Cofradías: que baje dios y lo vea

Santi Fernández Patón

En noviembre de 2017 un pleno extraordinario del Ayuntamiento de Málaga aprobaba una modificación presupuestaria, con los votos del PP y el apoyo entusiasta de su apéndice naranja, que contenía una partida de 229.000 euros para 21 cofradías. Esa cantidad se repartía desde los 7.000 euros a la de El Huerto para unas bambalinas laterales del palio del trono de la Virgen, a los 17.000 euros de la Expiración (para la restauración del suelo del salón de tronos) y la Esperanza (restauración de túnicas), pasando por 16.000 a la cofradía de Zamarrilla (realización de un grupo escultórico) y la del Rico (14.000 euros para reformar su museo y las vitrinas) o El Cautivo (8.000 euros para renovar los uniformes de la banda musical). ¿Parece esto excesivo? Pues en julio del mismo año ya se habían aprobado otros 115.000 euros para ayudas similares.

«en un solo año se han entregado a las cofradías unos 345.000 euros, a los que hay que sumar las constantes con- cesiones de parcelas y locales o edificios municipales, por no mencionar los cambios arquitectónicos en nuestras plazas y calles para fran- quear el paso a los tronos»

Por tanto, en un solo año se han entregado a las cofradías unos 345.000 euros, a los que hay que sumar las constantes concesiones de parcelas y locales o edificios municipales, por no mencionar los cambios arquitectónicos en nuestras plazas y calles para franquear el paso a los tronos, lo que acaba por configurar una suerte de «urbanismo cofrade». Esto es, la configuración del espacio público en función de intereses privados y religiosos.
A este respecto, podemos recordar a vuelapluma la tala de cipreses centenarios en la plaza de San Francisco (que el vecindario impidió que fuera a más) o la pérdida de la subvención europea para remodelar la plaza de Camas, ya que el proyecto original dificultaba la salida de procesiones, lo que finalmente nos ha costado alrededor de un millón y medio de euros del erario municipal. La plaza de Camas, como se sabe, es la misma en la que el Ayuntamiento ha cedido a la cofradía de las Fusionadas (sí, la de Antonio Banderas) una parcela valorada en 750.000 euros para la construcción de su casa de hermandad, mientras ha sido incapaz de instalar toldos contra el sol, debido a la falta de arbolado, en la pequeña zona infantil, como se ha reclamado en repetidas ocasione
Podríamos enumerar muchos más casos: la cesión en 2015 de gran parte del Hospital Noble, donde actualmente tiene su sede la empresa de aguas municipales EMASA, a la cofradía del Descendimiento por un total de 50 años (el mismo mecanismo, tan habitual, que según el alcalde no se puede cumplir con La Invisible, como explican sus portavoces en una entrevista de estas mismas páginas). Es solo un ejemplo actual, al que se puede sumar la cesión reciente de otros locales o edificios a la cofradía del Cristo del Perdón, a la de Nuestra señora de los Dolores, a la de las Angustias, la del Jesús de la Pasión o a un sinfín más que abarca no solo a las 44 que procesionan.
No se trata solo de las cofradías. Como es sabido, en 2003, con el gobierno Aznar, una modificación legislativa permitió que, en una suerte de inversión de las desamortizaciones del siglo XIX, según podemos ver en este número de Gente Corriente, la Iglesia haya puesto desde entonces a su nombre más de 4.500 inmuebles en todo el país, algunos tan emblemáticos como la mezquita de Córdoba. Por supuesto, como ocurre con el resto de sus propiedades, la Iglesia también está exenta del pago de IBI con estas nuevas inmatriculaciones. En Málaga se valió de este procedimiento para en 2011 poner a su nombre la catedral, ni más ni menos, y de paso los jardines que la rodean… pero de su mantenimiento y cuidado se encarga el propio Ayuntamiento.
Sin irnos tan lejos, en octubre de 2017 el Obispado de Málaga comenzó a construir una centro de catequesis, con decenas de aulas, varias plantas y parking particular, en una parcela municipal cedida graciosamente por el Ayuntamiento en la calle Crónica, en la barriada de Puerta Nueva. La particularidad residía en que en esa parcela se asentaba la única pista deportiva de carácter gratuito de toda la barriada, por lo que era usada a diario por grupos de jóvenes, que de un día de otro perdieron un equipamiento público en favor de intereses privados, pese a las numerosas protestas vecinales.

