecinos y vecinas. Muchas veces, la lucha, pese a tener la verdad en la mano, es infructuosa porque los intereses políticos, económicos o simplemente personales están muy asentados. Los lobbies que actúan en el Centro tienen una gran fuerza y ante ellos los vecinos poco podemos hacer, aunque tengamos en nuestras manos la fuerza que nos da la razón, el cumplimiento igualitario de las leyes y nuestros derechos constitucionales. Se han conseguido muchas cosas, con mucha dificultad, y esta lucha no es de ahora. La Asociación a la que pertenezco ha sido pionera en la consecución y reconocimiento de los derechos de los vecinos y vecinas que vivimos en este barrio. No podemos dejarlo en el olvido ni dejar de reconocerlo. No se puede estar empezando siempre de cero.

Lo que tengo claro es que para intervenir y hacer algo hay que querer hacerlo y estar ahí. Luchar por todos y todas. Por todas las calles y espacios de nuestro barrio, ya que la problemática es común, y hacerlo con la misma intensidad, sabiendo que se trabaja para un colectivo y que lo conseguido beneficiará igualmente a todos. Hay que crecer y mantener la calidad de vida de los vecinos del barrio de Centro, que, como ya he comentado anteriormente, queremos y tenemos el derecho a seguir viviendo aquí y no solo a sobrevivir.

Charlamos con María José Soria, profesora jubilada y vecina del barrio del Centro. Soria es una activista vecinal, en tanto que no deja de luchar para que los vecinos y vecinas no pierdan calidad de vida en un espacio cada vez más hostil para las familias. Ha trabajado en el seno de la Asociación de Vecinos Centro Antiguo de Málaga, de la que fue presidenta entre 2009 y 2014, de modo que, con su Junta Directiva, ha representado los intereses de los vecinos y vecinas en los diferentes organismos, instituciones y colectivos implicados en la toma de decisiones para con el Centro. Junto con el resto de asociados, fue portavoz de la Plataforma Plaza de Camas. Igualmente, ha formado parte de las iniciativas para reclamar la rehabilitación de la Zona de la judería.

Como vecina afectada, y menospreciada, por las decisiones que se toman para con el barrio, sigue atenta para frenar la ruta trazada por otros en detrimento de los vecinos y vecinas.

La ciudad del 1%

La ciudad del 1%

Kike España

Hacer ciudad

La operación del hotel de lujo en el puerto de Málaga, como se ha mencionado en las páginas anteriores, pone de nuevo encima de la mesa un debate que parecía dormido: ¿cuál es nuestro modelo de ciudad? e, incluso, ¿cómo se hace ciudad? Cuando pensamos en la ciudad muchas ideas nos vienen a la cabeza, sin embargo, no es habitual salirse de un acercamiento instrumental que entiende la ciudad como el soporte que garantiza la gestión de las necesidades «básicas» de sus habitantes. Estamos acostumbrados a ver numerosos estudios, informes y foros de debate dedicados a una interpretación que pone en el centro la funcionalidad: una circulación más eficiente a través de nuevas tecnologías, un ambiente más «verde», unas calles más limpias, unas plazas más «seguras», edificios «inteligentes», en definitiva, una ciudad matemática, una ecuación al servicio del mito de la prosperidad. Un instrumento más, fundamental, dentro de la lógica neoliberal. Pero, ¿qué esconde esta lógica que pone en el centro la funcionalidad?, y ¿qué nos impide pensar esta forma de entender la ciudad?

Evidentemente, no es una casualidad, es la consecuencia ideológica de una forma de entender el mundo, de unas determinadas relaciones de poder. Muchos autores críticos, desde diferentes disciplinas, han desarrollado esta cuestión, recalcando el importante papel que juega la ciudad bajo el capitalismo donde asume un rol principal: el de ser un motor para la acumulación de capital. El sector inmobiliario deja de tener un carácter secundario y pasa a ser uno de los principales motores de la dinamización de la economía a nivel mundial. Debido a la importancia que tiene la ciudad y el espacio en sí dentro de la circulación del capital para que el capitalismo no colapse, la construcción de la ciudad queda reducida a un tablero de juego especulativo en el que el espacio no es más que una simple porción de suelo que solo tiene importancia en cuanto a su valor de cambio, es decir, como mercancía.

El espacio de nuestro tiempo se asienta sobre esta lógica perversa que nos impide ver -y pensar- lo evidente: que la ciudad es una producción social, el escenario de nuestras vidas, el ambiente en el que se producen y reproducen nuestros sueños y la posibilidad de transformar la sociedad. Es soporte, pero también campo de acción. Esta aparente evidencia se camufla desde su propia concepción -diseño-, la voluntad insaciable de control por parte de arquitectos, urbanistas y diseñadores encaja muy bien con la pretensión expansiva y colonizadora de la circulación de capital a través del sector inmobiliario y el de la construcción, lo cual permite que de esta coincidencia de intereses se reduzca la ciudad -y el pensar la ciudad- a una cuestión técnica donde lo urbano no se piensa desde el conflicto de lo social, ni desde la potencia que las relaciones entre individuos pueden desplegar mediante sus iniciativas y formas espontáneas de vida, sino desde la utopía de la ciudad moderna como mecanismo de homogeneización.