¿Y el dinero para las barriadas?

Aquel pleno extraordinario de noviembre de 2017 aprobó también otra modificación presupuestaria para invertir 12,1 millones pendientes desde 2015 y otros 7,6 millones de 2016. Este remanente era consecuencia de la mala gestión presupuestaria, que una año más dejaba sin ejecutar partidas importantes para el desarrollo de la ciudad. A estas cantidades hay que añadir otros 37,5 millones de euros que supuestamente se han ejecutado antes de fin de 2017. Todo ello se aprobó justo un día después de que Hacienda, por mandato del ministro Montoro, anunciara la intervención de las cuentas del Ayuntamiento de Madrid en función de unos criterios que podrían haber sido aplicados perfectamente a Málaga, cuyas inversiones carecen en numerosa ocasiones de las más elementales justificaciones.
La mayor parte de esas inversiones están dirigidas a las áreas donde el PP y Ciudadanos consiguen más votos, en muchos casos sin la preceptiva justificación sobre el ahorro que a la larga generarían para la ciudad. Todo ello mientras que de nuevo se ha dado de lado a la periferia, como son los casos de Campanillas o Churriana, en los que se invierten 393.000 euros y 60.000, respectivamente (recordemos: 345.000 para las cofradías), muy lejos de los casi 5 millones que suman entre el centro y la zona Este, principalmente en Pedregalejo y Limonar. Aunque parezca increíble, era la tercera o cuarta vez que el Ayuntamiento anunciaba o, mejor, «vendía» a golpe de titular, esta inversión en los distritos. ¿Cómo lo hace?
De manera habitual, el equipo de gobierno anuncia sus partidas estrella para los siguientes presupuestos (primera vez que las vende), meses después, según se aprueban esos presupuestos, las vuelve a anunciar (segunda vez que las vende), para más tarde hacer otro anuncio en el momento de se ejecución o, si siguen pendientes, como suele ocurrir, en el pleno de la modificación presupuestaria (tercera vez) y, por último (cuarta vez), cuando por fin se ejecuten. Mencionemos que en ocasiones ha incluido como inversiones lo que en realidad son reparaciones, hasta que el interventor municipal atajó esta práctica. Por tanto, la sensación de buena parte de la ciudadanía al leer incluso cuatro veces titulares muy similares es que el equipo de gobierno no deja de invertir y desarrollar distintos planes en los barrios. Como vemos, la realidad es que en muchas ocasiones ni siquiera se ejecuta lo aprobado, y que los presupuestos castigan las áreas donde menos votos obtiene el PP.
A esto, algunos lo llaman marketing político. Otros, simplemente, robo.

La Economía del Bien Común y Málaga

Ángel Terrón

La definición habitual que recogen los diccionarios sobre el término «Economía», como administración de bienes o ciencia relacionada con ello, apenas refleja lo que normalmente nombramos con esa palabra. El análisis de la economía financiera se ha vuelto complejo hasta para los propios banqueros que capitanean esos grandes barcos que parecen flotar sin rumbo en un océano, y para los que la ciudadanía pone el combustible y, cuando encallan, el rescate.
Curiosamente, cuando analizamos la economía de países y empresas, lo hacemos de una manera muy simple: ¿ganan o pierden dinero? Es un balance que no muestra nada que importe, como por ejemplo si esa empresa o actividad respeta la dignidad de las personas, construye o destruye comunidad, preserva o contamina nuestro aire y agua. Necesitamos otras maneras de gestionar nuestros recursos y de evaluar nuestra actividad económica.
Por contra, la Economía del Bien Común (EBC) vendría a ser un sistema económico alternativo, al margen de los mercados financieros, y que propone, en función de valores humanos universales, la construcción de una buena vida para todos los seres vivos y el planeta. Es un proceso abierto en cuanto a sus resultados, participativo, de crecimiento local, aunque de efectos globales.

«El llamado “Balance del Bien Común”, perfectamente definido, aunque en constante evolución, relaciona los valores de dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, transparencia y participación democrática con sus actores y receptores: las personas, la comunidad y el medio ambiente»

Este enunciado se quedaría como un brindis al sol más si no fuera por su principal herramienta, una matriz para valorar las actividades, las empresas, las comunidades y las personas en función de esos valores. El llamado «Balance del Bien Común», perfectamente definido, aunque en constante evolución, relaciona los valores de dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, transparencia y participación democrática con sus actores y receptores: las personas, la comunidad y el medio ambiente.
Bajo esta idea, en el año 2010, junto a un grupo de empresarios también austriacos, Christian Felber inició el desarrollo práctico del modelo de la Economía del Bien Común como una alternativa real al capitalismo de mercado y a la economía planificada. Desde entonces se han multiplicado las empresas, municipios y comunidades del Bien Común. En España, la Economía del Bien Común se extendió a través del propio Christian Felber, la Asociación Federal Española para el Fomento de la Economía del Bien Común y personas como Diego Isabel La Moneda, quien expandió el modelo a Latinoamérica e inició el proceso de aprobación del Dictamen del Comité Económico y Social Europeo «La Economía del Bien Común: un modelo económico sostenible orientado a la cohesión social».
De todo ello se habló en abril de 2017 en Málaga, ya que nuestra ciudad acogió el Foro Global NESI sobre Nueva Economía e Innovación Social, en el que se citaron formas alternativas de entender y valorar nuestras actividades, mucho más numerosas e importantes de lo que pudiera parecer. En Málaga hay ejemplos.
En la provincia de Málaga, la Asociación Nueva Alternativa de Intervención y Mediación (NAIM) lleva desde 2015 aplicando el Balance del Bien Común como herramienta de medición de su impacto en la sociedad. Esta asociación tiene como principal fin la promoción del desarrollo integral de distintos sectores de población, preferentemente los que corresponden a la infancia y juventud que se encuentren en situación o riesgo de exclusión social. Promueve diversos proyectos de desarrollo integral destinados a estas personas, y especialmente a jóvenes.
La mayor parte de sus actividades giran alrededor de la orientación laboral, la formación para el empleo y la inserción sociolaboral. Además ha promovido tres empresas de inserción en distintos sectores de actividad. Los proyectos que lleva a cabo se centran en Málaga capital (barriadas de Palma-Palmilla, La Corta, Bailén-Miraflores) y en las localidades de Antequera y Alameda.
Trabajar por la inserción sociolaboral implica también promover y facilitar cambios en las estructuras económicas que generan la desigualdad y la exclusión. Es por ello que esta asociación malagueña participa activamente en el movimiento de la Economía del Bien Común.
Ejemplos como el de NAIM, y otras empresas de la asociación REDVERSO por una economía verde, solidaria y del Bien Común, también participante del movimiento EBC en Málaga, nos conectan con otra visión de nuestra sociedad más cordial, sana y sostenible. Nos proponen preguntarnos y analizar, precisa y sinceramente, si nuestra actividad proporciona calidad de vida o es solamente un libro de contabilidad más.

Rascacielos para la Zona Metropolitana de la Costa del Sol

Trabajos de estudiantes de arquitectura de la Universidad de Granada (2017) 1

Los rascacielos, o edificios en altura, pertenecen a una tipología arquitectónica que puede ser muy útil para la ciudad, siempre que sirvan para densificar y diversificar el uso del suelo urbanizado aportando variedad y riqueza espacial y social a un entorno urbano. El arquitecto holandés Rem Koolhaas valora positivamente los rascacielos de Nueva York porque en el mismo edificio se apilan unos usos muy diferentes sobre otros. Así, destaca que el Waldorf-Astoria concentre un hotel de paso, comercios, residencia, un gran conjunto con salón de bailes y recepciones, sedes compartidas de clubes y organizaciones, un garaje para vagones privados de ferrocarril, salas de exposiciones «y todo lo que se pueda imaginar en 40 pisos».2

  • Sin embargo, el geógrafo Henri Lefebvre criticaba los rascacielos –«casas torre»- como arrogancia fálica o, lo que es peor, falocrática3. Es lógico, pues los rascacielos son las arquitecturas más queridas para la exhibición del poder económico (precisamente nacen a finales del siglo XIX en Estados Unidos asociados con las multinacionales cuando éstas adquieren el tamaño suficiente para competir con los estados). Además, también se utilizan para absorber la excesiva liquidez económica, como sucede actualmente. Por ello, en las crisis inmobiliarias encontramos gran parte de las causas de las crisis económicas.