Son múltiples los ejemplos que evidencian esta contradicción en la ciudad de Málaga. Lo podemos ver de manera muy clara en el caso de la torre del puerto, pero también en los terrenos de Repsol, el edificio de La Mundial en Hoyo de Esparteros o la invasión de terrazas y alojamientos turísticos en el centro histórico. Los debates sobre paisaje e identidad no hacen más que arañar la superficie del problema, la clave está en la cuestión democrática, es decir, en quién decide cómo se construye la ciudad. ¿Son los grandes grupos de inversión (el 1%) que entienden la ciudad como un tablero de juego especulativo o es la ciudadanía malagueña (el 99%) que entiende la ciudad como un lugar para vivir?

El monopoly del 1%

El puerto, con esta concesión, muestra abiertamente la capitulación de la mayor parte de la ciudadanía malagueña (el 99%) frente a ese sector minoritario del 1% que quiere seguir entendiendo nuestra ciudad como un juego de monopoly donde seguir poniendo hoteles en las mejores casillas y que el resto lo paguemos cada vez que pasemos por allí. Es triste ver que la figura del arquitecto, en la ciudad del 1%, ha quedado reducida a un ejercicio de retórica al servicio de los intereses económicos, en ese incómodo papel de hacer de intermediario entre grandes clientes con intereses particulares y el producto-ciudad. Esto, desgraciadamente, construye una ciudad elitista a la que solo pueden acceder un número muy reducido de personas (1%), muchas de las cuales ni siquiera viven aquí, sino que vienen y se van en barco.

La gestión neoliberal, mediante el impulso económico de la «cultura del espectáculo» enfocada a la atracción de turismo ha fracasado. Esta forma de hacer ciudad ha generado la destrucción del patrimonio del centro histórico, el desplazamiento de centenares de familias de sus barrios y el secuestro indiscriminado del espacio público convirtiendo la ciudad en un espacio invivible. Procesos de participación fracasados y una absoluta marginación, e incluso persecución, de cualquier experimento realmente democrático en nuestra ciudad demuestran la falsedad e hipocresía de una administración que no hace más que traficar con el espacio que es de todos y todas. La producción del espacio nos pertenece como ciudadanía y, desgraciadamente, estamos muy lejos de conquistarla.

La ciudad-museo

Frente a procesos a largo plazo y bien pensados sobre la morfología urbana y la vida que contienen, nos encontramos con mecanismos superficiales que solo tienen en cuenta lo espectacular, lo inmediato. El fachadismo no es más que un efecto de esta forma de entender la ciudad: «la ciudad de los museos» la llaman desde el Ayuntamiento de Málaga. En realidad se trata de la ciudad-museo, es decir, la ciudad al servicio de los visitantes, en la que no importa lo que haya detrás de la fachada, solo la apariencia. En la ciudad-museo ya no hay ciudadanía, solo turistas, y por lo tanto únicamente quedan ya tiendas de regalos y cadenas de restaurantes. La ciudad y la ciudadanía desaparecen, solo permanece su ilusión, un espejismo de ciudad que esconde el desplazamiento del 99% de su población. Dentro de esta estrategia, la administración local no adopta una actitud «pasota», sino todo lo contrario, una bien activa: el patrimonio es y será un obstáculo más dentro de la estrategia económica, solo lo utilizarán si se alinea con sus intereses.

Recuperar la ciudad

Ante esta situación lo que nos preguntamos es cómo recuperamos Málaga para el 99% de sus habitantes. La respuesta no es sencilla, pero hay ya ejemplos en la ciudad que nos animan al optimismo. Uno de ellos es la respuesta que dio un conjunto de vecinos al proyecto de las torres en los terrenos de Repsol convocando una petición en la plataforma change.org para reclamar un Bosque Urbano para Málaga (BUM), que consiguió más de 25.000 adhesiones.

Sin duda este es un claro ejemplo de lo que significa ejercer el derecho a la ciudad, es decir, la introducción de mecanismos no dirigidos que amplíen la democracia a la hora de intervenir en la ciudad y posibiliten otra forma de hacer ciudad mucho más ligada a los intereses de la mayoría social (el 99%). Otro de los ejemplos que estamos viviendo es la organización creciente de los vecinos en distintas partes de la ciudad, ya sea desde una forma clásica como la Asociación de Vecinos del Centro y sus demandas contra el ruido, la falta de comercio de proximidad y la invasión turística, o desde formas más espontáneas, como la Plataforma Lagunillas Se Defiende cuando da uso a un solar abandonado (fruto del derribo por parte del Ayuntamiento de la casa natal de Victoria Kent) y organiza incluso un ciclo de cine propio, coincidiendo con el Festival de Cine, sobre luchas vecinales y resistencias contra los procesos de gentrificación.

El movimiento 15M demostró que la ciudadanía es mayor de edad y capaz de responsabilizarse de forma colectiva de los problemas que le afectan. Es hora de inventar nuevas formas de hacer ciudad que nazcan de las preocupaciones y los anhelos de las personas que la habitan, que sepan ser sensibles a las minorías que sufren desplazamientos, acoso, persecución y que comprendan mejor la naturaleza y los retos de la crisis ecológica. La ciudad debería ser el proyecto de cómo nos cuidamos, de cómo vivimos juntos gestionando las diferencias (no suprimiéndolas), preservando singularidad y diversidad, conflictos y afectos. Y de cómo combinamos los distintos saberes (académicos, técnicos, experienciales, etc.) para tomar las mejores decisiones de manera cada vez más democrática. Seguro que también vamos a necesitar nuevas arquitecturas, en las que se disuelva el ego del arquitecto e incluso la autoría, que trabajen con nuevas solidaridades, economías, culturas, redes, cuerpos… y que asuman la complejidad de un mundo roto y lleno de preguntas.