    David Harvey, catedrático de Antropología y Geografía de la Universidad de Nueva York, explica en Ciudades rebeldes4 que toda crisis global ha sido precedida de una crisis inmobiliaria causada por un exceso de liquidez monetaria que hace que los ricos desvíen sus beneficios hacia la construcción, provocando de esta manera una gran burbuja inmobiliaria, que suele estallar anunciando la crisis económica inmediata. Esta explicación tiene un referente visual en los skylines de las ciudades importantes. Los nuevos rascacielos son anuncios de las crisis económicas que vienen, al tratarse de beneficios y liquidez excedente puestos a especular (vanidad y codicia de los poderosos juntas en una arquitectura).

    En Nueva York, el Empire State inició su construcción antes de la crisis de 1929, aunque se concluyó en 1931. Las Torres Gemelas (World Trade Center) se inauguraron a finales de 1973, una vez desatada la crisis del petróleo a principios de ese año. El nuevo proyecto de sustitución de las antiguas Torres Gemelas, proyectado antes de la emergencia de la actual crisis, se inaugura ahora, en plena crisis. Las Cuatro Torres Business Area, del paseo de la Castellana de Madrid, se inauguraron durante el periodo 2007 y 2009. Lo más llamativo es que Harvey explica que las crisis inmobiliarias de Florida (EE. UU.), Inglaterra, Irlanda y del sur de España son las causantes de la actual crisis global en que nos encontramos. El desarrollo y el crecimiento ilimitado expresados en construcción y superficie urbanizada extendidas indefinidamente por el territorio son la principal causa de la gran crisis (como antes, aunque ahora en nuestro país aparecemos como atizadores de la hoguera) 5.

    Los rascacielos, por ello, de forma muy clara en los destinos turísticos del litoral español, son la forma visual más expresiva de las consecuencias de una growth machine, es decir, de una máquina de crecimiento urbano. La growth machine es un acuerdo tácito social entre al menos cuatro agentes poderosos que comparten los mismos fines: el crecimiento de la extensión del suelo urbano y de la especulación inmobiliario-financiera, así como la ampliación de la base demográfica de la población. Estos cuatro agentes son los políticos, seguidos de los empresarios y banqueros, a continuación los técnicos y profesionales y por último los medios de comunicación social. Por otro lado, este acuerdo tácito consigue aglutinar a los grupos ciudadanos -todos ellos con mínimos poderes- contrarios a los megaproyectos, que se resisten con escasos medios a las intenciones constructoras injustificadas de los poderosos. La Plataforma Defendamos Nuestro Horizonte 6 es un claro ejemplo de un grupo que aglutina a diversos opositores.

    Tras la crisis, los megaproyectos como los rascacielos están fomentando, transformando y agravando las siguientes problemáticas ciudadanas y urbanas, pues su influencia afecta a grandes superficies de la ciudad:

    • Generalizan el urbanismo como forma de corrupción política 7. Por un lado, tenemos el llamado «urbanismo a la carta» y de convenio que favorece las intenciones de la iniciativa privada8 y, por otro, aquellas otras cuestiones que acompañan a la producción urbana (conjunto de infraestructuras, normas fiscales, cívicas, desregulaciones, moratorias, etc.). Son hechos que podemos denominar en conjunto, y parafraseando a Bauman 9 , «urbanismo líquido».

  • Facilitan, junto a los megaeventos, la concentración de los tiempos, las energías y los esfuerzos del capital financiero para promover sus intenciones especulativas en el espacio urbano y el territorio 10.
  • Aportan mayor protagonismo al capital financiero en la nueva economía urbana, que -aunque no anula el capital inmobiliario que ha sido el motor de las transformaciones anteriores- comienza a aparecer como determinante tras la crisis 11.

Los rascacielos podrían ser arquitecturas que beneficiasen la sostenibilidad de la ciudad contemporánea, al densificarla, concentrando funciones, reduciendo el consumo de energía por transporte y aumentando la diversidad y riqueza de la vida urbana. Sin embargo, en Málaga, en Andalucía, después de la crisis se han convertido en elementos arquitectónicos que solo se pueden justificar desde la ignorancia, o por aquellos que ejercen de oportunistas sin escrúpulos.

[1] Estudiantes de la asignatura Monográfico de Proyectos de Arquitectura de la UGR (2017): Aguayo, Emma; Bonneau, Johanna; Combaz, Aymeric; Contreras, Antonio; Cuadros, Manuel; García, Ana; García Parada, Inés; Martínez, Enrique; Medina, Cristina; Ortiz, Daniel; Rodríguez, Laura; Torres, Clara.

[2] Koolhass, R. (2004): Delirio de Nueva York. Gustavo Gili (Barcelona).

[3] Lefenvre, H. (2013): La producción del espacio. Capitán Swing (Madrid)

[4] Harvey, D (2013): Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Akal (Madrid).

[5] Romero, J. M. (2016): «¿Dónde nos encontramos? Lugar y tiempo del nuevo urbanismo». Blog Paisaje Transversal (11/02/2016): http://www.paisajetransversal.org/2016/02/donde-nos-encontramos-lugar-y-tiempo-del-nuevo-urbanismo.html#more

[6] http://defendamosnuestrohorizonte.esy.es/

[7]  De Salas, J. (2004): «Tesis Granada sobre corrupción institucional. La corrupción como forma de gobierno», en AA.VV: 020404 Deriva en ZoMeCS. Fundación Rizoma (Málaga).

[8] Rullán, O. (2012): «Urbanismo expansivo en el estado español: de la utopía a la realidad», en Gozálvez,, V. y Marco, J. A. (eds.): Geografía, retos ambientales y territoriales. XXII Congresos de geógrafos españoles, 2011. Universidad de Alicante (Alicante).

[9]  Bauman, Z (2013): Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre. Tusquets Editores (Barcelona).

[10] Grupo de estudios antropológicos La Corrala (Cood.; (2016): Cartografía de la ciudad capitalista. Transformación urbana y conflicto social en el Estado español. Traficantes de Sueños (Madrid).

[11]  Harvey, D. (2013): Op. Cit.

José María Romero (dr. arquitecto, profesor UGR).
Colaboran en este artículo: Eduardo Serrano (dr. arquitecto), Yolanda Romero (dra. turismo, prof. UNE y UOC), Enrique Navarro (dr. geografía, prof. UMA), Fernando Ramos (arquitecto), y Rubén Mora (arquitecto).
Infografias: Estudiantes de la asignatura Monográfico de Proyectos de la ETS Arquitectura, Universidad de Granada.

Los Baños del Carmen: favores a costa de nuestro patrimonio natural

Del esplendor a la ruina

1929. José Pérez Murillas. Fondo Murillas, Archivo CTI-UMA

Los Baños del Carmen son sin duda uno de esos lugares emblemáticos de Málaga, un punto tan singular de nuestro litoral urbano que cuesta mucho entender cómo han sobrevivido al furor destructivo del gobierno local del PP. Los Balnearios de los Baños del Carmen, en el distrito Este, fueron inaugurados oficialmente en verano de 1918, herederos de los gustos por el Romanticismo que, desde la industrialización de Málaga en el siglo anterior, prevalecían entre la burguesía, y de los que quizás es el Jardín de La Concepción el máximo exponente.
Los Baños, que llegaron a contar con un embarcadero y pantalla para la proyección de películas, fueron pioneros en eliminar la separación de zonas de baño para hombres y mujeres, entre las que incluso se alzaban unas esteras opacas. Igualmente, según las costumbres burguesas de la época, contó con campo de fútbol, pista de tenis (la reina Victoria llegó a asistir a algún campeonato celebrado en los Baños), 2.000 m² de pista de baile, etc. Como decía la publicidad de la época: «Parque Balneario Nuestra Señora del Carmen SA. Abierto todo el año. Conciertos. Varietès. Pistas de Baile. Concursos. Regatas, verbenas, campo de tenis. Gran Restaurante».
Su decadencia, o su adaptación a los nuevos tiempos, era evidente ya en los años setenta, época de la que muchas y muchos malagueños recuerdan el camping que se extendía sobre el eucaliptal que aún sobrevive, y que cerró a mediados de los noventa, una década después de que las nuevas legislaciones sobre Costas entraran en vigor. Esa era la legislación, de hecho, que provocó que a partir de los ochenta el restaurante y la playa privada fueran por fin de libre acceso. Desde entonces, todas las malagueñas podemos disfrutar de los mejores atardeceres de la ciudad, bien es cierto que la dejadez de las distintas administraciones hacen que el enclave esté lleno de escombros, suciedad o tramos descubiertos de tubería, por no hablar de muros a punto del desmoronamiento.
En 1995, cuando se clausuró el camping, dos constructoras adquirieron la sociedad concesionaria. Aunque cueste creerlo, no realizaron ninguna tarea de mantenimiento, ni siquiera por motivos de seguridad. Incluso, no hace tanto la limpieza y el tapiado de las dependencias, tras el desalojo de un campamento espontáneo de unos años antes, corrió por cuenta del Ayuntamiento, que también se encargó, por esperpéntico que resulte, de instalar la chapa metálica de la caseta de las taquillas, que cuentan con protección especial.

«el rescate no se inició hasta septiembre de 2016, pero el último día de ese mes se vendieron las acciones a un grupo de cuatros socios liderados por los ex concejales Damián Caneda y José Luis Ramos»

Conviene recordar que en el año 2010 Costas declaró de utilidad pública el rescate de la concesión de los Baños del Carmen, y en 2014 lo ratificaba la Audiencia Nacional mediante sentencia firme. Pese a ello, el rescate no se inició hasta septiembre de 2016, pero el último día de ese mes se vendieron las acciones a un grupo de cuatros socios liderados por los ex concejales Damián Caneda y José Luis Ramos. El rescate entonces pasó un segundo plano, pues de golpe esta operación abrió una nueva batalla judicial para determinar si, al no haberse comunicado a la Junta la venta de estas acciones, se tenían motivos para la extinción de la concesión. Seguramente esta batalla no se haya resuelto todavía cuando en 2018
finalice la concesión.

Pagar favores

1920. Terraza y quioscco de música en los Baños del Carmen. Colección particular. Tarjeta postal

Ya sabemos que cuando las administraciones abandonan el interés general se debe a que existen beneficiarios particulares a los que priorizar. Para que esa relación se produzca, nada mejor que la incompetencia, claro, pero hay otro elemento que exige un poco más de intención política: la opacidad. Quizás, en este caso concreto, lo entendamos mejor si hacemos un poco de memoria.
En 2003 José Luis Ramos, bien conocido hoy por sus cargos en la asociaciones locales de hosteleros, abandonó su puesto como concejal de Empleo. Se había descubierto que tres de las siete personas contratadas en una oferta de plazas para el Instituto Municipal de Empleo eran parientes (su propia cuñada) o tenían una relación directa con dirigentes del PP, como la novia de Juan Manuel Moreno Bonilla (que por entonces era miembro de la dirección nacional, antes de convertirse en presidente de la andaluza). Por su parte, cuando en 2011 Damián Caneda tomó posesión de su acta como concejal de Cultura, Turismo y Deportes declaró un patrimonio de más de tres millones de euros (lo que le convertía en el concejal más rico de Andalucía), gracias a un entramado societario en torno a la empresa matriz Inversiones Empresariales Malagueñas, lo que seguramente le tendría que haber invalidado para su cargo. Tres años después se produjo su sorprendente dimisión. No era el único miembro de ese gobierno que no repetiría en la siguiente legislatura.
Tampoco iba a estar Miguel Briones, el actual subdelegado del gobierno. Briones fue delegado no electo de Cultura, Educación y Fiestas entre 2007 y 2011 y de Educación y del distrito Teatinos-Universidad entre 2011 y 2013, cargos que tuvo que abandonar tras una sentencia del Tribunal Constitucional que reafirmaba que solo los concejales elegidos en las urnas podían formar parte de las juntas de gobierno. El premio por los servicios prestados, no obstante, fue notable. Como hemos dicho, desde septiembre de 2015 ocupa el cargo de subdelegado del gobierno, en el que relevó a Jorge Hernández Mollar, quien en el momento de su jubilación no dudó en declarar que uno de sus mayores quebraderos de cabeza venía, precisamente, de la situación de los Baños del Carmen. No olvidemos que Costas, como dominio público, es una competencia estatal. Un año después Caneda y Ramos ya contaban con esa concesión in extremis.
Por si fuera poco, ambos habían dimitido o abandonado sus cargos en el gobierno local en un momento caliente que les concernía muy directamente: el fiasco de Art Natura. Hacia 2014, como ha quedado demostrado en la Comisión de Investigación que durante un año se ha celebrado en el Ayuntamiento, todo el mundo sabía que estábamos ante el mayor fiasco de los gobiernos del PP en Málaga: la rehabilitación de la antigua Tabacalera para construir un complejo museístico de ciencias de la vida (finalmente reducido a un proyecto de Museo de las Gemas) era un despropósito urdido desde Génova por Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado con Aznar. Amaños de todo tipo llevaron a inflar la factura para la ciudad hasta unos 40 millones de euros, en buena medida por obcecación del alcalde, y finalmente tuvimos un museo que permaneció abierto durante dos horas. Otro de los implicados, Javier Fernández, mano derecha entonces del alcalde, también abandonó el barco, e igualmente obtuvo un premio goloso: director de Museo Carmen Thyssen.

«Un informe del Servicio de Conservación municipal de 2016 aseguraba que la instalación y su entorno «no reúnen las condiciones de habitabilidad, salubridad […] exigidas y exigibles por normativa». La situación actual de los Baños del Carmen es de ruina y urge rehabilitarlos cuanto antes»

Así, si Briones miraba para otro lado y acababa en Subdelegación del Gobierno, si Fernández hacía lo propio y comandaba el Thyssen, Caneda, por su parte, obtenía la concesión irregular de los Baños del Carmen, ahora que su antiguo correligionario era pieza clave para ello.
Mientras tanto continúa el abandono del parque, el vallado de zonas, las obras ilegales, las actividades no autorizadas, el deterioro del patrimonio histórico y la degradación del conjunto paisajístico y edificatorio. Un informe del Servicio de Conservación municipal de 2016 aseguraba que la instalación y su entorno «no reúnen las condiciones de habitabilidad, salubridad […] exigidas y exigibles por normativa». La situación actual de los Baños del Carmen es de ruina y urge rehabilitarlos cuanto antes. Así lo certifica también un informe del la Gerencia de Urbanismo del año pasado. Incluso hemos leído declaraciones de los promotores y propietarios del restaurante en el mismo sentido.
El duro informe de la Gerencia de Urbanismo habla de «instalaciones precarias, con cableados aéreos, almacenamiento de 13 bombonas de gas junto al menaje y tras un tabique simple de pladur de la nueva cocina, tabiques semiderruidos y ausencia total de sectorización». También señala «suciedad, escombros, basura y falta de medidas antiincendios». No caben excusas para actuar de inmediato y salvar una de nuestra joyas naturales, sobre todo si tenemos en cuenta que tanto el edificio principal como las taquillas de entrada gozan de protección integral, al estar catalogados como Bien de Interés Cultural, por lo que no cabe demolerlos, sino restaurarlos.
Poner a disposición de las vecinas y vecinos esta zona verde pasa por no retrasar más las actuaciones para proteger el promontorio donde se asienta el edificio ni el Plan Especial de regeneración de la zona que preserve todo el conjunto. Nada de ello será posible si antes no se resuelve la concesión, ya sea por el rescate declarado de interés general o por su finalización en 2018, puesto que es evidente que no se debería otorgar licencia a los actuales concesionarios. Pero hay que pagar favores.

Ysabel Torralbo

Cómo me convertí en vecino de Antonio Banderas: La gentrificación en primera persona

Cómo me convertí en vecino de Antonio Banderas: La gentrificación en primera persona

 

Santi Fernández Patón

 

Durante las últimas semanas he estado trabajando con algunas y algunos compañeros en analizar la gentrificación y la «turistificación» precisamente para esta publicación que tienes en las manos. Sin embargo, solo recientemente, en el marco de unas jornadas sobre arte, industria cultural y derecho a la ciudad celebradas durante el décimo aniversario de la Casa Invisible de Málaga, caí en la cuenta, tras una conversación informal con algunos asistentes de otras capitales, de que mi experiencia personal ejemplificaba perfectamente este tipo de procesos.

En el año 2012 alquilé un apartamento en un edificio al borde de la ruina en la calle Alcazabilla, hoy epicentro del terremoto gentrificador de Málaga. Lo mismo que yo hicieron otros amigos, de modo que, excepto uno de los apartamentos, todo el edificio quedó habitado por lo que podríamos llamar una comunidad, siguiendo una pauta que ya habíamos ensayado anteriormente en otro enclave arrasado: la plaza de Los Mártires. No pudimos alquilar ninguno de los apartamentos hasta que la propiedad realizó una serie de reformas muy superficiales, lo justo para mantenerlos habitables y cobrarnos un precio de alquiler que hoy resultaría sorprendentemente económico: lo único que nos podíamos permitir.

 Así era la calle Alcazabilla a mediados de 2012: el edificio justo enfrente al nuestro se encontraba en completo estado de abandono, hasta el punto de que no mucho antes había sido ocupado por un grupo de jóvenes al que un una recua de matones desalojó (posteriormente fueron juzgados y condenados por agresiones injustificadas). El edificio colindante, a mano izquierda, lo usaba, si no me equivoco, la Iglesia de Santiago para ensayos de coros y algunas otras actividades, mientras que otros, de viviendas, esperaban alguna remodelación.

 Debajo de mi ventana tenía un pequeño videoclub, que por entonces empezaba a ofrecer servicio de bar, y una cafetería especializada en desayunos, de esas que abrieron hace media vida. Había, sí, algunas terrazas poco molestas, y en la bocacalle de la esquina aún se podía comer en el Mediterráneo, especializado en platos marroquíes a precios asequibles.

Dónde está mi calle

De un día para otro el vídeo club se convirtió del todo en un bar, y pronto instaló un terraza que triplicaba el número de mesas que la ordenanza le permitía (el Ayuntamiento de Málaga tiene el pacto implícito con los hosteleros de mirar para otro lado). En la antigua cafetería se fueron sucediendo los bares de copas con terraza, el último a manos de un empresario (perdón, de un «emprendedor») que se asume a sí mismo como reclamo para turistas borrachos, de modo que monta sus propias juergas los días en que juega el Málaga.

El Mediterráneo fue derruido, y en la esquina de esa bocacalle abrió un Burger King. Mientras tanto, el edifico abandonado frente al nuestro sufrió una intensa y muy ruidosa intervención que se prolongó a lo largo de un año. En la actualidad es un hotel, con un bar de moda en su azotea, a la que durante la obra se le añadió otra altura, y dos bares de terraza más en los bajos.

Mejoré mis destrezas como ciclista, porque de golpe debía sortear todo tipo de obstáculos hasta llegar a mi portal, si bien es cierto que en la misma puerta claudicaba y apartaba las últimas mesas para poder entrar. De todas formas, ¿a qué iba uno a casa? Es cierto que para leer uno acaba por acostumbrarse a usar tapones (el «emprendedor» nos dijo una vez que en casa no se estudiaba), pero ibas listo como quisieras ver una película. La siesta a casa de tu pareja, si tenías una.

Por su puesto, el Pimpi, uno de los restaurantes con más solera del centro, y que, como es sabido, no contrata mujeres si no es para la cocina y la limpieza, pero nunca de cara al público, se esponjaba hasta hacer desaparecer con sus mesas y barras de alcance toda la plaza de la Judería. Aun así, cada vez que se le queda corta la plaza el Ayuntamiento le permite instalar escenarios para actos y actividades de autobombo.

¿Qué pasó con el edificio de la Iglesia? Durante seis meses también estuvo en obras. Lo bueno de este nuevo ruido es que nuestras casas temblaban al compás de cada arremetida de la maquinaria: doce horas al día, para que luego digan que en Andalucía no se trabaja. Tengo la sospecha de que en ese edificio se están habilitando alojamientos turísticos, lo que teniendo en cuenta que la Iglesia no paga IBI sería divino.

¿Y de nuestro edificio, qué queda? Mientas encuentran algo fuera del centro, aún resisten algunos amigos. La propiedad, ahora sí, quiere rehabilitar en condiciones los apartamentos y multiplicar su precio, algo que logrará si realmente invierte para evitar la ruina del inmueble. Si no le salen las cuentas, lo venderá a un fondo hotelero, no me cabe duda. Por supuesto, el piso más goloso, el que tiene una azotea desde la que, antes de la nueva altura alzada en la terraza del hotel, se veía Gibralfaro, ya se alquila únicamente por períodos a turistas de paso.

Y entonces llegó Él

Yo aguanté hasta noviembre de 2016. En apenas 4 años había dejado de reconocer mi calle. Nadie que yo conociera podría permitirse un alquiler en las pocas viviendas que aún quedaban por la zona, si bien se habían acondicionado algunas nuevas. A los pies de una de ellas, en realidad un ático, llegaron una mañana los operarios de una empresa de mudanzas y, mediante una enorme grúa, subieron hasta el ático dos letras enormes de color rojo. Esa fue la foto de todas las primeras planas de la prensa local al día siguiente: las dos letras iniciales del abecedario, en proporciones descomunales, ascendiendo a lo más alto de la calle.

El egocentrismo kitsch de mi nuevo vecino terminó de abrirme los ojos. La gentrificación me había ganado. A toda plana.